Vicente Echerri

Miedo y odio en la espiral de la violencia

Manifestantes en Londres alzan plumas por las víctimas del ataque contra la revista Charlie Hebdo.
Manifestantes en Londres alzan plumas por las víctimas del ataque contra la revista Charlie Hebdo. AFP/Getty Images

La consternación que suscita un atentado terrorista como el cometido ayer en París en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo —con un saldo de 12 muertos y una decena de heridos— marcha pareja con la cólera. Lo más que uno siente ante el hecho atroz que pone en duda la seguridad de la vida civilizada, tal como la entendemos en Occidente, es que en Francia haya sido abolida la pena de muerte. ¡Qué buenas cabezas las de estos terroristas para la guillotina! Y uno desearía, además, que esa justicia sumarísima fuese expedita, como ha vuelto a serlo en Pakistán luego del ataque a una escuela que dejó más de un centenar de niños muertos.

El impulso a la venganza —nos dicen— no debe empañar la búsqueda de la justicia que ha de estar presidida por la ponderación y la ecuanimidad. El orden que se sustenta en la libertad no podría dejar de ser vulnerable —aunque nos cause una profunda desazón— y seguir existiendo, de lo contrario, agrediría los mismos valores que defiende. Si queremos protegernos a toda costa de estos crímenes, de la posibilidad de que se perpetren hechos como estos, terminamos por establecer un régimen policial donde, en verdad, tales delitos se verían notablemente reducidos a expensas de la libertad general. La libertad y la seguridad son inversamente proporcionales y en esta relación no parece haber otras opciones.

Sin embargo, la reacción colérica es inevitable y natural y, en este caso, sirve para exacerbar la islamofobia que ya muchos padecen en el mundo occidental y que está destinada a acentuarse, a pesar de las voces que nos recuerdan, una vez más, que los terroristas islámicos (como los que acaban de llevar a cabo esta masacre) son una ínfima minoría de la población general que profesa esta fe. Cierto, todos los musulmanes no son terroristas, pero casi todos los terroristas hoy día son musulmanes y eso pone en cuestión al islam en general, porque una ideología, religión o sistema de pensamiento es responsable hasta de los errores que se cometen en su nombre.

Un choque de civilizaciones está en marcha por mucho que los líderes del mundo se empeñen en negarlo. Un ejército de fanáticos quiere imponer los dogmas primitivos de una fe bárbara —que no es más que una forma elementalizada de las religiones abrahámicas para camelleros analfabetos del siglo VII— y exigir sacro respeto para sus símbolos y su profeta en medio de la expansión arrolladora de Occidente que conocemos con el nombre de globalización. El enfrentamiento no puede ser más dispar ni más desesperado y aún puede provocar reacciones de odio y extrema crueldad que hoy nos parecerían impensables.

En Alemania cobra fuerzas un movimiento antimusulmán que, de momento, exige el cierre de las fronteras a la inmigración islámica y la expulsión de los inmigrantes ilegales, y el cual ha provocado la denuncia de parte de las autoridades y de los sectores de la ciudadanía que todavía se sienten cómodos en una sociedad multiétnica y multicultural. Algunos ven en este movimiento —que, con diversos énfasis, se manifiesta también en Francia, en Suecia, en Holanda, entre otros países europeos— una resurrección de la xenofobia nazi, con todos los horrores que ello hace recordar, y tal vez tengan razón, pero la hostilidad hacia los musulmanes y su percepción como huéspedes indeseables están destinadas a aumentar en Europa, sentimiento que acciones como la de ayer en París contribuyen a potenciar.

Estos atentados terroristas acrecentarán necesariamente el rechazo y el odio hacia la cultura y la fe que sus perpetradores dicen defender al cometerlos, hasta el punto de hacer deseable la reimposición de la pena de muerte —más que para castigar a los culpables para librar a los inocentes de la violencia indiscriminada de los que salgan a hacer retribuciones por cuenta propia. Si la espiral del odio se mantiene, la expulsión masiva de los musulmanes de la Unión Europea —que aún parece una inconcebible atrocidad— podría llegar a verse como una alternativa humana frente a la posibilidad del genocidio.

© Echerri 2015

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