Vicente Echerri

Primacía de Plutón

Ilustración de la nave espacial New Horizons, que llegó el martes a la órbita de Plutón.
Ilustración de la nave espacial New Horizons, que llegó el martes a la órbita de Plutón. THE WASHINGTON POST

El pasado día 14, y luego de más de nueve años de viaje a una velocidad promedio de casi 70,000 km por hora, la nave espacial New Horizons de la NASA alcanzaba por fin la órbita de Plutón en los confines de nuestro sistema solar, a unos 5,700 millones de kilómetros de la tierra. Se trata de la máquina más veloz que hayan fabricado alguna vez los humanos y, si bien, desde la perspectiva del universo, el trayecto es ridículamente pequeño, desde nuestro punto de vista se trata de un verdadero hito en la exploración del cosmos.

Sin embargo, los medios de prensa no le han dado, creo yo, suficiente importancia. Lo han comentado, ciertamente, pero más bien como una curiosidad que se ha visto eclipsada por las noticias de la crisis griega, del acuerdo con Irán y hasta por la fuga del Chapo Guzmán cuando, en mi opinión, debería estar al tope de todos los titulares: El alcance de una nueva frontera que nos aportará un mayor conocimiento de nuestra barriada planetaria y, de rebote, de la Tierra y de nuestro destino como especie.

Frente a esta hazaña científica, ¿qué importancia puede tener que el primer ministro Alexis Tsipras consiga o no el respaldo de su parlamento? ¿Cómo puede compararse la magnitud de esta aventura, que nos asoma al más misterioso, huidizo y debatido cuerpo del sistema solar, con el reciente acuerdo con Irán sobre unas improbables armas nucleares? ¿Cómo pueden igualarse, o incluso subordinarse, las fotos de Plutón y sus lunas que ahora mismo está enviando el New Horizons con las del túnel por donde se escapara el más buscado narcotraficante? Los órganos de difusión yerran al definir sus prioridades, o al menos a mí me lo parece.

Plutón, que tuvo una brevísima vida en el registro de nuestros planetas —desde que fuera descubierto en 1930 hasta que lo degradaran a la categoría de planeta enano en 2006— había sido buscado en el cielo durante años cuando se le reveló a Clyde Tombaugh, que ni siquiera era astrónomo profesional entonces, sino un granjero aficionado a fabricar telescopios con equipos de desecho y quien, gracias a sus dibujos de Júpiter y Marte, obtuvo un puesto en el observatorio Lowell en 1928, donde se dedicó obsesivamente a observar el cielo en busca del que entonces llamaban “Planeta X”. Percival Lowell —cuyo nombre llevaba el observatorio que él fundara en Kansas en 1905— había dedicado gran parte de su vida a la búsqueda de este elusivo cuerpo celeste y había fallecido, en 1916, sin encontrarlo. Ahora, un joven de 24 años, sin mayor preparación científica, iba a tener éxito en los mismos predios donde el célebre astrónomo había fracasado. Desde la distancia de millones de kilómetros, el planeta recién descubierto parecía hacer un guiño de burla o de complicidad.

Se barajaron nombres para el nuevo socio del sistema solar, incluido el de “Lowell” que tanto lo había buscado, pero acertó a bautizarlo una niña inglesa de once años, Venetia Burney, que —acaso teniendo en cuenta que los otros planetas llevaban nombres mitológicos latinos— propuso el de “Plutón”, la deidad romana del inframundo, para aquel planeta de estreno, y así llamado habrían de encontrarlo en sus textos los escolares de varias generaciones venideras. Cuando me tocó ir a la escuela, décadas después, Plutón hacía tiempo que aparecía en los dibujos e ilustraciones del sistema solar: su nombre era el último de los nueve planetas cuyos nombres debíamos aprender y repetir de memoria.

Así fue hasta 2006, que sería el año de Plutón en dos sentidos: los astrónomos decidían quitarlo de la lista de planetas —demasiado pequeño para ostentar esa jerarquía— casi al mismo tiempo que la NASA enviaba la nave New Horizons a fotografiarlo y conocerlo desde la relativa cercanía de 12,000 kilómetros.

Ese suceso que acaba de ocurrir esta semana y la reciente exploración en Marte son, sin duda, dos de los grandes eventos de la historia contemporánea. ¿Qué importancia puede tener, a su lado, si los griegos pueden pagar o no su deuda, si le levantan las sanciones a Irán o si un mafioso mexicano vuelve a estar prófugo?

© Echerri 2015

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