Vicente Echerri

España y la izquierda sin máscara

Con vistas a las próximas elecciones en España —luego de una legislatura de sólo cuatro meses que se mostró incapaz de formar gobierno— las distintas fuerzas políticas se preparan ya para la campaña electoral que empieza en menos de un mes y dura tres semanas. Hasta el momento no se vislumbra ninguna novedad, salvo la alianza o coalición de Podemos —el partido ultraizquierdista que lidera Pablo Iglesias— con los comunistas reciclados de Izquierda Unida. Ambas formaciones piensan que presentarse juntas en los comicios aumentará su fuerza y representatividad en el próximo parlamento, aunque esto último está por verse.

De momento, lo bueno que puede tener para la sociedad española en general es que acentúa a las claras el perfil rojo de los podemitas, al tiempo que los hace superfluos. Si pueden marchar juntos con IU, con una misma agenda de cara a la consulta electoral, ¿qué necesidad tienen de existir con nombre propio? Si en las pasadas elecciones Podemos podía presentarse y ser visto como un reto a la política tradicional, en las del próximo 26 de junio constituirá sólo una distracción. Esta alianza con los comunistas de mayor solera echa por tierra cualquier ficción de novedad: son los bolches de siempre enarbolando sus pancartas típicas, coreando sus consignas típicas, repitiendo sus manidas recetas para el bienestar ciudadano: nacionalizaciones y regimentación estatal; como si aún estuvieran en 1917 y la historia no hubiera demostrado, hasta el cansancio, la naturaleza criminal de esas recetas y la falacia de tales consignas.

En sus discursos de barricada (siempre son de barricada aunque se pronuncien en el seno de una cámara parlamentaria) invocarán los fantasmas que duermen en sus textos: la oligarquía y el imperialismo, la opresión del Estado burgués… al que quieren sustituir por la opresión del llamado “Estado proletario”, que es infinitamente peor como bien sabemos, sobre todo los que hemos tenido la desdicha de padecerlo. Sus líderes, como Iglesias, son enfáticos predicadores apocalípticos: anuncian a un tiempo, al igual que San Juan el Teólogo, el fin del mundo, o al menos de una sociedad, que califican de injusta y desigual y a la que quieren suplantar por el paraíso recobrado. La Biblia no podría hacerlo mejor. ¡Religiosos que son estos chicos de la izquierda radical por muy ateos que se profesen!

En una grabación de audio que ha circulado recientemente por Internet, se escucha la inconfundible voz de Pablo Iglesias burlándose de las instituciones que protegen a la ciudadanía y que encarnan —como es el caso del Parlamento— la esencia de la democracia moderna. En esa grabación, por la cual debieran dictar auto de prisión en su contra, se le oye promover la ocupación de inmuebles, la resistencia a los agentes del orden, la fabricación de cocteles Molotov… Desde el otro lado del Atlántico, me escandaliza que ese discurso no se juzgue como una abierta incitación a delinquir y sea punible de oficio.

En la próxima cita electoral en España los votantes tendrán una ventaja —en comparación con los comicios del pasado 20 de diciembre—: los promotores de fórmulas totalitarias, no importa cuan edulcoradas, marcharán bajo el mismo estandarte y esto les hará más obvios y, en consecuencia, más vulnerables. Esperemos que el ciudadano promedio —que se dejó arrastrar por la cólera y la frustración en las pasadas elecciones, recapacite ahora frente a los que, por proclamarse fanáticos defensores de la igualdad, son, en verdad, peligrosos enemigos de la libertad, sin el pleno ejercicio de la cual la democracia no pasa de ser una ficción o simplemente un mito.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2016

  Comentarios