Vicente Echerri

La gloria del USS Maine

El Monumento a las Víctimas del Maine se alza junto al Malecón de La Habana.
El Monumento a las Víctimas del Maine se alza junto al Malecón de La Habana. Getty Images

A las 9:40 PM del 15 de febrero de 1898 el USS Maine —un acorazado que EE.UU. había enviado tres semanas antes al puerto de La Habana como salvaguarda simbólica de los intereses de ese país en Cuba— sufrió una pavorosa explosión que destruyó casi por entero la proa del buque y lo hizo naufragar en minutos. El estallido, que causó la muerte de 266 tripulantes, fue la chispa que provocó el inicio de la guerra hispano-americana, apenas dos meses después, que habría de ponerle fin a cuatro siglos de dominación española en el Caribe.

Estos hechos escuetos, lugares comunes de los textos de historia, han sido objeto de maliciosa manipulación desde el primer momento y han servido para robustecer la militancia antinorteamericana del régimen comunista de los Castro. En las últimas seis décadas, a los cubanos se les ha enseñado que la codicia imperialista de Washington, deseosa de aprovecharse de la debilidad de España para anexarse a Cuba y Puerto Rico, no tuvo escrúpulos en sacrificar a sus propios marinos a fin de tener una causa bélica para la intervención. Esta canallada la han repetido los textos cubanos de tres generaciones y se consagra en la tarja que se exhibe en el descabezado monumento al Maine en el Malecón habanero. Ni siquiera cuando el acercamiento entre las dos naciones en los últimos años del presidente Obama y la visita de éste a La Habana en 2016 se insinuó una revisión de la historia oficial y una reparación al ultrajado símbolo.

Es cierto que, en su momento, el gobierno y la opinión pública estadounidenses creyeron que la voladura del barco había sido causada por una mina que algún buzo había adosado al casco. Esta idea sirvió a un gran sector de la prensa en Estados Unidos —que simpatizaba con la cusa de los rebeldes cubanos y en la cual encontraban eco sus portavoces del exilio— para agitar los ánimos contra España y empujar a Estados Unidos a una guerra para la que el gobierno de McKinley no tenía en un principio demasiado entusiasmo. Guerra que contó con el respaldo de las exhaustas fuerzas independentistas cubanas y que aceleró el fin de una contienda que no es verdad que los cubanos estuvieran a punto de ganar. La intervención de Estados Unidos es uno de los eventos más afortunados en la historia de Cuba, que sirvió para poner en pie y situar en el umbral de la modernidad a un territorio arruinado por una contienda implacable, con una población mayoritariamente iletrada y cuyo estado sanitario era casi el de una fosa séptica.

Ciento veinte años después de los hechos y de numerosas investigaciones, se da casi por seguro que la voladura del Maine se debió a un accidente en la santabárbara del acorazado situada demasiado cerca de los almacenes de un carbón bituminoso que se consideraba combustible de mejor calidad pero que era mucho más volátil y que producía emanaciones de gases que pueden ser explosivos en concentraciones relativamente bajas, semejantes a los que han producido tantas tragedias en las minas de carbón. El accidente, no obstante, fue útil a la causa de la independencia de Cuba, de la cual Estados Unidos resultó mediador.

Alguna vez, cuando este régimen de oprobio que asuela a Cuba desaparezca como un morbo al que se deja atrás, los escolares y los políticos cubanos volverán, en esta fecha, con flores y banderas al pie del monumento al Maine —recobrada para entonces su dignidad anterior— a honrar a las víctimas de un lamentable suceso que aceleró en su día el ingreso de un pueblo en la libertad y la prosperidad.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

© Echerri 2018

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