Vicente Echerri

Las normas de la integración

Una multitud protesta este miércoles en St. Louis tras la decisión del gran jurado de no acusar al policía que mató a Michael Brown en Ferguson.
Una multitud protesta este miércoles en St. Louis tras la decisión del gran jurado de no acusar al policía que mató a Michael Brown en Ferguson. AP

Los motines de Ferguson, Misurí, este lunes —con su cuota de incendios y saqueos, gases lacrimógenos y arrestos— encontraron un pretexto en el dictamen de un gran jurado que decidió exculpar a Darren Wilson por la muerte a tiros de Michael Brown el pasado 8 de agosto, pero la causa real es una combinación de frustración, cólera y subcultura marginal que afecta a extensos segmentos de la comunidad negra en este país. La marginación impuesta durante muchos años por la discriminación ha terminado por convertirse para muchos en marginación asumida, en tiempos en que el racismo institucional ha desaparecido o se ha atenuado notablemente. Si la integración racial ha fracasado se debe, en gran medida, a que muchos negros han rehusado integrarse.

Los padres de Michael Brown podrán argüir que su hijo era un muchacho apacible y respetuoso a quien la policía pretende desacreditar después de muerto, pero el retrato que aflora de su conducta pública, en las últimas horas de su vida, es la de un gigantón insolente, ladrón y abusador que, primero, asalta a un tendero y poco después desafía y agrede a un policía que le exige que despeje la calle por donde anda, con el fruto de su robo en la mano, en un abierto ejercicio de provocación. Oyendo el testimonio de Darren Wilson —en la entrevista que le hiciera ABC esta semana— uno no duda de su decencia ni de su bonhomía. El gran jurado debió convencerse de lo mismo. Por su parte, los actos vandálicos que muestran los noticieros sirven para resaltar la conducta que le costó la vida a Michael Brown.

No creo, sin embargo, que estos patrones de conducta sean universales entre los afroamericanos, de otro modo Barack Obama no estaría en la Casa Blanca ni Eric Holder hubiera sido nunca secretario de Justicia ni Condoleezza Rice secretaria de Estado. Precisamente, estos resultados han sido posibles —en un período relativamente breve si contamos a partir de la lucha por los derechos civiles de los años sesenta— porque la integración es una realidad o se encamina a serlo, una integración que, en verdad, responde a parámetros que son, más que blancos, occidentales, europeos, provenientes de esa cultura de la que Estados Unidos es una natural prolongación. Integrarse significa, desde luego, ajustarse a esos parámetros, andar por esos carriles. Insistir —en busca de una presunta identidad— en una “negritud”, casi siempre inventada, que hace hincapié en las diferencias, sólo contribuye a reafirmar la marginación y la mentalidad de gueto, de la que Michael Brown puede ser buen ejemplo, así como sus defensores que incendian y saquean.

Con esto no pretendo desconocer los agravios legítimos que pueden aducir los negros en este país, donde la discriminación racial ha tenido larga vida y, aunque muy atenuada, dista de haberse erradicado, sino hacer notar la necesidad que aún muchos de ellos tienen de integrarse a la sociedad, por las puertas que ésta ciertamente les ofrece, sin arrogantes reclamos ni alardes autoconmiserativos.

Obama ha llegado hasta el puesto donde ahora está, a pesar de tener un nombre exótico, por su empeño en formar parte de eso que aquí llaman el mainstream, no por presumir de ser distinto ni por un comportamiento delictivo o marginal. Supongo que no le resultaría fácil, pues los prejuicios abundan y tienen gran arraigo, pero la recompensa —en su caso y en el de muchos otros no blancos que han alcanzado el éxito en Estados Unidos— ha valido la pena.

La insolencia, la violencia, el matonismo y la conducta antisocial que llevó a Michael Brown a enfrentarse con un policía y a perder la vida en el encuentro no puede proponerse como ejemplo de conducta para los jóvenes negros, ni de ninguna raza, en una sociedad organizada; los motines con que algunos han querido manifestar su desacuerdo con el veredicto de un jurado, tampoco.

©Echerri 2014

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