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Fallece el escritor cubano Lisandro Otero

El novelista, periodista y diplomático Lisandro Otero, vinculado a polémicos acontecimientos de la cultura cubana contemporánea, falleció el pasado jueves en La Habana a los 75 años.

La prensa oficial cubana informó ayer del deceso, sin revelar las causas, y anunció que en los próximos días las principales instituciones literarias y culturales de la isla "convocarán al homenaje póstumo que una figura de su trascendencia cultural merece''. Su cadáver será cremado.

Sin embargo, la figura de Otero, una personalidad intelectual que se desempeñó como funcionario del régimen de Fidel Castro en importantes misiones, deja una estela de opiniones encontradas en Cuba y en exilio.

Nacido en La Habana en 1932, su padre fue un conocido periodista de la legendaria revista ‘‘Bohemia''. Estudió Periodismo y Filosofía y Letras en Cuba, y a partir de 1954 cursó estudios literarios en la Universidad de La Sorbona en París.

A su regreso a Cuba, en 1956, ejerció el periodismo y participó en la lucha clandestina contra el régimen de Fulgencio Batista. En esa época apareció su primer libro de ficción, "Tabaco para un jueves santo y otros cuentos cubanos''(1955).

Al triunfo de la revolución castrista, fue director de la municipalidad de La Habana en 1959 y luego transitó por importantes cargos periodísticos y culturales: jefe de redacción del periódico Revolución (1960-61), secretario de la oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), director de las revistas "Cuba'' (1963-68) y "Revolución y Cultura'' (1968), y vicepresidente desde 1966 del Consejo Nacional de Cultura (CNC), un organismo que jugaría un papel de control, censura y dognmatización de la vida cultural del país.

En 1963 Otero ganó el Premio de Novela Casa de las Américas con "La situación'', considerada entre sus principales piezas narrativas. En 1968 otra novela suya, "Pasión de Urbino'', sería el foco de una encendida polémica en las páginas de la revista "El Caimán Barbudo'', protagonizada por el poeta Heberto Padilla.

La defensa de Padilla a favor de la novela de Guillermo Cabrera Infante, "Tres tristes tigres'' (ganadora del Premio Biblioteca Breve 1964 en España) y contra "Pasión de Urbino'', fue apenas el preámbulo del proceso conocido como "Caso Padilla'' y que concluiría con el encarcelamiento del poeta en 1971.

Atrincherado en las posturas estéticas y políticas más radicales, Otero tuvo también responsabilidades como director de Información y Relaciones Culturales de la Cancillería cubana, y fungió como consejero cultural en Chile durante el gobierno de Salvador Allende (1970-73), Gran Bretaña y la extinta Unión Soviética.

De regreso a Cuba, presidió la comisión organizadora del IV Congreso de la UNEAC, en 1988, pero no recibió apoyo de la membresía para convertirse en presidente de esa asociación.

Poco después se radicó en México, donde fue director editorial del periódico "Excelsior'' y fundador del semanario "Arena''. En 1992 un artículo suyo con fuertes críticas a la situación cubana apareció en "Le Monde Diplomatique'', en lo que parecía una ruptura definitiva con el régimen de La Habana.

Sus memorias tituladas "Llover sobre mojado'', de 1997, provocaron un intenso debate en torno al autor, luego de que la edición mexicana de 1999 incluyera fragmentos omitidos en la edición publicada en Cuba.

Por entonces, Otero adoptó la ciudadanía mexicana y tejió fuertes lazos con el candidato presidencial Francisco Lavastida, aspirante por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Pero tras la derrota del PRI en las elecciones del 2000, el escritor retornó a Cuba, y emprendió una ruta de férrea defensa de la revolución castrista.

Otero fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura en el 2002 y se convirtió en Presidente de la Academia Cubana de la Lengua en el 2004.

En el 2003 estuvo entre los firmantes de una carta pública de intelectuales cubanos en respaldo a la ola represiva contra el movimiento disidente y al fusilamiento de tres jóvenes que intentaron robarse una lancha para viajar a Estados Unidos.

En su etapa final como periodísta fue un acerbo crítico de la globalización y de la lucha declarada por Washington contra el terrorismo.

Al producirse los ataques terroristas en Londres en julio del 2005, escribió: "Los atentados de Londres son la expresión de la justa cólera de los martirizados. Los mansos han decidido dejar de serlo''.

Entre sus más de 20 obras --traducidas a 14 idiomas-- figuran además los ensayos "Cuba Z.D.A''. (1960) y "En busca de Viet Nam'' (1970), y las novelas "En ciudad semejante'' (1970), ‘‘Temporada de ángeles'' (1983), "Bolero'' (1994) y "Arbol de la vida'' (1990).

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