Vicente Echerri

Nuevo circo en Madrid

El líder de Podemos, Pablo Iglesias (izq.) y los diputados del mismo partido Iñigo Errejón y Carolina Bescansa participan el miércoles en la sesión inaugural del Congreso de los Diputados. Bescansa amamantó a su bebé en el hemiciclo.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias (izq.) y los diputados del mismo partido Iñigo Errejón y Carolina Bescansa participan el miércoles en la sesión inaugural del Congreso de los Diputados. Bescansa amamantó a su bebé en el hemiciclo. Getty Images

Este miércoles ha comenzado a sesionar, a trompicones, el recién electo Congreso de los Diputados de España, y no sólo falta consenso para formar gobierno, sino que también —gracias a la nueva bancada de Podemos, una formación política de ultraizquierda surgida al calor de la crisis económica y las pavorosas cifras de desempleo— falta decoro: la indumentaria de los podemitas —en camisa, llevando mochilas en lugar de carteras— y su ostensible lenguaje de barricada, sus modales expansivos y, más bien desfachatados, han degradado de inmediato la atmósfera del hemiciclo. Una de las diputadas de este grupo ha llegado incluso a amamantar a su bebé sentada en su escaño. El cuadro general es deplorable.

El duelo político sigue estando entre el Partido Popular (PP) —que aún es el más votado, pero sin mayoría para gobernar solo— y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que ha visto reducida su importancia, pero que se mantiene como segunda fuerza política. Los populares proponen un pacto de coalición con los socialistas y Ciudadanos (un partido de nuevo cuño posesionado en el centro). Los del PSOE aspiran a presidir ellos el gobierno en alianza con Podemos y Ciudadanos, pero antes el primero tendría que renunciar al respaldo que hasta ahora le brinda al referendo soberanista que proponen algunos partidos catalanes. Cabe pensar que si la coalición del PP es rechazada, el Rey tendrá que disolver el Congreso y convocar a nuevas elecciones, lo cual le daría la oportunidad a los españoles de inclinarse más a la derecha, o a la izquierda o al centro y alterar las actuales proporciones de los representantes del pueblo.

Esa crisis aún está en el futuro, pero la actual, además del desacuerdo obvio, se hace presente, pare mí, en el acento barriobajero que le imprimen a la cámara algunos de los diputados recién electos, en su falta de gravedad para asumir las funciones públicas de quienes parecen más bien un grupo de escolares desaliñados y traviesos que han venido a incorporarse a esta asamblea para incordiar y para envilecer una respetable tradición. Es verdad que “el hábito no hace al monje”, pero “sirve para la predicación”, dice la segunda parte del refrán, e inquietante sermón predican estos impresentables de Podemos con sus mochilas, sus pelambres y sus arremangos. Los jacobinos de la Asamblea Nacional francesa eran más radicales, pero guardaban más las apariencias (Robespierre era un fanático criminal que vestía como un dandy).

Creo que, independientemente de si las fuerzas políticas españolas puedan o no formar gobierno, o de los resultados que arrojen unos nuevos comicios, la inauguración del Congreso de los Diputados este 13 de enero —con el significativo ingreso de los 69 representantes de Podemos— marca un triste hito en el corazón de la democracia española: el principio del fin de la respetabilidad y de la observancia de ciertas formalidades consagradas llamadas a servir a la dignidad de que deben y suelen revestirse las funciones del Estado. Estas formalidades son algo más que apariencias y su importancia no es de subestimar.

Es lamentable que el Congreso de los Diputados de España no haya tenido entre sus reglas un código de vestimenta y hábitos de conducta más estrictos (en la Cámara de los Comunes, por ejemplo, está expresamente prohibido amamantar bebés). Ya es demasiado tarde: la canalla ha asaltado el recinto —y la institución— desde la bancada de Podemos y sus miembros (no importa cuan educados puedan ser ni la decencia de los hogares de donde procedan) hacen ostensibles sus modales —genuinos o adquiridos— de golfos. Se trata de un circo. Los votantes resentidos, ignorantes o irresponsables lo han hecho posible.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

© Echerri 2016

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