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Colombia y el síndrome del paraíso

No hay que caminar mucho por el caserio de la Candelaria para tropezarte con montones de pequeños que perdieron a sus padres , sucios, mal alimentados, mal vestidos.
No hay que caminar mucho por el caserio de la Candelaria para tropezarte con montones de pequeños que perdieron a sus padres , sucios, mal alimentados, mal vestidos.

Un chiste viejo contaba que Adán y Eva, no obstante carecer de cualquier asomo de civilización, bienestar, estabilidad y progreso humano de los que conocemos hoy, extraviados en la manigua y rodeados de alimañas tales como la serpiente de la tentación, estaban convencidos, pese a todo, de que realmente vivían en el paraíso.

Algo parecido sucede con Colombia y los colombianos.

La pobreza y la indigencia, con sus secuelas de hambre y degradación humana, agobian al menos a 63 por ciento de la población, de 42 millones de habitantes, de acuerdo con el estatal Departamento Nacional de Planeación. El desempleo y el subempleo, según el propio Gobierno Nacional, suman 45.2 por ciento.

De los colombianos con empleo, menos de 20 por ciento tiene un contrato garantizado, sostiene un estudio de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT.

El mundo tiene hoy 165 países, de los cuales apenas 28 tienen la categoría de democracias plenas. En un estrato secundario, otros 54 son considerados democracias defectuosas, conforme a una lista que los agrupa, al final de la cual figura Colombia, de acuerdo con un estudio reciente de The Economist.

Durante los últimos 20 años han sido asesinados en este país 321 periodistas (la tasa más alta del mundo) y desde 1991 a hoy se han documentado 2,245 asesinatos, 3,400 amenazas de muerte y 138 desapariciones forzadas de sindicalistas. En 2006 fueron asesinados 71, lo que significó un aumento de 6 por ciento respecto de 2005. Así, se estima que de cada diez sindicalistas asesinados en el mundo, nueve pierden la vida en Colombia.

Este país tiene cerca de cuatro millones de personas desterradas por una guerra civil que no encuentra solución y al menos cinco mil personas están secuestradas por las guerrillas de izquierda, los paramilitares de derecha y la delincuencia común. Algunas llevan más de 15 años en poder de sus captores.

En este contexto, Colombia aspira a conquistar el segundo puesto latinoamericano en desarrollo económico y social, después de Chile, a la vuelta de 15 años.

¿Podrá conseguirlo?

Las opiniones están divididas pero Colombia siente que tiene cómo enfrentar el porvenir con regocijo y alcanzar sus metas a partir de los resultados estadísticos de la más extraña de las mediciones internacionales: es el país con los mayores niveles de felicidad per cápita en el mundo.

Una investigación hecha en 112 países por la Universidad Erasmus de Rotterdam, Holanda, permitió establecer la World Database of Happiness (WDH), la más completa base de datos sobre la felicidad en el planeta. El primer renglón del medidor mundial de la alegría lo ocupa Colombia, seguido por Suiza y Holanda.

El director del WDH, profesor Ruut Veenhoven, considera que, no obstante las diferencias culturales, económicas o sociales existentes en el mundo, las razones de la felicidad humana son las mismas en todas partes. "Definimos la felicidad como la apreciación subjetiva de la vida como un todo. En otras palabras: cuánto le gusta a uno la vida que vive'', explica.

Otro estudio de menor tamaño, hecho por el London School of Economics, podría reforzar la tesis del profesor Veenhoven, pues encontró que la gente de la República Popular de Bangladesh, un estado del sur de Asia, se consideraba la más feliz del mundo. Casi el cien por ciento de quienes fueron entrevistados se declararon "felices'' o ‘‘muy felices", no obstante la pobreza extrema que afecta a la mitad de los habitantes.

Los colombianos se inclinan a desdeñar el contexto adverso que los rodea y hoy como nunca consideran que avanzan hacia el progreso animados por una oferta gubernamental que promete de manera consistente combatir y doblegar a las fuerzas violentas, principalmente las guerrillas de izquierda, que durante décadas han estancado y desangrado al país.

La felicidad suprema colombiana detectada por WDH, durante los últimos años suele ser representada en un estado de optimismo continuo que se ha traducido principalmente en crecimiento económico y disminución de variados niveles de violencia consuetudinaria que han caracterizado la guerra civil colombiana.

Desde cuando Alvaro Uribe Vélez asumió la Presidencia en agosto de 2002 y fue reelegido en 2006, Colombia lleva cinco años de confianza y esperanza basadas en una gigantesca y costosa estrategia de seguridad nacional y de propaganda que ha puesto a las guerrillas en situación de repliegue estratégico, y facilitado a los colombianos la posibilidad de buscarse la vida con el miedo disminuido a los violentos que antes los acongojaba.

Así, las opciones de desarrollo económico, político y social del país para los próximos 15 o 20 años en buena medida dependen del grado de optimismo o de felicidad que subsista en el ánimo de la gente.

En algunas regiones de Colombia, como Chocó o la Guajira, existe hambre y los niños de densas poblaciones de raza negra o indígena, mueren de inanición, como en Africa, y de abandono estatal. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Colombia es el país número once con mayor desigualdad en el mundo.

El informe de la Relatora Especial de Naciones Unidas Katarina Tomasevski sobre el derecho a la educación, sostiene que Colombia "es el único país de la región en donde la educación primaria no es gratuita'', según el Banco Mundial. Cifras oficiales de 2005 revelan que 12 de cada 100 niños menores de 5 años están desnutridos; el 53 por ciento de los menores de 6 meses no tienen lactancia materna exclusiva; el 41 por ciento de los hogares colombianos sufre algún grado de hambre; el 44.7 por ciento de las colombianas gestantes son anémicas y el 11 por ciento de ellas dan a luz neonatos con peso por debajo del mínimo necesario y 36 por ciento de la población acusa paupérrimos niveles de ingestión de proteínas.

De acuerdo con información de la FAO, el hambre en Colombia crece a un ritmo que supera la velocidad con que lo hace en otros países en vías de desarrollo. Incluso, por encima de Africa Subsahariana. Superado por el Congo y Sudán, Colombia es el tercer país del mundo con la mayor cantidad de personas desterradas por el fragor la guerra y 87 por ciento de los hogares desplazados sufren hambre aguda de acuerdo con estudios de organismos internacionales.

Debido a la guerra y la desigualdad social, la propiedad de la tierra se ha estado concentrando de manera continua. Información pública del estatal instituto geográfico Agustín Codazzi indica que cerca de 2,428 propietarios públicos y privados (0.06 por ciento) son dueños de 44 millones de hectáreas, equivalentes a 53.5 por ciento del territorio registrado en el empadronamiento oficial de tierras. Esto indica que cada uno de estos propietarios posee un promedio de 18,093 hectáreas. En cambio, 1.7 por ciento de toda la tierra registrada catastralmente y la de más mala calidad pertenece a 2,2 millones de propietarios que, en promedio, poseen parcelas de menos de tres hectáreas. Debido a la concentración de las mejores tierras en pocas manos, unos 10 millones de hectáreas aptas para la agricultura no están siendo explotadas para ese fin.

Mientras la economía colombiana creció 7.48 por ciento en el primer semestre de este año el agro solamente lo hizo a una tasa de 2.38 por ciento. La senadora Cecilia López, experta en el tema, sostiene que el grueso del crédito para el sector está destinado a los grandes terratenientes y el presidente de la Federación Nacional de Ganaderos, José Félix Lafaurie, advierte que "en los próximos años veremos una profundización de la desigualdad: más pobreza y analfabetismo en la relación campo-ciudad''.

Las adversidades colombianas, como se ve, no son pocas ni simples y es a pesar de ellas y quizá con ellas que el país debe proyectar sus posibilidades futuras de crecimiento.

Rafael Guarín, profesor universitario colombiano y colaborador cotidiano de El Nuevo Herald en temas políticos y de seguridad, considera que "en 20 años, probablemente, Colombia estará en paz con las guerrillas. La cuestión es cómo se llegará a la paz y cuál será su costo. Si el esfuerzo estatal contra los grupos armados y el narcotráfico se mantiene y se complementa la política de seguridad con una agresiva política social y de consolidación territorial, muy probablemente se logre doblegar la voluntad de lucha de las guerrillas y se consiga la paz en el marco de la democracia liberal. Pero si el desmonte de la política actual de seguridad forma parte de un gobierno de izquierda a fin a la revolución bolivariana y con el que coincidan las guerrillas, también podría existir un escenario de paz con Asamblea Constituyente de por medio y con el horizonte del "socialismo del siglo XXI''. No se puede descartar como alternativa negativa que si los logros alcanzados en seguridad no se sostienen o se estancan el país pueda enfrentar un agravamiento de la violencia y el crimen. Empero, en todos los casos, sin cambios en la política antinarcóticos el país continuará con graves problemas generados por esa actividad''.

"En materia económica'', agrega Guarín, "de conseguirse la paz, Colombia tendrá mayor capacidad de maniobra frente a Estados Unidos y podrá mirar hacia India y China para nuevos mercados. Será, de cualquier forma, importante la integración regional. Y en progreso social lamentablemente el país continuará afectado por la obligada utilización de importantes recursos destinados al combate del terrorismo y a las consecuencias que éste tiene en el desarrollo económico y social. sk,5 Colombia se integrará cada vez más a la nueva realidad de la globalización, pero se ahondará la brecha entre las zonas rurales y urbanas y debido a las graves diferencias en el acceso a educación de calidad la desigualdad de oportunidad será cada vez mayor. Una de las grandes oportunidades del país es comenzar a pensar cómo aprovechar su condición de potencia hídrica y en medio ambiente, en un siglo en que estos recursos serán definitivos''.

Ricardo Sánchez Ángel, analista político y profesor de las facultades de leyes de las universidades Nacional de Colombia y Externado de Colombia, en una reflexión para El Nuevo Herald sobre el futuro inmediato de Colombia, recisó:

"El escenario del país en los próximos quince años se puede visualizar con esta metáfora: ‘río revuelto'. A condición que haya continuismo en las políticas gubernamentales encarnadas por el señor presidente Álvaro Uribe. Se agudizará el conflicto armado con las FARC y el ELN (guerrillas de izquierda), continuará la guerra contra el narcotráfico, dado el evidente fracaso actual, la expansión de cultivos y el mantenimiento del consumo internacional.

"En medio de fluctuaciones económicas en que es previsible ver el decaimiento de la economía internacional y la recesión doméstica, se mantendrá el proceso de concentración de la riqueza y la propiedad territorial; con la contrapartida del aumento de las desigualdades. Recuérdese que en la actualidad, después de Brasil, Colombia es el país con los mayores niveles de desigualdad en la región. La incorporación a la legalidad de una capa significativa de veteranos paramilitares y narcotraficantes le dará nuevos aires a un modelo de derecha, económica y política.

"Sin embargo, hay vientos fuertes que contrarían esta perspectiva y aún con ‘río revuelto', el país y la política electoral pueden moverse hacia la izquierda democrática, en el sentido de Brasil o Ecuador, en todo caso el influjo de lo que sucede en América Latina tendrá repercusiones en Colombia. Un gobierno del Polo Democrático Alternativo (partido opositor que congrega a la mayor parte de los matices de izquierda contrarios a la violencia), presidido por Carlos Gaviria Díaz en el 2010, significaría el comienzo de un viraje, de una rectificación histórica a favor de la paz, los pobres y la democracia''.

Juana Téllez, Economista-Jefe del Banco Bilbao Vizcaya, BBVA, en Colombia, uno de los más grandes y prestigiosos del país, entregó a este diario la siguiente visión de futuro económico: "Colombia está en la actualidad disfrutando un período de dinámico crecimiento que le permitió crecer por encima del 6.5 por ciento durante cuatro trimestres consecutivos. Este dinámico crecimiento ha estado sustentado en una importante expansión de la demanda interna y dentro de esta, tanto del consumo como de la inversión privada. Los buenos resultados han respondido a una mejora en la credibilidad y consistencia de las políticas públicas así como a un avance significativo en los niveles de confianza interna, y por consiguiente una mejora en el clima para los negocios.

"Bajos y estables niveles de inflación, disminución de las tasas reales de interés y mejora en los resultados fiscales, son los indicadores que diferencian a la Colombia actual de la de principios de los noventa.

"Ante este punto de partida, los años por venir serán unos años de consolidación de los dinámicos resultados de crecimiento en niveles menores a los observados actualmente, pero más consistentes con el crecimiento potencial de la economía. La inflación regresará al rango meta establecido por el Emisor durante 2008 y a partir de ese momento se concentrarán los esfuerzos de la autoridad monetaria en alcanzar la meta de largo plazo (3 por ciento +-1 por ciento).

"Esta consolidación no está exenta de riesgos y vulnerabilidades ante el desempeño de la economía global, en particular el de nuestros principales socios comerciales y el de los mercados financieros mundiales, así como de la evolución de la demanda interna y las cuentas fiscales.

"Por su parte los establecimientos de crédito continuarán con la dinámica expansión de los últimos años. El acceso masivo a los servicios financieros formales de los colombianos que en la actualidad no tienen acceso a ellos, será el tema de los años por venir. Los indicadores de bancarización son aún muy bajos en Colombia y una expansión masiva de los servicios financieros permitirá el acceso en mejores condiciones al grueso de la población.

"En términos sociales, el dinámico desempeño económico y las políticas públicas dirigidas, disminuirán los niveles de pobreza e indigencia y permitirá que cada vez más colombianos tengan acceso a educación preescolar, media y universitaria, durante los próximos 15 años'', concluyó Téllez.

En agosto pasado la calificadora de riesgos internacional Moody's, en su informe anual sobre Colombia advirtió que el rebrote económico actual del país es consecuencia "en gran medida'' de "la mejora reportada en la situación de seguridad del país'', el factor que en otras mediciones mencionadas arriba genera felicidad y optimismo. La autora del informe, Alessandra Alecci, no obstante, advierte: "existe el riesgo de que una menor confianza en la política de seguridad afecte la actividad económica''.

También, dice que Moody's observa que el país tiene condiciones desfavorables en comparación con los mercados que sí son calificados con grado de inversión. "Para los próximos años, no prevemos una reducción adicional importante en la carga de la deuda motivada por políticas económicas'', predice y asegura que la posición de la deuda del gobierno colombiano hoy es considerablemente peor de lo que fue antes de que se desatara la crisis económica de 1998 que produjo una recesión de varios años y un retroceso notable en el desarrollo.

Alecci asegura que "varios indicadores fundamentales de la deuda siguen siendo desfavorables en comparación con otros países que tienen grado de inversión''.

Durante la reciente convención de la Asociación de Exportadores colombianos, Analdex, este gremio concluyó que a la economía nacional todavía le falta mucho para abrirse al mundo y exponer su oferta exportadora que sigue siendo la misma desde hace 30 años.

A pesar de que existen alrededor de 12 mil empresas exportadoras, solamente 32 hacen ventas anuales por más de $100 millones.

El gobierno colombiano quiere que el país llegue a hacer ventas de $40,000 millones en 2010, para lo cual, sin mirar todavía a Asia, negocia acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y Canadá.

De acuerdo con Analdex, una operación de comercio exterior en Colombia requiere de al menos 20 trámites burocráticos en once agencias estatales y los movimientos de productos desde y hacia los puertos nacionales suele encarecerlos hasta 20 por ciento por culpa de deficiencias en los atrasados sistemas de infraestructura pública para el transporte y fallas logísticas.

Colombia sigue siendo un país en vías de desarrollo en el que la violencia y el narcotráfico enrarecen más que en otros las condiciones de atraso, injusticia, corrupción, inseguridad y marginalidad social propias del Tercer Mundo.

No obstante, con una "nueva clase empresarial y con un país seguro e integrado al mundo, a Colombia no la para nadie'', sostiene Santiago Montenegro, reputado consultor privado y ex director del Departamento de Planeación Nacional.

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