Vicente Echerri

Fuego y furia

Miles de norcoreanos se concentran este miércoles en la Plaza Kim Il Sung, en Pyongyang, para expresar su apoyo al gobierno de Kim Jong-un.
Miles de norcoreanos se concentran este miércoles en la Plaza Kim Il Sung, en Pyongyang, para expresar su apoyo al gobierno de Kim Jong-un. AP

El presidente Trump respondía a las últimas bravuconadas del régimen norcoreano diciendo que este enfrentaría “fuego y furia como el mundo nunca ha visto” si Corea del Norte sigue amenazando a Estados Unidos.

Las declaraciones del Presidente —que, desde luego, pueden pecar de alarde, algo que no es ajeno a su discurso— nos llevan un paso más allá de lo que ha sido la estrategia de contención con esa enloquecida dictadura. Hasta ahora, Estados Unidos ha dicho que un ataque de parte de Corea del Norte significaría el fin de ese régimen y la destrucción de su pueblo. Es algo que se ha repetido, en términos bastante claros, a lo largo de los años. Cualquiera, además, podría entender que no puede establecerse ninguna simetría entre el pequeño país asiático, por muchas bombas que pueda tener, y el más formidable aparato militar de la tierra. La sola conciencia de esa disparidad tendría que bastarle a los norcoreanos para estarse quietos. Y a esta carta de triunfo Washington ha apostado durante varias décadas.

Ahora, lo que se deduce de la advertencia de Trump, es que Estados Unidos no va a esperar ser objeto de un ataque para responder, sino que puede atacar preventivamente a Corea del Norte si esta persiste en sus amenazas. Es decir, que a la retórica del régimen de Kim Jong-un, Estados Unidos puede ripostar con una destrucción nunca antes vista. Esto último suena un poco exagerado teniendo en cuenta que la humanidad ha presenciado y padecido dos guerras mundiales con más muertes que la población total de Corea; no obstante, hipérbole admitida, si tomamos en serio la advertencia del Presidente, las reglas del juego se han alterado y el fin de Corea del Norte ya es cosa decidida.

Enhorabuena. El fin de esa aberración que es Corea del Norte no es algo que deba inquietarnos; más preocupante es que el Presidente, tan dado a hacer declaraciones rotundas y escandalosas, no esté ahora mismo dispuesto a respaldar con hechos lo que acaba de decir, y el plan para aniquilar al régimen norcoreano no se haya puesto en marcha, sobre todo cuando hay expertos que han dicho esta misma semana que Norcorea tiene ya la capacidad de miniaturizar bombas nucleares para instalarlas en esos misiles que ha probado recientemente. Aunque el secretario de Estado Rex Tillerson acaba de decir que Pyongyang no está contemplando un ataque contra el territorio estadounidense de Guam (mucho menos contra Estados Unidos) y que, en lo que a eso respecta, podemos dormir tranquilos, lo cierto es que la amenaza existe y una gran potencia que se respete tiene que enfrentarla con contundencia.

No podría tratarse de un ataque limitado para eliminar el arsenal nuclear de los norcoreanos —objetivo por demás improbable de consumar— que les permitiría a estos incurrir en represalias contra Estados Unidos y sus aliados en la región, sobre todo Corea del Sur y Japón. Eso sería un error. Tendría que contemplarse como un ataque sorpresivo y abrumador que barriera todas las instalaciones militares del país y tuviera por objeto el derrocamiento del régimen y la unificación de Corea, país con el que, en lo adelante, podríamos vivir en paz y amistad durante mucho tiempo.

Se trataría, desde luego, de una empresa arriesgada y costosa que exigiría, creo yo, la presencia en la Casa Blanca de un hombre de visión, de un genuino estadista, virtudes que Donald Trump dista de poseer, de ahí que, para desgracia nuestra y de la humanidad, esta advertencia de “fire and fury” bien podría quedarse sólo en esto: dos palabras que empiezan con efe y poco más.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2017

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