Vicente Echerri

El regreso de Putin

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, participa en un foro económico internacional en San Petersburgo, el 2 de junio. El presidente de EEUU, Donald Trump, quiere que Rusia vuelva al G-7.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, participa en un foro económico internacional en San Petersburgo, el 2 de junio. El presidente de EEUU, Donald Trump, quiere que Rusia vuelva al G-7. Bloomberg

MADRID — Para escándalo de los gobiernos más serios y liberales de Europa, el presidente Trump ha dicho que Vladimir Putin —expulsado en 2014, luego de la anexión rusa de Crimea, del foro de las grandes economías— debe volver a ser readmitido en el club que, luego de su salida, dejó de ser G-8 para volver a su antigua condición de G-7 y que este fin de semana sesiona en Quebec, Canadá.

Considerado un déspota, que se mantiene en el poder por chantajes, sobornos, fraudes, encarcelamiento ilícito, asesinatos y otros expedientes tercermundistas, Putin empieza a ser revalorado por algunas democracias occidentales, precisamente aquellas, incluida la nuestra, donde el populismo ha entrado en la casa de gobierno. En días pasados, el presidente ruso hacía una visita “sorpresiva” a Austria; luego ha intercambiado guiños amistosos con los nuevos líderes italianos; ahora es Trump quien aconseja su reingreso en la élite de los más desarrollados.

Si tenemos en cuenta la interferencia del gobierno ruso —mediante terceros— en las últimas elecciones generales de EEUU que cada vez se revela con mayor certeza, en medio de una investigación que ha generado una grave crisis interna en este país, la opinión del presidente Trump linda con la temeridad. Rusia y su presidente están a un paso de los parias debido su actuación internacional. Gran Bretaña, Francia, Alemania y Canadá no creen que deba suspendérsele el castigo, a menos que el gobierno ruso dé muestras de contrición y corrección, lo cual parece poco probable.

La propuesta del presidente Trump plantea, pues, una disyuntiva, entre los principios éticos que deben regir la acción política y el pragmatismo por el que Estados Unidos y todas las antiguas democracias han optado tantas veces. Si estamos “a paños y manteles” con los árabes sauditas y otras tiranías petroleras del Golfo Pérsico, ¿por qué le vamos hacer asquitos a Putin? Si nuestro presidente ha encontrado encomiable la gestión vitalicia de Xi Jinping, el líder chino, ¿por qué rehusar sentarse nuevamente con Putin que, al menos, se somete a elecciones aunque no sean muy limpias?

Tal como ocurriera ya en los años veinte del pasado siglo, es fácil percibir una creciente falta de fe en los procedimientos ortodoxos de la democracia, al tiempo que una mayor aceptación de los “hombres providenciales” que manipulan a las masas, con viejos recursos demagógicos, para largas estadas en el poder. ¿Estaremos repitiendo, de otra manera, el mismo ciclo peligroso que nos llevó a la pavorosa hecatombe de la segunda guerra mundial? Mirando el panorama político en Turquía, en Rusia, en Hungría… (para no salirnos de Europa), ¿estarán volviendo los tiempos en que una suerte de fatiga parlamentaria abrió las puertas a los grandes agitadores?

Quizá el presidente Trump esté en lo cierto cuando afirma que es mejor que Putin esté otra vez a la mesa con los líderes de las grandes democracias, como una manera indirecta de sujetarlo y de exigirle responsabilidades (tal es así que Rusia no se ha mostrado entusiasta con su posible regreso y ha mencionado la posibilidad de crear organismos alternativos), pero no deja de preocupar que los valores que definen a las sociedades más avanzadas en materia de derechos puedan abaratarse para darle cabida a países donde esos derechos se violan inescrupulosamente o donde las obligaciones internacionales se expresan con una preocupante turbidez. Si Rusia vuelve a ser parte de este exclusivo cónclave de democracias desarrolladas; si el G-7 se torna nuevamente en G-8, si Putin es recibido otra vez como un igual en esta cúpula, algo habrá empezado a morir en el orden mundial que amamos y defendemos. El porvenir puede tornarse lóbrego.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2018

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