Vicente Echerri

Las oscuras ‘razones’ del terror

Vicente Echerri

Los atentados terroristas de la semana pasada en Barcelona, con el saldo de 15 muertos y más de un centenar de heridos vuelven a conmovernos y a asombrarnos. Todos nos sentimos en solidaridad con Barcelona, como antes lo hemos estado con Londres, con Niza, con París, con Berlín… Y vemos en la televisión como se repiten los actos de repulsa, los improvisados altares de velas y flores, los minutos de silencio y, como es de esperar, la cacería de los culpables, algunos de los cuales terminan abatidos por las fuerzas del orden.

Son estos, los autores de la barbaridad, los que suscitan mi asombrada reflexión. Las fotos de la prensa nos revelan a un puñado de jóvenes, bastante guapos algunos de ellos. El peor asesino —que arrolló a docenas de transeúntes y más tarde apuñaló a un hombre para robarle el auto y caer finalmente este lunes en un encuentro con la policía— muestra en una de las fotos, de las que hicieron circular para su captura, una atractiva sonrisa de niño bueno. ¡Cómo es posible! A alguien que comete tamaña atrocidad uno siempre lo imagina con un semblante cruel, con mirada homicida.

Que así no sea obliga a preguntarse: ¿qué puede llevar a unos jóvenes, de apariencia ordinaria, con los bríos propios de la edad, que se visten y se comportan normalmente, a conspirar para la perpetración de un asesinato colectivo en la comisión del cual la mayoría de ellos acabará perdiendo la vida? El terrorismo islamista que tantos horrores y sufrimientos ha provocado en los últimos años nos consterna al tiempo que nos deja perplejos.

Las interrogantes sí acuden en tropel a la mente: ¿cómo se capta a uno de estos muchachos para cometer un crimen atroz? ¿En qué consiste la llamada “radicalización”? ¿Qué argumentos convincentes esgrimen los adoctrinadores para inducir a alguien en plena florescencia a convertirse en un instrumento de muerte indiscriminada —que, más allá de provocar luto y dolor, no va a alterar la realidad del mundo— y a sacrificar su propia vida en el empeño? ¿Qué determinación “noble” puede inspirar una acción tan abyecta?

Tratar de entender este proceso, las “razones” que respaldan no sólo el acto criminal, sino la disposición anímica y mental para cometerlo, es obligación, creo yo, de todo ciudadano consciente en el mundo actual, ya que todos somos también víctimas potenciales. Intentar encontrar explicaciones para la sinrazón es un primer paso en la lucha por evitar estas tragedias.

Por mucho que los musulmanes pacíficos y de buena fe quieran exculpar a su religión de estos hechos, es difícil no llegar a la conclusión de que existe una “cosmovisión” islámica —hipertrofiada sin duda por los promotores del extremismo— que legitima la agresión a los que se perciben como indiferentes o enemigos. Supongo que debe sembrarse en la mente de estos adolescentes —muchos de los cuales viven en los guetos mahometanos de las grandes ciudades europeas— que son llamados a convertirse en soldados de Dios en una guerra cósmica entre la luz y las tinieblas y que, segando la vida de unos cuantos infieles —que en conjunto representan la oscuridad de esa temible globalización que hace fútiles sus ancestrales tradiciones al tiempo que impone su criterios, sus herramientas y su estilo—, adelantan el establecimiento del califato idílico que es otra versión del reino de Dios.

Tal vez la gran tarea consista en convencer a estos prototerroristas que Dios no existe así, ni precisa soldados, ni premia el crimen; que el mundo nunca ha sido mejor que ahora, ni ningún lugar más cercano al paraíso que las sociedades a las cuales les enseñan a odiar.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2017

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