Vicente Echerri

Europa, Europa

PARÍS — En un continente donde se ha hecho la historia tantas veces en los últimos siglos, donde se ha decidido el destino del planeta; territorio relativamente pequeño que, sin embargo, fue el dueño de casi todos los demás, en Europa suele dárseles mayor importancia y relieve a los sucesos políticos, sobre todo cuando tienen lugar dentro de sus fronteras o en su periferia.

La situación de Ucrania sigue sin resolverse, aunque el fragor de las armas se ha atenuado. La prensa comenta que Putin está dedicado a sobornar con prebendas económicas a países más pobres o pequeños de la Unión Europea para mellar, o hacer inútiles, en lo posible, las sanciones que le han impuesto por la anexión de Crimea y por su clandestina intervención en Ucrania. La renuencia del Kremlin a aceptar la más mínima crítica y, por el contrario, su empeño en tomar represalias contra Occidente y sus amigos dentro de Rusia es un peligroso círculo vicioso que ya ha arruinado gran parte de la política de buena voluntad que sucedió al desplome de la Unión Soviética.

Grecia sigue dando bandazos sin contentar a nadie. Alexis Tsipras, el flamante ministro de ultraizquierda que salió electo en enero con tanto respaldo popular después de prometer el oro y el moro, no ha quedado bien con nadie, ni con sus acreedores, a quienes —vuelve a decirse— no podrá pagarles, ni con sus electores a quienes, insisten los expertos, no podrá cumplirles. Europa teme por el sistema del euro, cuyo valor en relación con el dólar norteamericano ha vuelto a subir después de un descenso estrepitoso y que podría salir muy maltrecho si Grecia se va del sistema; pero que podría también verse muy afectado si Grecia se queda.

Del otro lado del Mediterráneo Europa enfrenta una crisis migratoria exacerbada por el extremismo musulmán en Siria y en Libia, donde el Estado Islámico ha hecho progresos sin que las grandes potencias occidentales se hayan decidido aún a intervenir a fondo. Son miles los refugiados que se lanzan al Mediterráneo en embarcaciones precarias en el intento de llegar al foco de libertad y desarrollo que Europa es y publicita; los mueve el humano deseo de prosperar y, sobre todo, el miedo. En el ínterin son presa de los tratantes de personas que los extorsionan, los maltratan y, en ocasiones, los matan. Ni Estados Unidos ni las democracias europeas podrán seguir ignorando esta tragedia durante mucho tiempo, como tampoco la amenaza que la origina. La estabilidad regional exige una intervención armada a fondo, a pesar de todos los escrúpulos que manifiestan los portavoces de las potencias llamadas a llevarla a vías de hecho.

En España, el pacto de izquierdas que se vislumbra luego de las últimas elecciones parciales —en que el PSOE se ha acercado a Podemos y al impresentable de Pablo Iglesias antes de pactar con el Partido Popular, que está más cerca de los socialistas de lo que ellos mismos son capaces de reconocer— promueve de suyo la inestabilidad. El resultado recuerda mucho el triunfo del Frente Popular en 1936 y los abusos que éste cometió una vez llamado al poder, si bien es cierto que las ideologías se mostraban más potentes entonces.

En Gran Bretaña, el primer ministro Cameron, que fue ratificado en su puesto por una inesperada mayoría, tiene ahora, obedeciendo también a la voluntad de sus votantes, que someter la convivencia con Europa a un nuevo plebiscito. Pese a no haber estado nunca en el sistema del euro, la distancia que quieren marcar los británicos —si así resulta— puede afectar seriamente al sistema de la Unión como pocos acontecimientos desde que éste se fundara.

Como un hecho simbólico, los belgas, cuya capital se ha convertido en el centro de Europa, han impreso una nueva serie de euros en memoria del bicentenario de la derrota de Napoleón a manos de británicos y prusianos. Francia no lo ha recibido bien, pues, como toda nación con carácter, aún sangra por la herida de la derrota que liquidó los sueños de grandeza napoleónicos. Pero esto último será más bien parte del tema que abordaremos la semana próxima, en que se cumplen los doscientos años de la famosa batalla.

©Echerri 2015

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