Vicente Echerri

El abominable Mr. Corbyn

El líder laborista británico Jeremy Corbyn cuenta con un amplio respaldo en el electorado.
El líder laborista británico Jeremy Corbyn cuenta con un amplio respaldo en el electorado. Getty Images

Jeremy Corbyn, el líder laborista británico —un marxista incorregible, verdadera excrecencia de los tiempos de la guerra fría que hasta hace pocos meses era casi un paria dentro de su propio partido—, no sólo ha logrado mantenerse al frente de la oposición, sino revitalizar una formación que estaba en el sótano y, según algunos sondeos, pudiera llegar al poder en las próximas elecciones.

Que esa desgracia le pueda ocurrir al Reino Unido después del Brexit es como si a la furia de un huracán le sucediera la de un terremoto. Para los que no le conozcan, Jeremy Corbyn es una suerte de Bernie Sanders con más cólera, cargado con esos saberes tendenciosos que la izquierda ha ido segregando, en los círculos académicos e intelectuales, por más de un siglo; ahíto de fórmulas que han demostrado sobradamente su ineficacia, enemigo jurado del establishment al que Gran Bretaña le debe su prosperidad y su influencia en el mundo y defensor de regímenes fallidos e impresentables, como pueden ser la Cuba de Castro y la Venezuela de Maduro. Para que su izquierdismo tenga un toque tercermundista, se dice que habla bien español (supongo que con acento latinoamericano). ¿Cómo llega un país serio y un pueblo responsable a estos extremos en el año 2017 de la era de Cristo?

Los analistas ponen la culpa a la puerta de los últimos gobiernos conservadores, que convocaron la consulta estúpida del Brexit (y la perdieron) y luego han dilapidado su inmenso capital político en luchas internas. Theresa May, que gozaba de una cómoda mayoría cuando sustituyó a David Cameron, fue a las elecciones esperando salir robustecida y terminó quedándose colgada de las uñas. Ciertamente, a los electores no les gustan las fuerzas políticas divididas: esas fracturas suelen pagarse caro en las urnas. Pero estas razones no lo explican todo.

Ocurre que hay una vuelta del entusiasmo y de las ilusiones, de los militantes sueños de igualdad, una renovación de las eternas reivindicaciones proletarias de cuyo fraude las nuevas generaciones no tienen edad para recordar ni interés en saber. Es inverosímil que en las tribunas del primer mundo vuelvan a oírse estas viejas monsergas y encuentren eco en un coro de ingenuos que creen que las fórmulas que no han funcionado nunca y que sólo han servido para hacer mayor la corrupción, instaurar la ineficacia y la arbitrariedad y propagar el caos, puedan, reempaquetadas, funcionar ahora cuando no han podido hacerlo nunca antes.

Me dan mucha pena estos entusiastas seguidores de Corbyn, que ignoran la duda y desconocen el sano cinismo que siempre se adquiere en el estudio de la Historia; pero, al mismo tiempo, me asustan estos fervores populares que exacerba la arrogancia de los agitadores, como este hombrecito, con cara de profesor universitario que no tiene empacho en proponer, por ejemplo, la nacionalización de la banca y los servicios públicos, como si esos expedientes no hubieran sido ensayados y desechados por obsoletos hace mucho.

Jeremy Corbyn, demagogo y fanático, se propone convertir al Reino Unido en una de esas republiquetas fallidas de América Latina u otros rincones del tercer mundo por las que debe sentir una invencible simpatía. Es una especie de Guy Fawkes por otros medios, alguien que quiere destruir las instituciones desde dentro movido por un antiguo rencor, incapaz de reconocer que la civilización es el resultado del ansia de poseer y la acumulación, y que la eficiencia y la libertad responden al natural triunfo del capitalismo. En 2017, Jeremy Corbyn reaparece, como el abominable hombre de las nieves, con un discurso del pasado que muchos ignorantes están prestos a oír. Esperemos que nunca pueda sentarse en la Cámara a la derecha del speaker.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2017

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