Vicente Echerri

El ocaso de la guerrilla

Aunque las acciones de movimientos guerrilleros en una veintena de países, particularmente de África y Asia (Sudán, Nigeria, Somalia, Siria, Irak, Pakistán, Filipinas) puede llevarnos a pensar en un auge de la lucha armada para provocar cambios políticos, una mirada más atenta al panorama del mundo convence, por el contrario, del descrédito en que han caído los movimientos subversivos de todo pelaje que el orden del mundo actual condena a la ilegalidad y al fracaso.

Con la excepción de Libia, donde —con el apoyo aéreo de la OTAN— varios grupos rebeldes lograron derrocar al gobierno y adueñarse del poder, el conflicto armado para producir un cambio de régimen resulta cada vez menos exitoso y los estados establecidos —sin que mucho importe el grado de legitimidad que los respalde— disfrutan de mayor solidez frente a sus opositores violentos. Por consenso casi universal, la distinción entre rebeldía patriótica y terrorismo se hace más tenue y el sambenito de terrorista es mucho más fácil de colgárselo al cuello de cualquiera que intente promover su causa con un fusil.

Existen aún agrupaciones armadas que cuentan con respaldo de gobiernos —los secesionistas ucranianos a quienes Rusia apoya, rebeldes sirios que cuentan con ayuda y socorros de Arabia Saudita y otros países de la región, el movimiento Talibán que, en alguna medida, ha encontrado santuario y pertrechos en Pakistán—; pero, en general, diríase que prevalecen el orden internacional y las alianzas intergubernamentales, incluso entre países de diferentes ideologías y opuestas tendencias políticas.

En días pasados, la muerte de dos soldados turcos, en un ataque perpetrado por rebeldes del movimiento separatista kurdo (PKK), provocó una violenta respuesta de Turquía, que acusó a los actores del hecho de terroristas, sin que ningún gobierno occidental cuestionara esa definición. Siempre se entendió por terrorismo la agresión indiscriminada contra la población civil con el fin de provocar el terror; pero atacar a dos soldados del Estado al que antes se ha declarado opresor y del que se persigue obtener concesiones —territoriales o de otra índole— o al que se pretende derrocar parecería un “objetivo legítimo” en un conflicto irregular de este tipo. Ya no más, la figura delictiva del “terrorismo” se extiende para beneficio de los que están en el poder.

Esto, creo yo, es consecuencia directa de la globalización, de un mundo donde priman, de manera creciente, los intereses supranacionales que no precisan de un cambio de régimen ni de una conversión ideológica para sus operaciones mercantiles y sus transacciones financieras; por el contrario, funcionan con mayor acomodo y seguridad en alianza directa con los que mandan, sin siquiera exigirles, en la mayoría de los casos, el respeto a los derechos humanos básicos en beneficio de los gobernados. Afirman que la democracia —aunque sea a largo plazo— está llamada a imponerse a través del mercado.

Por otra parte, ciertos movimientos de izquierda, gestores y defensores de la lucha armada para la toma del poder, hace más de una década que han optado por la vía democrática para cumplir con su agenda política. Este fenómeno se ha dado de manera paradigmática en América Latina, donde una vez florecieron los movimientos guerrilleros que hoy se ven reducidos a los agonizantes grupos colombianos y a la guerrilla zapatista, que siempre ha sido más bien un bataclán.

A pesar de la pujanza que pueda mostrar el llamado Estado Islámico, o los rebeldes somalíes de Al Shabab o incluso los secesionistas ucranianos que cuentan con el apoyo del Kremlin, estamos ante el final de un expediente de violencia que empezó con las revoluciones independentistas de los siglos XVIII y XIX y que se extendió, con su semántica y sus mitos, hasta nuestros días. La imagen romántica del joven rebelde que, mediante la violencia armada, logra subvertir el orden político y social, pertenece más bien a una leyenda que se torna cada vez más borrosa en presencia de los poderes fácticos del nuevo orden mundial.

©Echerri 2015

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