Vicente Echerri

VICENTE ECHERRI: Una invisible ‘línea roja’

La batalla que libran desde hace dos semanas los curdos contra los yihadistas del llamado Estado Islámico (EI) en la ciudad siria de Kobane junto a la frontera de Turquía constituye, en sí misma, una muestra de la compleja situación política que vive la región.

Los turcos, en un momento, querrían haber visto tomada esa ciudad por los rebeldes que se proponen desde hace tres años el derrocamiento de Bashar al-Asad, si bien esa salida no es apetecible ahora, dado que las fuerzas enemigas del presidente sirio son los terroristas del EI, que los turcos ya tienen en su lista negra; pero los que resisten el asedio de estos nuevos bárbaros —con ayuda de la fuerza aérea de Estados Unidos, Francia y otras naciones de la zona— son los curdos, a quienes los turcos también consideran terroristas con ancestrales reclamaciones territoriales en Turquía.

Ante la posibilidad de favorecer a sus enemigos internos, no obstante el peligro que representa el EI y la crisis humana que ha lanzado a 160,000 refugiados de Kobane a Turquía, el gobierno de ese país ha optado por la inacción, pese a haber acumulado tanques y efectivos en la frontera. Desde más allá de la cerca que divide los dos países, los turcos, militares y civiles, siguen con prismáticos los incidentes de la batalla en la que se destacan las grandes explosiones que provocan las bombas de los aliados sobre las fuerzas, equipos y edificios ocupados por el EI.

Los curdos juzgan esta pasividad de los turcos como una conducta criminal y la han denunciado con violentas protestas en Ankara que ya han costado una veintena de muertos, sirviéndoles de este modo a los turcos parte de la crisis que han querido evitar; en tanto que Estados Unidos y otros miembros de la OTAN aumentan sus presiones para que los turcos intervengan. A la larga puede que no les quede otro remedio, con el previsible resultado de aliviarle la situación interna al régimen de Asad, a quien les gustaría ver derrocado, y a los combatientes curdos, cuya solidez y autonomía regional juzgan una amenaza. Los turcos tienen que mover sus fichas, pero cualquiera que sea esta movida comportará sus riesgos para ellos y, desde luego, servirá para complicar el escenario que querrían componer.

Por otra parte, militares norteamericanos e ingleses ya han dicho —contradiciendo la opinión de sus gobiernos— que la aviación por sí sola, aunque muy eficaz, no puede revertir las conquistas del EI y que será menester una coordinada operación terrestre. Lo ideal para los intereses occidentales sería que está acción la llevase a cabo, en Irak, el ejército de ese país y, en Siria, los rebeldes más moderados y afines a la agenda de Occidente; pero aquí tampoco es de prever que los hechos vengan a respaldar la estrategia de Estados Unidos, que lleva exactamente dos meses rociando de bombas a los combatientes del EI con el solo fruto de contenerlos, pero sin hacerlos retroceder de manera significativa.

Los contribuyentes aquí nos preguntamos qué ha sido del cuantioso arsenal que Estados Unidos y Gran Bretaña dejaron en manos del ejército de Irak, cuyo número asciende a más de medio millón de soldados. Lo cierto es que los iraquíes (tanto curdos como chiíes) se quejan de la deficiencia de su armamento; con la diferencia de que los curdos han demostrado enfrentarse al enemigo con gran coraje y los otros han corrido en todos los frentes.

Esta vez el presidente Obama no ha hablado de una infranqueable “línea roja” (que ya el año pasado lo hizo caer en ridículo luego de que Asad se atreviera a usar armas químicas y Washington no pasara del regaño y las soluciones diplomáticas), pero es obvio que EEUU y sus aliados no le consentirán a los terroristas del EI que se apoderen de Irak, aunque esto conlleve poner de nuevo hombres sobre el terreno. Antes, desde luego, se agotarán todos los otros medios, incluidas las máximas presiones sobre los turcos para que crucen la frontera.

©Echerri 2014

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