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Ignacio Cervantes, virtuoso y patriota

Este próximo julio se cumplen 160 años del nacimiento del compositor y pianista Ignacio Cervantes Kawanagh (l847-1905), considerado el músico más importante del siglo XIX cubano.

Tuvo la suerte de nacer en el seno de una distinguida familia habanera, encabezada por un padre aficionado a la música y que tenía en alta estima a quienes la ejercían como profesión. Así, en l859, cuando ya el adolescente Ignacio había manifestado su temprana vocación, lo puso en manos del compositor y virtuoso pianista Nicolás Ruiz Espadero, el mejor profesor que podía encontrarse entonces en la capital de la isla.

Seis años le bastaron a Cervantes para aprender todo lo que Espadero pudo enseñarle, al parecer bastante, pues ya estuvo en condiciones de ser enviado a París con el fin de perfeccionarse en su afamado Conservatorio Imperial.

Sólo unos meses después, en l866, cuando contaba 19 años, obtiene allí un Gran Premio de piano tocando el <f"ITimesItalic">Quinto concierto de Hertz, y dos años más tarde, otros lauros en piano y armonía. Quiso entonces presentarse al prestigioso concurso Premio de Roma, pero no fue admitido por su condición de extranjero.

Durante un lustro de experiencias parisinas, Cervantes dedicó todo su tiempo al estudio del piano y de la música. Llegó a ser muy admirado en el selecto ambiente artístico cuyo centro era la Ciudad Luz, y especialmente por dos figuras tan brillantes como Liszt y Rossini. El célebre autor de <f"ITimesItalic">El barbero de Sevilla lo admitió, además, en el pequeño círculo de sus amigos íntimos hasta el final de su vida.

En l870, luego de una breve estancia en Madrid, regresa a Cuba y de inmediato comienza a ofrecer recitales en los que interpreta sonatas de Beethoven, preludios y fugas de Bach, y otras obras del repertorio pianístico de los más consagrados autores, tales como Chopin, Mendelssohn y, desde luego, de su admirado y al propio tiempo admirador Franz Liszt.

Pero igualmente se prodiga dando clases, tocando en las iglesias y asistiendo a las sociedades filarmónicas habaneras, sin dejar de brindar sus concurridos conciertos ni de seguir componiendo sus danzas para piano, cuyo ejemplo más antiguo se remontaba a 1857 --cuando apenas cumplía los diez años de edad--, y que llegarían a merecer en la música cubana ''el lugar que ocupan las Danzas noruegas de Grieg o las Danzas eslavas de Dvorak en la música de sus respectivos países'', según el autorizado criterio de Alejo Carpentier.

En l875, durante la Guerra de los Diez Años en Cuba, Cervantes fue obligado a expatriarse debido a su simpatía y apoyo financiero a los insurrectos. Escogió marchar a Estados Unidos y aquí vivió cuatro años dando conciertos y clases que le ganaron una brillante posición artística y económica, y además los más cálidos elogios del entonces muy joven pero ya virtuoso pianista Paderewsky.

Con su regreso del exilio, en 1879, se abre el período más fértil de su carrera. En los tres lustros siguientes casi concluye su larga serie --unas 40 al menos-- de danzas cubanas, y escribe otras piezas para piano, obras sinfónicas y de cámara, una zarzuela y una ópera. Al comenzar la segunda guerra de independencia, en l895, marcha otra vez al exilio, esta vez en México, donde permanece hasta el último año del siglo.

Ignacio Cervantes murió el 29 de abril de 1905, dejándonos la memoria de una vida ejemplar, y el riquísimo legado de sus danzas, ellas solas razón suficiente para la perpetua honra de su nombre en la historia de la música cubana. 

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