Vicente Echerri

El oficio presidencial de Trump

El presidente Donald Trump, acompañado por el vicepresidente Mike Pence (i) y el presidente de la Cámara, Paul Ryan, en el Capitolio en Washington, el martes 28 de febrero de 2017.
El presidente Donald Trump, acompañado por el vicepresidente Mike Pence (i) y el presidente de la Cámara, Paul Ryan, en el Capitolio en Washington, el martes 28 de febrero de 2017. AP

La unción para el cargo le ha tomado a Donald Trump más de un mes en hacer efecto. Mientras el discurso de investidura, el día de su toma de posesión desde la terraza del capitolio, se acercaba más al estilo tremendista y pugnaz que había mostrado a lo largo de toda su campaña, el de este martes ante ambas cámaras del Congreso tenía el tono presidencial que los legisladores y el pueblo esperaban. El hombre que ha mantenido en vilo al mundo por sus agresivos pronunciamientos llegó a su cita ante el Congreso imbuido de mesura y de dignidad, que se advertía desde el detalle, no insignificante, de llevar abrochada la chaqueta. Era una muestra, subliminal o inconsciente, si se quiere, de contención, de ahí por qué el periodista Van Jones, de CNN, dijera comentando el discurso: “Él se convirtió en presidente de Estados Unidos en ese momento. Punto… Ese fue uno de los momentos más extraordinarios que jamás se hayan visto en la política estadounidense”.

Sin embargo, el Presidente no dijo nada nuevo, por el contrario reiteró las propuestas que han sido sus caballos de batalla desde el primer día: blindaje de las fronteras, exclusión de inmigrantes ilegales, reconstrucción de la infraestructura del país, mayor responsabilidad de los socios de la OTAN en su propia defensa, rechazo del Obamacare y sustitución por un plan sanitario más accesible y menos gravoso, estímulos fiscales a las compañías que decidan reinvertir en EE.UU…. Curiosamente, todas estas medidas pueden considerarse positivas y pueden contar con el respaldo expreso o tácito de la mayoría de los ciudadanos, pero a muchos nos irritaba el tono agresivo y estridente con que Donald Trump las enunciaba. Lo que cambió el martes fue el tono, como si de pronto el Presidente hubiera pasado, al igual que los pianos, por las manos de un afinador.

Ese oportuno cambio de tono sirve para descolocar a las fuerzas de la oposición. Los líderes demócratas, en la Cámara y en el Senado, hicieron malabares para rechazar, desacreditar o descalificar el paquete de medidas que el Presidente vino a proponerles, pero sólo lograron sonar y parecer patéticos. Les gustaba más el tono chirriante de Trump que servía para oscurecer el fondo de un proyecto que está llamado a ser positivo para la nación ¿o es que acaso no obra en pro del interés de casi todos que tengamos mayor seguridad, mejores caminos y vías férreas, más empleo y mejor protección sanitaria, incluida la reducción de los astronómicos precios de los fármacos? La única duda razonable es cómo hemos de costear este ambicioso presupuesto y aquí intervienen la competencia y buena fe de los congresistas. Los demócratas se empeñarán en convertir este paquete de medidas en agua de borrajas, porque, de salir adelante, ellos tendrían garantizado un largo período en los escaños de la minoría.

Entre tanto, es de desear que el presidente Trump no pierda el talante que mostró ante el Congreso y que no vuelva al papel furibundo de perdonavidas que, razonablemente, le ha traído tantas críticas y le ha cubierto de descrédito. Acaba de probarnos que, si se modera, somos capaces de escuchar lo que tiene que decirnos e incluso encontrar razonable y positivo lo que propone. ¡Ojalá que lo visto esta semana no sea un hecho insólito para una ocasión especial, sino un genuino cambio de actitud en pro del buen gobierno! Aunque se trate, como argüirán los críticos, de meras apariencias, de los modales de la civilidad, vale la pena que el Presidente se avenga a su recién adquirido papel de estadista, porque como reza el conocido refrán español: “el hábito no hace al monje, pero sirve para la predicación”.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2017

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