Trasfondo

¿Por qué se están acabando los frailecillos? La búsqueda de pistas es profunda (en sus madrigueras)

Los científicos afirman que el cambio climático es otro factor subyacente que está disminuyendo el abastecimiento de alimentos y probablemente se vuelva más importante con el tiempo.
Los científicos afirman que el cambio climático es otro factor subyacente que está disminuyendo el abastecimiento de alimentos y probablemente se vuelva más importante con el tiempo. NYT

Los frailecillos están en problemas.

Las poblaciones de estas aves han sufrido un acelerado descenso, en especial desde la década del año 2000, tanto en Islandia como a lo largo de muchos de sus hábitats en el océano Atlántico. Son muchas las posibles causas: presas inconstantes, pesca excesiva, contaminación. Los científicos afirman que el cambio climático es otro factor subyacente que está disminuyendo el abastecimiento de alimentos y probablemente se vuelva más importante con el tiempo. Además, no ayuda el hecho de que los frailecillos sean sabrosos, y que por lo tanto aquí se cacen para comer.

Annette Fayet está intentando resolver el misterio de la disminución de los frailecillos atlánticos, y por ello el mes pasado se metió aquí en la profundidad de una madriguera. Extrajo con mucho cuidado a un frailecillo, enganchando su pata con un alambre grueso que había doblado en forma de cayado de pastor. Mientras sacó a la luz al ave marina que graznaba, esta defecó copiosamente en su pantalón que, gracias a su larga experiencia con las aves, era impermeable.

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A pesar de que algunas colonias de frailecillos están prosperando, en Islandia, donde se encuentra la población más grande de frailecillos atlánticos, la cantidad ha disminuido de aproximadamente siete millones de individuos a cerca de 5.4 millones. JOSH HANER NYT

“¡Genial, la ciencia!” dijo y sonrió. Idealmente, esta ave, con su plumaje blanco y negro como traje de etiqueta y su cómico pico color naranja, hubiera vaciado sus intestinos en un cuenco de acero inoxidable que ella llama “sanitario de frailecillos”. Sacó una cuchara plana de madera de su envoltorio, recogió los desechos y los colocó en un frasco para analizarlos; desea saber qué han estado comiendo estas aves.

A pesar de que algunas colonias de frailecillos están prosperando, en Islandia, donde se encuentra la población más grande de frailecillos atlánticos, la cantidad ha disminuido de aproximadamente siete millones de individuos a cerca de 5.4 millones. Desde 2015, estas aves están en la lista de especies “vulnerables” de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, lo que significa que, libres en la naturaleza, enfrentan un gran peligro de extinción.

Los islandeses valoran a estas aves como parte de su historia, cultura y comercio turístico y, para algunos, su gastronomía. “El frailecillo es el ave más común de Islandia”, comentó Erpur Snaer Hansen, director en funciones del Centro de Investigación de la Naturaleza del Sur de Islandia. “También es el que más se caza”.

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En el verano, se pueden observar cazadores con largas redes conduciendo por la isla Grimsey, dejando pilas de carcasas sin la carne de la pechuga. Islandia ha restringido la captura anual. JOSH HANER NYT

En el verano, se pueden observar cazadores con largas redes conduciendo por la isla Grimsey, dejando pilas de carcasas sin la carne de la pechuga. Islandia ha restringido la captura anual, pero la caza “está acelerando su declive”, señaló Hansen.

Hansen está trabajando con Fayet en su proyecto, que implica vigilar las actividades de cuatro colonias de frailecillos, dos en Islandia y otras en Gales y Noruega. Desde 2010, también ha llevado a cabo un censo, una “concentración de frailecillos” dos veces al año, para lo cual viaja más de 5,000 kilómetros por toda Islandia, visitando unas 700 madrigueras marcadas en doce colonias, contando huevos y polluelos.

En Grimsey, una isla al norte que sobresale del círculo polar ártico, las gaviotas y los charranes árticos se arremolinaban en el cielo nublado y el viento en los acantilados soplaba a 60 kilómetros por hora o más mientras Fayet y Hansen llevaban a cabo su trabajo.

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En el verano, se pueden observar cazadores con largas redes conduciendo por la isla Grimsey, dejando pilas de carcasas sin la carne de la pechuga. JOSH HANER NYT

Hansen pasó de una madriguera a otra, con apariencia de astronauta con su visor blanco sujetado sobre los ojos. Metió una cámara montada en una vara flexible para mirar dentro. “Sí”, dijo, cuando distinguió a un lanoso polluelo.

Después de sacar un ave, la deslizaron dentro de un tubo de plástico que extrañamente la mantuvo tranquila, y la pesaron. Hansen ató una banda de identificación a la pata del ave. Luego la sacaron del tubo y fijaron un pequeño localizador con cinta adhesiva impermeable en su lomo, entre las alas.

A lo largo de la semana, hasta que se caen los ligeros artefactos, estos muestran lo lejos que vuelan las aves para conseguir alimento y lo profundo que se sumergen para obtenerlo. Cada localizador cuesta más de $800, lo que significa que el estuche que los contiene tenía un valor mayor al de la maltrecha camioneta que manejaban los investigadores.

Los frailecillos han padecido en toda Islandia por la disminución de su alimento favorito, las anguilas plateadas, que cuelgan de los picos de los padres cuando las llevan a sus polluelos. Esa disminución se correlaciona con un aumento en las temperaturas de la superficie del mar que Hansen ha estado vigilando durante años.

La temperatura de las aguas en todo el país está regida por ciclos a largo plazo de lo que se conoce como Oscilación Multidecadal del Atlántico, con periodos de agua más fría que se alternan con otros de agua más caliente. Hansen comentó que entre el ciclo de agua fría de 1965 a 1995 y el ciclo actual de agua caliente los registros de la temperatura de invierno muestran aproximadamente un grado centígrado adicional de calentamiento, una cantidad aparentemente pequeña, pero desastrosa para las anguilas. Su teoría es esta: “Si se incrementan un grado las temperaturas, se modifican las tasas de crecimiento y su capacidad de sobrevivir en el invierno”, afirmó.

Aevar Petersen, un ornitólogo islandés que no participa en el proyecto, comentó que un incremento en la temperatura del mar debido al cambio climático era “el factor ambiental clave” detrás del descenso de la cantidad de anguilas.

Sin tantas anguilas en el agua, las aves tienen que volar más lejos para encontrar alimento para sí mismas y sus polluelos.

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Erpur Snaer Hansen sujeta un pichón de frailecillo para poder colocarle una banda y estudiar sus hábitos. JOSH HANER NYT

“En todas partes van más lejos de lo que pensábamos”, dijo Fayet. El descenso de las colonias sugiere que estas aves están trabajando demasiado para obtener su alimento. “Para los frailecillos es muy difícil volar”, dijo. “Para ellos significa un gran gasto de energía”.

Las concentraciones de frailecillos de Hansen muestran que el 40 por ciento de la población de polluelos de Islandia está perdiendo masa corporal con el tiempo, otra mala señal.

Cuando los adultos no pueden atrapar lo suficiente para alimentarse a sí mismos y a sus polluelos, hacen una elección maltusiana instintiva; los polluelos se mueren de hambre. Fayet llamó “desgarradora” a su cruzada: “Pones la mano en la madriguera y sientes una pelotita en el suelo, pero luego te das cuenta de que está fría y no se mueve”.

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Los frailecillos han padecido en toda Islandia por la disminución de su alimento favorito, las anguilas plateadas, que cuelgan de los picos de los padres cuando las llevan a sus polluelos. JOSH HANER NYT

Existen aún millones de frailecillos atlánticos, pero sus abundantes colonias son engañosas, señaló Hansen. “Estas aves son longevas, así es que no se ven nada más caer en picada”, comentó. A la larga, advirtió, “No es sustentable”.

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