Vicente Echerri

Más allá de este martes

El candidato republicano Marco Rubio quedó en quinto lugar en las primarias de New Hampshire el martes pasado.
El candidato republicano Marco Rubio quedó en quinto lugar en las primarias de New Hampshire el martes pasado. Getty Images

A pesar de los resultados en las primarias de Nuevo Hampshire este martes, sigo pensando que el senador Marco Rubio es el mejor candidato que los republicanos pueden llevar a la contienda electoral de noviembre, con la posible alternativa de que fuera compañero de fórmula del gobernador John Kasich, que ha quedado en un segundo lugar en ese estado y quien proyecta una apetecible moderación. Todos los demás, de ambos partidos, parecerían condenados a perder —si el electorado, tanto en las primarias como en las generales, fuese sensato, claro— por desmesurados (Trump y Sanders), por pesados (Cruz y Clinton), por gris (Bush) y hasta por gordo (Christie). A este último habría que decirle que nadie con ese vientre ha llegado a la presidencia de Estados Unidos en más de cien años (el último fue William Taft en 1908).

El descontento y la cólera se oyen desde los dos extremos del espectro político y a esa suerte de rebelión han respondido dos candidatos extremistas: Donald Trump, desde la derecha, y Bernie Sanders desde la izquierda; cada uno con discursos desmesurados que, en el primero, tiene aires de payasada grotesca y, en el segundo, se presenta con una ingenuidad boba. Ni Trump ni Sanders podrían cumplir las promesas que han hecho ante sus frenéticos partidarios, ni las cosas andan tan mal en Estados Unidos como estos dicen. Al presidente Obama se le podrán objetar muchas decisiones de gobierno, pero no miente cuando afirma que esta nación sigue siendo la más poderosa de la tierra y que su economía es sólida. Los periodistas extranjeros no entienden a qué se refieren los estadounidenses cuando arguyen que aquí las cosas andan mal. La verdad es lo contrario.

Luego, el enojo y la frustración de los extremos, de izquierda y de derecha, no tendría que tener lugar, y esto dejaría sin discurso al payaso y al ingenuo, para inhabilitar de paso las aspiraciones de Ted Cruz, embarazado por la agenda evangélica francamente retrógrada y quien parece fundido en plomo. No es la primera vez que lamento desde esta página que el Partido Republicano le haya hecho, en las últimas tres décadas, tantas concesiones a los campesinos iletrados del llamado cinturón bíblico, quienes actualmente ven en Cruz a uno de los suyos. Si Dios interviene para algo en estas elecciones —algo difícil de creer— que sea para alejar a Cruz de sus aspiraciones.

Dudo aún que Trump o Sanders puedan resultar candidatos de sus respectivos partidos a pesar de los resultados de las más recientes primarias. Sería la prueba de que la mayoría del electorado ha perdido la brújula y se ha entregado a la frivolidad y la irreflexión, lo cual en política siempre es sinónimo de ignominia.

Esperemos, más bien, por mal que nos caiga, que sea Hillary Clinton la candidata que elijan los demócratas, en reconocimiento a su experiencia (que ciertamente tiene) y a su mayor centralidad (que también profesa) dentro de las políticas de su partido, y esperemos también que los republicanos sepan escoger un candidato que pueda derrotarla el 8 de noviembre para el bien de todos. De la extensa nómina de aspirantes a ese puesto, Rubio es quien se perfila, en mi opinión, con mayores rasgos presidenciables para enfrentar con éxito ese reto.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

© Echerri 2016

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