Vicente Echerri

Corea, prueba decisiva para el liderazgo de Trump

El gobierno de Corea del Norte celebra con un desfile militar en Pyongyang, el pasado 15 de abril, el natalicio de Kim Il Sung, fundador de la nación y abuelo del mandatario actual, Kim Jong Un.
El gobierno de Corea del Norte celebra con un desfile militar en Pyongyang, el pasado 15 de abril, el natalicio de Kim Il Sung, fundador de la nación y abuelo del mandatario actual, Kim Jong Un. AP

Los ojos del mundo han vuelto a estar puestos en Corea. Más de sesenta años después del armisticio que consagró la partición y dejó sobrevivir a uno de los regímenes más siniestros y represivos de la tierra, esa península vuelve a ser motivo de tensiones y de crispación internacional. La tenacidad con que los comunistas norcoreanos han procurado convertirse en potencia nuclear y el escaso éxito de las sanciones impuestas por la ONU para disuadirlos de ese objetivo han dado lugar a una crisis que parece acentuarse por días. Hay quien ya ha llamado a este enfrentamiento la “crisis cubana de los misiles en cámara lenta”.

El presidente Donald Trump, que llegó a la Casa Blanca prometiendo que se desentendería en lo posible de los problemas del mundo para concentrarse en los de puertas adentro, ya ha tenido que corregir el rumbo frente a las exigencias de la política real y, lejos de mostrarse como un apaciguador, ha flexionado los músculos imperiales en varios escenarios. En el caso de Corea del Norte, al tiempo de despachar una armada, le ha pedido a los chinos que se encarguen de contener a su díscolo vecino y cliente. Pekín tiene las llaves para asfixiar a Pyongyang, pero no es muy seguro que se decida a ejercer ese poder. Los chinos temen que un desplome del régimen traiga una desagradable ola migratoria y acreciente el poder de Corea del Sur, que podría unificar la península; pero la alternativa a este escenario podría ser simplemente la guerra.

Estamos, pues, en un impasse en que Washington espera por el resultado de las gestiones y presiones de China que, hasta ahora parecen nulas, mientras los portavoces del régimen norcoreano, lejos de contemplar cualquier avenimiento, insisten en su necesidad de convertirse en potencia nuclear precisamente para disuadir a Estados Unidos de un ataque, que la tozudez de Corea del Norte sólo parece acrecentar. Pocas veces un círculo vicioso se ha mostrado con mayor claridad.

De todas las opciones —que Estados Unidos insiste están sobre la mesa— la peor, en mi opinión, sería un ataque “preventivo” a determinadas instalaciones (algo por el estilo a lo ocurrido recientemente en Siria) en lugar de un esfuerzo bélico a fondo para terminar de una vez lo que quedó pendiente hace 64 años, a sabiendas de que la paz en la península de Corea sólo será posible cuando esa tiranía paranoica sea barrida y todos los coreanos puedan vivir en un solo país. Además, un ataque parcial desataría previsibles represalias de parte del régimen de Kim Yong-un contra instalaciones de EEUU y sus aliados en la región, lo cual, de todos modos, daría lugar a la guerra sin las ventajas de la sorpresa.

Estados Unidos debe golpear a Corea del Norte de manera súbita y contundente, anulando de inicio su capacidad de riposta e incluso la existencia misma de ese régimen. Cualquier otro objetivo más modesto sería inútil y, en el mejor de los casos, sólo conseguiría que los norcoreanos aplazaran por unos años la obtención de misiles nucleares capaces de alcanzar este continente.

¿Estará Trump a la altura de esta misión, con toda la responsabilidad y el criterio que la misma exige? ¿Estará dispuesto a pagar el precio que ha de costar la remoción de esa peligrosa excrecencia u optará por seguir con los paños tibios para legarle el problema a alguno de sus sucesores mientras espera que el régimen norcoreano se desplome de la manera inocua que lo hiciera Alemania Oriental? En poco tiempo veremos si el presidente tiene madera de estadista o es sólo otro funcionario mediocre que se limita a hacer pequeñas apuestas que favorecen el status quo.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2017

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