Trasfondo

Veteranos cubanoamericanos de la guerra de Vietnam siguen denunciando abusos

José Luis Fernández, ex capellán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Francisco Penela y Andrés García, en Miami el 21 de septiembre. Los cubanoamericanos ex veteranos de Vietnam formaron la organización Cuban American Veterans Association (CAVA) con la que tratan de mantener viva la memoria de los 20 cubanoamericanos caídos en esa guerra y además defender a los presos políticos cubanos, entre otras causas.
José Luis Fernández, ex capellán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Francisco Penela y Andrés García, en Miami el 21 de septiembre. Los cubanoamericanos ex veteranos de Vietnam formaron la organización Cuban American Veterans Association (CAVA) con la que tratan de mantener viva la memoria de los 20 cubanoamericanos caídos en esa guerra y además defender a los presos políticos cubanos, entre otras causas. rkoltun@miamiherald.com

El 17 de mayo de 1962 Andrés García llegó a Estados Unidos a través de la Operación Pedro Pan, un programa coordinado por la Iglesia Católica durante el cual más de 14,000 niños y jóvenes cubanos pudieron escapar de la isla. Andrés solo tenía 16 años y había salido de Cuba con una pequeña maleta que contenía tres mudas de ropa y un puñado de sueños. Fue enviado a vivir con sus tíos a Nueva York hasta que llegasen sus padres. La década de los 1960 recién comenzaba, John F. Kennedy era presidente y la Guerra de Vietnam, que llegó a ser la contienda bélica más larga, sangrienta y costosa en la historia de Estados Unidos, era apenas una remota posibilidad.

Sin embargo, pronto todo comenzaría a cambiar. El incidente del golfo de Tonkín, en 1964, obligó al presidente Lyndon B. Johnson a solicitar del Congreso una ampliación de las misiones militares. Un año después se autorizó la operación Rolling Thunder, los cazabombarderos norteamericanos atacaron instalaciones norvietnamitas y la guerra se intensificó. En enero y febrero de 1967 se lanzaron las operaciones Cedar Falls y Junction City, dos de las más grandes campañas terrestres de Estados Unidos en aquella contienda. Al año siguiente, García fue reclutado y enviado al campo de entrenamiento Fort Lewis en Washington. Unos meses después ya estaba combatiendo en Vietnam con la 82 División de Paracaidistas.

“Cuando llegamos nos trasladaron a la base de Phubai, que era la jefatura de la 82 División”, cuenta García. “Desde allí nuestro pelotón salía en misiones hacia el área del Valle de Ashau. Por esa fecha ya la Ofensiva del Tet había fracasado y el Regimiento 22 del Ejército de Vietnam del Norte había tenido que refugiarse en las montañas”.

García no fue el único cubanoamericano que combatió en Vietnam. Otros muchos lo hicieron, como Herminio Lorenzo, quien llegó con 15 años de edad a Estados Unidos en diciembre de 1961, también a través de la Operación Pedro Pan. Algunos años más tarde, recién graduado de High School, fue reclutado y enviado a Fort Jackson en Carolina del Sur, desde donde fue trasladado a Fort Benning, en Georgia. Llegó a Vietnam en 1968 y combatió con la Tercera Brigada de la 82 División de Paracaidistas hasta que fue herido.


“Estábamos de patrulla cerca de la frontera con Laos cuando comenzó el combate. Eran las ocho de la mañana y nos habían ordenado movernos hacia la izquierda cuando de repente, mientras avanzábamos por un trillo, tropezamos con una avanzada del ejército de Vietnam del Norte y me vi frente a frente con uno de sus combatientes”, recuerda Lorenzo. “Ambos disparamos al mismo tiempo: él cayó hacia atrás y yo me arrastré herido hasta una de las trincheras de los vietnamitas que había sido abandonada, desde donde lancé una granada hacia los que todavía seguían avanzando. La bala me había entrado por el hombro izquierdo y había salido por la espalda”.

Al terminar la guerra, todos los jóvenes cubanoamericanos que combatieron en Vietnam rehicieron sus vidas: se casaron, formaron sus propias familias y se incorporaron a la sociedad como ciudadanos norteamericanos. García, por ejemplo, trabajó en la banca privada durante más de 30 años y Lorenzo se retiró siendo director del Departamento de Bomberos y Rescate de Miami-Dade.

Otros, sin embargo, no tuvieron la misma suerte: cayeron en combate. Sus nombres están inscritos en la llamada Pared Conmemorativa del Monumento a los Veteranos de Vietnam, en Washington, junto al de los más de 58,000 norteamericanos muertos y desaparecidos durante la guerra. No son muchos; apenas veinte. Pero no por eso dejan de brillar con la misma intensidad en el granito negro sobre el que están grabados sus nombres: Diego Amador, el primero en orden alfabético y Wilfredo P. Zamora, el último en la lista. Y entre ambos, el resto de los nombres: Eduardo E. Casañas, César E. Carballo, Louis A. Carricarte, Pedro Casals, Adolfo M. Estrada, Carlos A. Farto, Enrique G. Fernández, Evelio A. Gómez, Darío D. Guerra, Noel B. Hernández, Manuel E. Mesa Jr., Irenaldo Padrón, Celso Pérez, Elpidio J. Ravelo, Fernando A. Rivera Jr., Luis J. Simancas y Félix Sosa Camejo.

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Andrés García estuvo destacado en Vietnam con la 82 División de Paracaidistas. Cortesía

Pero los que sobrevivieron también siguieron siendo, con mucho orgullo, veteranos de guerra. Así, muchos de ellos se inscribieron en la American Legion y en la Veterans of Foreign Wars, hasta que, junto a otros de sus compañeros, decidieron fundar la Cuban American Veterans Association (CAVA, por sus siglas en inglés), desde la cual poder, según se establece en uno de sus varios estatutos, “reclamar la libertad de todos los presos políticos dentro de la isla y la de los que cumplen prisión fuera de Cuba por actos que fueron cometidos luchando por la libertad de su patria’.

En entrevista con el Nuevo Herald, Francisco Penelas, actual presidente de esa organización, explica cuáles eran sus propósitos.

“La idea era agrupar veteranos cubanoamericanos que estuviesen interesados en los destinos de Cuba”, dice Penelas.

Una de las primeras actividades del grupo fue su participación en las audiencias celebradas por el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre el llamado The Cuban Program, un diabólico experimento psicológico que buscaba la total sumisión de los prisioneros de guerra a sus captores y en el cual 20 soldados norteamericanos fueron torturados por agentes cubanos en un campamento conocido como The Zoo, ubicado en un suburbio residencial en las afueras de Hanoi.

García, que es uno de los miembros fundadores de la organización, fue el encargado de testificar en las audiencias.

“Presentamos fotos del comandante de brigada cubano Fernando Vecino Alegret, que ya había sido identificado por el coronel Ed Hubbard como uno de los tres agentes castristas que torturaron salvajemente a prisioneros de guerra norteamericanos”, cuenta. “También presentamos por escrito el testimonio de Leonardo Viota, veterano de Vietnam y miembro de CAVA, en el que atestiguaba que estando estacionado en la base de Long Binh como parte del Batallón Q.M. 64, fue enviado a inspeccionar el suministro de petróleo en una base en la frontera entre Vietnam y Cambodia donde el comandante le sugirió que no revelara que había nacido en Cuba porque a solo dos millas de allí estaba operando una brigada del Ejército de Vietnam del Norte y los oficiales que hacían los interrogatorios a los soldados capturados eran cubanos y estaban usando la tortura como parte de sus técnicas de interrogación”.

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Algunos de los miembros de CAVA en el Capitolio de Estados Unidos donde denunciaron el crimen del gobierno cubano contra las avionetas de Hermanos al Rescate, en el 2008. Cortesía

Otra de las actividades organizadas por este grupo de veteranos cubanoamericanos fue una visita a Washington para pedir el encausamiento de Raúl Castro por la muerte de Carlos Costa, Armando Alejandre Jr, Mario de la Peña y Pablo Morales, los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate cuyas avionetas fueron pulverizadas sobre aguas internacionales por dos aviones MIG-29 de la Fuerza Aérea cubana. A esa reunión, acompañando a los miembros de CAVA, también asistieron los familiares de los jóvenes asesinados. El congresista Mario Díaz-Balart les había preparado un salón para que ofreciesen una conferencia de prensa y pudiesen presentar las pruebas que traían. Junto a ellos estaban los congresistas Ileana Ros-Lehtinen, Debbie Wasserman Shultz y Lincoln Díaz-Balart. Era el 24 de febrero de 2008 y se cumplían 12 años del espantoso crimen.


José Luis Fernández, que fue capellán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, recuerda aquella visita de esta manera: “Después de la reunión con los periodistas, en la cual presentamos las grabaciones de los pilotos de los MIGS con la base aérea de San Antonio de los Baños pidiendo autorización para derribar las avionetas y las de Raúl Castro admitiendo haber dado la orden de destruirlas, nos dividimos en varios grupos y comenzamos a visitar a los congresistas en sus despachos para explicarles los motivos de nuestra visita”.

Han pasado más de 50 años desde que fueron reclutados y todavía estos orgullosos veteranos cubanoamericanos siguen luchando. No con las armas en las manos como hicieron en el pasado para defender a su país de adopción, sino esta vez tratando de que el mundo sepa la verdad sobre lo que ocurre en su tierra natal

OTRAS ACTIVIDADES DE CAVA

▪  Inauguración en los terrenos del Military Museum of South Florida de un pequeño monumento en homenaje a todos aquellos veteranos cubanoamericanos que, tanto en tiempo de paz como de guerra, sirvieron honorablemente en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

▪  Entrega de suministros, junto con la Arquidiócesis de Miami, a los damnificados del ciclón Andrew en el área de Homestead.

▪ Visitas al Congreso de Estados Unidos para cabildear a favor de la Administración de Veteranos.

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