Vicente Echerri

Cuarenta años de Entebbe

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, pronuncia un discurso en el aeropuerto de Entebbe, en Uganda, el 4 de julio.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, pronuncia un discurso en el aeropuerto de Entebbe, en Uganda, el 4 de julio. AP

Este 4 de julio, el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu iniciaba una gira por varios países africanos en el mismo escenario donde cuarenta años antes un comando israelí había llevado a cabo lo que acaso haya sido el más audaz y exitoso rescate de rehenes de la historia: el aeropuerto internacional de Entebbe, en Uganda, enclavado en la margen norte del gigantesco lago Victoria, a 41 kilómetros del centro de Kampala.

Para Netanyahu, el lugar y el suceso tenían una significación particular: la única baja mortal de los asaltantes israelíes ese día memorable había sido su hermano Jonathan (“Yoni”), que era el jefe del comando y quien ya se perfilaba con un gran porvenir político, por eso el primer ministro, al hablar en el aeropuerto este lunes, era sincero al decir: “Entebbe está siempre conmigo. En mi pensamiento […] y en mi corazón”. Para explicar más adelante: “cuando Yoni murió, nuestro mundo se derrumbó”.

Yoni Netanyahu está presente en estatua en el aeropuerto que hizo célebre la proeza que él capitaneó, poniendo en práctica la voluntad del gobierno israelí de liberar a un centenar de rehenes judíos que viajaban, el 27 de junio de 1976, de Tel Aviv a París en un avión de Air France que fue secuestrado luego de una escala en Atenas. Los secuestradores, dos palestinos y dos alemanes comunistas, llevaron el avión hasta este aeropuerto en el corazón de África, a 3,338 kilómetros por aire de Jerusalén (lo cual les hizo creer que estaban fuera del alcance de los israelíes), donde contaban con la complicidad de otros palestinos y el apoyo del líder del país: el enloquecido dictador ugandés Idi Amín.

Los terroristas, luego de separar —en el mejor estilo de los nazis— a los judíos de sus compañeros de viaje que no lo eran (liberando a estos últimos) exigían, a cambio de los rehenes, la liberación de 53 delincuentes que se encontraban cumpliendo sanciones de prisión en varios países. Israel negociaba con los terroristas y sus cómplices ugandeses a través de terceros, al tiempo que preparaba una acción militar de rescate que fue aprobada por las altas instancias del gobierno el 1 de julio. En cumplimiento de la misma, cuatro aviones militares de transporte Hércules C-30 y dos aviones 707 salieron del Sinaí volando a ras del mar para evadir los radares, llevando a bordo un comando de élite, carros ligeros de combate, equipos de comunicación y hasta un hospital de campaña.

La operación puede contarse en pocas líneas. Los aviones aterrizaron en plena noche en el aeropuerto y el comando israelí tomó las dos terminales aéreas del mismo (la nueva, que seguía en funciones; y la vieja, donde estaban los terroristas y los secuestrados). En 57 minutos, quedó inutilizada la torre de control, destruidos ocho cazabombarderos ugandeses MiG-19, liquidados los terroristas (13, contando los cuatro secuestradores del avión) y muertos 35 soldados ugandeses que se enfrentaron al grupo de asalto, el cual, con algunos heridos y una sola baja mortal, regresaría a Israel luego de reabastecerse de combustible en Nairobi, Kenia. El éxito había estado muy por encima de las expectativas.

El rescate de Entebbe marcaría un hito en la lucha no sólo entre israelíes y palestinos (resultando un golpe devastador para estos últimos), sino en la lucha contra el terrorismo en general. Las grandes democracias cobraron una mayor conciencia del alcance y peligro de estas acciones criminales y de la voluntad concertada que conllevaba el combatirlas. Las unidades de lucha antiterrorista, que hoy existen en casi todos los países del mundo, apenas si existían entonces. En este sentido, la operación de Entebbe fue también un punto de inflexión, marcaría un antes y un después en una guerra asimétrica en medio de la cual aún estamos.

Escritor cubano, autor de poesía, ensayos y relatos.

©Echerri 2016

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