Vicente Echerri

Bienvenido Mr. Kerry

El secretario de Estado de Estados Unidos —ex senador y ex candidato presidencial— John Kerry estará en La Habana este viernes para izar la bandera en el edificio que recobra su categoría de embajada luego de una pausa de 54 años. Casi seguramente, el jefe de la diplomacia norteamericana hará una ofrenda floral frente al busto gigantesco de José Martí en la Plaza de la Revolución y acaso se entreviste con Raúl Castro. La visita es posible que no pase de un día, pero en Cuba ha suscitado grandes expectativas, tantas como para hacerme acordar de una famosa película de Berlanga

Sé por varias fuentes que altos cuadros y comunistas de medio pelo, disidentes y pueblo en general coinciden en las ilusiones que provoca esta visita. Una amiga me contaba que un funcionario se había mostrado con ella tan entusiasmado con la llegada de Kerry que no pudo menos que preguntarle qué “presentico” esperaba recibir del secretario de Estado, pues sonaba como si un tío adinerado estuviera a punto de hacer su aparición.

Kerry encarna al denostado y añorado imperialismo que regresa después de más de cinco décadas de ausencia. Y en ese largo período sus dones y poderes no han hecho más que magnificarse. Como un régimen naturalmente inepto para procurar el bienestar de su pueblo no se ha cansado de echarle la culpa a los yanquis de la miseria que padece la sociedad, es natural que los cubanos de todo pelaje se esperancen y crean que su situación tendrá una mejora sustancial ahora que los yanquis vuelven por la puerta ancha. Gubernistas y opositores, víctimas y verdugos, coinciden de pronto en que las plenas relaciones con el gran vecino pueden representarse como una desbordada cornucopia. Kerry, a que dudarlo, merece el título que una vez le dieran a Fulgencio Batista hace más de setenta años: el mensajero de la prosperidad.

El régimen espera créditos para hacer compras en Estados Unidos, y sus funcionarios subalternos, que dirigen grandes y medianas empresas, ven en este rapprochement un filón para obtener prebendas de la inversión extranjera, así como una fuente de mejoras de los bienes y servicios que ofrecen. Creen lo mismo, a su nivel, los cuentapropistas que empiezan a florecer en la devastada economía cubana y, en el ámbito político —el más dudoso y resbaladizo— hay muchos disidentes que apuestan por la apertura que esta reanudación de relaciones traerá en la cola. En fin, que “hay dulces para todos”, como dijera, en uno de sus momentos de mayor cinismo, el viejo Ramón Grau.

En papel de aguafiestas, es aconsejable que todo el mundo reduzca un poco sus expectativas. No quiero decir que en Cuba las cosas no puedan mejorar. Puesto que allí han llegado al quinto piso del Infierno, es de suponer que puede haber ascensos; pero, en mi opinión, será una mejoría tambaleante y precaria. No creo que los déspotas que han mantenido sometidos a los cubanos por tanto tiempo piensen soltarles el dogal, tan sólo aflojarlo lo suficiente para que sus esclavos, respaldados por la pujanza económica de Estados Unidos, sean más productivos. La libertad, con todas sus consecuencias, no está en los planes de los que han reducido a todo un país, que alguna vez fue próspero, a un destartalado burdel. Soñar con tal bondad sería ir en contra de todo lo que nos enseña la historia.

Lo previsible es, por el contrario, la escena final de La rebelión en la granja cuando los animales sometidos ven a los cerdos —que se han adueñado del poder en nombre de la igualdad y que ya han empezado a andar en dos patas— departir amigablemente con los humanos dueños de otras granjas, al punto de llegar a confundirse con ellos.

La presencia de Estados Unidos, como fuente de legitimidad de un régimen de oprobio, sin duda que puede alterar en algo la situación de Cuba: añadirle un resquicio, una hendija, por la cual penetre un poco más de aire libre y un poco más de luz. Toca a los cubanos que deseen rescatar su condición de personas, de ciudadanos, aprovecharse de ese pequeño espacio para exigir y para crecer hasta hacer reventar la estructura. Para cuando esto ocurra la actual visita del Sr. Kerry carecerá de toda importancia.

©Echerri 2015

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