Vicente Echerri

Un tirano para burlarse

Que Sony Pictures decidiera este miércoles suspender el estreno de su película La entrevista [The Interview], luego de que varias cadenas de cines en Estados Unidos anunciaran que no habrían de exhibirla —como reacción a amenazas anónimas vía Internet que, casi seguramente, provenían de Corea del Norte o de sus agentes en China— es una cobardía y una vergüenza, al tiempo que un estímulo a los delincuentes que fabrican y divulgan estas amenazas. Una empresa dedicada a la comunicación masiva no puede claudicar ante la iniciativa de unos hackers que ni siquiera cuentan con los medios para llevar a cabo sus amenazas.

La entrevista es una comedia sobre un complot de la CIA para asesinar al dictador norcoreano Kim Jong-un valiéndose de dos desventurados periodistas (Seth Rogen y James Franco). Una de las tantas películas con que Hollywood suele sacarle partido, a veces recurriendo a la burla, a lo que ocurre en el escenario mundial y cuyo más perfecto ejemplo es El Gran Dictador, papel en el que Charles Chaplin caricaturiza tan bien a Adolf Hitler —de suyo una caricatura—, que por momentos la ficción llega a confundirse y a suplantar la realidad. La libertad de expresión que disfrutamos en las democracias occidentales consiente y estimula esas irreverencias. El déspota de Corea del Norte, con su gravedad cesárea en medio de una corte de adulones entorchados, es tan ridículo que parece destinado a inspirar una obra que mueve a risa. Lo ridículo es precisamente lo que hace reír.

Pero esta suerte de gnomo que manda en Corea del Norte no tiene sentido del humor, al menos para juzgarse a sí mismo frente al espejo (lo cual sería sano y normal) y su envarada autoridad no le da cabida al menor irrespeto con su sacra persona, porque el humor, corrosivo como es, pone más en solfa su grotesca existencia y lo absurdo de su régimen que las críticas, por adversas que puedan ser, que lo toman en serio. El anuncio de esta película debe haber desatado la furia de quien le haría pagar a sus esclavos, por sólo concebir una idea semejante, con la vida o con largos años de prisión.

Es lógico, entonces, que Kim Jong-un haya reaccionado poniendo en marcha a sus hackers para que penetraran en los archivos de Sony —como hicieron en días pasados— y luego para que amenazaran a las cadenas de cines con brutales represalias si se atrevían a exhibir la película. Esa reacción es coherente con el temperamento de este tiranuelo. Lo inconcebible es que esas amenazas —que según el Departamento de Seguridad Nacional no tenían ninguna posibilidad de materializarse— hayan provocado esta reacción medrosa de las cadenas de cine y la “capitulación” —como bien la define el diario New York Times— de Sony.

Recordemos, por contraste, que cuando un diario danés publicó, hace unos años, una serie de caricaturas de Mahoma que dieron lugar a furiosas protestas y actos vandálicos y criminales en el mundo, el diario en cuestión no sólo respaldó al caricaturista, sino que —como lección ejemplar a favor de la libertad de expresión— obtuvo el apoyo de otros periódicos que reprodujeron las caricaturas. A la intolerancia no hay que hacerle concesiones, no importa el riesgo.

Es de esperar que el gobierno de Estados Unidos —y sus aliados de Corea del Sur y Japón— no dejen pasar esta oportunidad para tomar las represalias adecuadas que les enseñen a estos bravucones que son ellos los que no deben atreverse a agredir las libertades de las sociedades democráticas.

Entre tanto, los ciudadanos pueden ver y divulgar La entrevista en las redes sociales (ya Sony ha anunciado que se encuentra accesible en la Internet); y la iniciativa empresarial podría crear, para este fin de año, máscaras, juegos de vídeo y objetos dedicados a quehaceres innobles con la cara del líder norcoreano. Esa sería la mejor respuesta, amén de que resultaría muy divertido.

©Echerri 2014

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