Vicente Echerri

VICENTE ECHERRI: La oportunidad de Israel

Una vez más se calienta el conflicto entre los israelíes y los palestinos de la Franja de Gaza. En respuesta a otra serie de ataques con misiles, el Estado judío ha bombardeado más de 500 objetivos en los últimos días y ha llamado al servicio activo a 40,000 reservistas. ¿Será por fin la expedición que desarraigue definitivamente el foco terrorista de Hamás o se trata de otro episodio de esa especie de “guerra florida” que libran cada cierto tiempo estos vecinos?

La respuesta la tendremos en los próximos días. No es la primera vez que el gobierno israelí amenaza con llegar hasta las últimas consecuencias para garantizar que la Franja de Gaza no sea un agresivo enclave contra su seguridad; sin embargo, todas las veces que Israel ha emprendido una acción punitiva contra Gaza se ha quedado en agua de borrajas, a pesar del monto de la destrucción y de bajas mortales. La ciudad de Gaza —centro mismo de uno de los núcleos del extremismo musulmán que amenaza la existencia de Israel— se ha mantenido a salvo hasta ahora de la necesaria operación terrestre que haría falta para ponerle fin al problema. Pese a sus enojadas advertencias, los sionistas no han estado dispuestos a pagar el precio en vidas, recursos y prestigio que exige una intervención radical y, en consecuencia, la violencia se repite cíclica o intermitentemente con cierto grado de intensidad. Los llamados a la moderación, de parte de norteamericanos y europeos, son del todo contraproducentes.

¿No estarán convencidos los israelíes, a estas alturas, de la imposibilidad de convivir en paz con Hamás y otros grupos extremistas? Parecería que, pese a lo obvio que resultaría responder afirmativamente a esta pregunta, existe una fuerte resistencia en Israel a llegar hasta el fondo en Gaza, con el alto costo que ello conlleva, en pro de su propia seguridad. De hecho, hace años que han optado por una paz precaria en que no es una condición, por más que lo digan, el cese absoluto de las agresiones de los palestinos, sino tan sólo que se mantengan en un nivel de baja intensidad, a sabiendas de que en algún momento se recrudecerán y habrá que pasar de nuevo por lo mismo.

Si los israelíes quisieran de verdad liquidar el incordio y el peligro que representa para ellos Hamás, éste sería el momento de hacerlo, con el asalto y la ocupación de la ciudad de Gaza incluidos. El mal trago —su altísima cuota de destrucción y muerte y el consiguiente escándalo— no hay modo de eludirlo. Puede que los disuadan aún más los deberes que traería consigo la ocupación y la administración —por provisional que pueda ser— de un territorio tan poblado y hostil, pero la alternativa siempre sería el status quo de periódicos ataques y represalias.

Además, la conversión de la Franja de Gaza en un agresivísimo bastión antiisraelí crece exponencialmente, lo cual significa que cada enfrentamiento será más costoso y más arduo para los judíos, hasta llegar el momento que la erradicación del foco resulte materialmente imposible o a un precio que Israel no se lo pueda permitir. En consecuencia, Hamás debe ser destruido ahora, cuando aún existe la oportunidad, un umbral que será cada vez más angosto y difícil.

Dejemos a otros que clamen por paz y cese al fuego —como suelen hacer, siempre que se presenta un conflicto bélico, los líderes religiosos del mundo, tal es su oficio.

A mí me parece un llamado ingenuo e irresponsable que el gobierno israelí no debería atender, a menos que no tuviera un legítimo interés en la propia supervivencia de su nación y en la seguridad y estabilidad de sus ciudadanos, tanto ahora como en las generaciones por venir. Este es, pues, el momento de golpear, la paz vendrá después.

© Echerri 2014

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