Vicente Echerri

La inevitable y alentadora represión

CIUDAD DE MÉXICO — La suspensión de restricciones migratorias de parte del régimen cubano en los últimos años se acaba de ver enturbiada por el anuncio de que los médicos que salgan al exterior, ya sea a trabajar o por cualquier otra razón, tendrán que ser debidamente autorizados. La razón es el gastado pretexto de “la fuga de cerebros” y, en este caso, la falta de especialistas para atender las necesidades sanitarias de los cubanos.

El anuncio viene a confirmar la naturaleza opresora del castrismo que, a decir verdad, no me gusta que se desdibuje con políticas pseudodemocráticas que sirven para confundir a los ingenuos y para reafirmar a los simpatizantes. La precariedad de la vida cubana —a pesar de las “reformas” recientes—, el hundimiento económico como secuela de la gestión política, sigue avivando el deseo de escapar de miles de cubanos que a diario enfrentan el mar o las selvas y la violencia en el largo trayecto que lleva a muchos desde Ecuador hasta Estados Unidos, cuya penúltima etapa es este país.

Muchos de los profesionales de la salud que sirven como mano de obra prácticamente esclava del gobierno de Cuba en 68 naciones, y por los que el régimen de Raúl Castro percibe jugosos dividendos, es del todo lógico que quieran escapar y que hayan estado fugándose de sus explotadores durante años, como es digno de encomio que el gobierno de Estados Unidos haya acogido a los tránsfugas con facilidades, no precisamente por odio a la revolución —como arguyen en Cuba— sino por simpatía hacia sus víctimas.

Si el Estado cubano quiere que los médicos y otros profesionales de la salud —que envía a sus misiones internacionales con fines de lucro y no por razones de solidaridad como tantas veces se ha argüido— no deserten, pues que les pague los salarios que cobra por ellos a los gobiernos extranjeros. Esto tal vez no sofoque del todo las ansias de escapar de cualquier ser humano que aspire a vivir en una sociedad libre, pero sin duda mitigaría la pobreza económica de estos individuos —que es una de las primeras razones que los impulsan a emigrar— a la que se suma el escarnio de una humillante explotación.

Celebren otros las medidas aperturistas del castrismo tardío y sus presuntas “reformas”. A mí pe parecen menesterosos maquillajes de una situación putrefacta, un torpe disfraz para enmascarar el fracaso, que lo ponen de manifiesto estos desesperados que se agolpan ahora mismo en la frontera de Costa Rica y Nicaragua, y esta ley que de nuevo restringe la movilidad de los profesionales de la salud. Aunque nos alegremos de que los cubanos puedan salir más libremente de su isla-prisión y de que haya aumentado el número de los que hacen pequeños negocios por su cuenta, sería erróneo, me parece a mí, confundir esa labor de achique con el umbral de una genuina transición política.

El castrismo no da hasta ahora señales de enmienda, ni siquiera al nivel que lo hiciera Deng Xiaoping cuando le abrió las puertas de China al gran capital, para no mencionar los cambios políticos esenciales que son para muchos de nosotros la condición innegociable de la vía democrática. Opino que se trata de un régimen —como tantos otros de su especie— fundamentalmente irreformable, porque cualquier reforma profunda que pueda emprender podría significar el certificado de su propio fin. En consecuencia, no lamento esta reimposición de una medida represiva que sirve, por el contrario, para ratificar la naturaleza engañosa y perversa de una tiranía irredimible que sólo podrá concluir con su extinción.

©Echerri 2015

  Comentarios