Vicente Echerri

La lección de Macron

El presidente de EEUU, Donald Trump (der.), y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ofrecen una conferencia de prensa en la Casa Blanca el 24 de abril.
El presidente de EEUU, Donald Trump (der.), y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ofrecen una conferencia de prensa en la Casa Blanca el 24 de abril. Bloomberg

El presidente de Francia acaba de hacer una visita triunfal a Washington, D.C. La primera visita de Estado —con todo el ceremonial que exige el protocolo— de la presidencia de Donald Trump, con quien el mandatario francés parece haber tener un cálido rapport. El entusiasmo del anfitrión por su visitante fue mucho más allá de las formalidades del caso y parecía dictado por una genuina simpatía. Nuestro presidente no le escatimó al viajero halagos ni gestos, y la Primera Dama, cuya presencia en la Casa Blanca ha sido muy discreta, tuvo la oportunidad de hacer lo que mejor sabe: lucir un traje, varios más bien.

La prensa ha sido unánime en considerar la visita de Emmanuel Macron un viaje triunfal en que el joven presidente de Francia “se metió en un bolsillo” a la clase política washingtoniana y que culminó cuando, ante una sesión conjunta del Congreso, republicanos y demócratas lo aplaudieron a rabiar con varias ovaciones de pie.

Lo curioso de esto es que Macron, cuyas discrepancias con las políticas del gobierno de Trump son bien conocidas, no sólo no obvió esas diferencias, sino que las ventiló públicamente, en particular en su discurso ante el Congreso. En un tono ligeramente didáctico, el presidente de Francia, al tiempo de resaltar la importancia de Estados Unidos en la escena mundial y su amistad de larga data con Francia, destacó la necesidad de mantenerse dentro de las grandes alianzas comerciales que impone la globalización y rehuir el aislacionismo; hizo énfasis en la política de cooperación y puertas abiertas, frente al nacionalismo, que ha cobrado una gran pertinencia en este país en el gobierno actual; defendió el acuerdo mundial contra el cambio climático, del cual la administración de Trump retiró a Estados Unidos, así como la importancia de velar colectivamente por la salud de este planeta, al que los humanos hemos afectado colectivamente con nuestros hábitos, afección de que muchos aquí no quieren oír hablar; y resaltó la validez del acuerdo firmado con Irán para impedir que ese país desarrolle armas nucleares, acuerdo que el presidente Trump ha denunciado en más de una ocasión como un fracaso.

Todo un repertorio de políticas encontradas entre Francia y Estados Unidos lejos de ser eludidas por el francés, las trajo a un primer plano y nos las expuso a todos desde la amistad y la cordialidad, sin soslayar lo mucho que le debe Europa a esta nación que, en dos ocasiones en el siglo pasado, acudió en rescate de ese continente y, en ese empeño, no fue remisa en dar la vida de decenas de miles de sus hijos. Con sonrisa y gesto afable, que cautivó a todos, incluido el presidente Trump, Macron vino a decir que Estados Unidos no puede desertar de su liderazgo mundial, ni encerrarse en sus fronteras, ni darle pábulo a un nacionalismo enfermizo, ni desconfiar de los tratados suscritos. Con la gracia de un buen maestro, nos recordó a todos, desde el primer estrado del país, que no se pueden abandonar los compromisos contraídos, en otras palabras, que Estados Unidos tiene una responsabilidad global a la cabeza de la familia humana y es una responsabilidad a la que no puede soñar en abdicar.

Eso vino a decirnos este joven político en nombre de su patria y de la entera comunidad internacional y lo hizo con respeto, con aplomo, con naturalidad y gracia apelando a los valores que hicieron grande a este país y en los cuales sigue fundándose su presente y futura grandeza. Falta hace ahora que sus palabras encuentren justo eco en el decir y hacer de nuestros dirigentes.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2018

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