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SIDA: 25 años de fracasos y esperanzas

Pese a los éxitos logrados hasta el momento, 25 años después del descubrimiento del virus del sida, el camino se vislumbra largo y difícil hasta llegar a controlar este flagelo mundial, que todavía carece de vacuna.

El 20 de mayo de 1983, en un artículo publicado en la revista norteamericana Science, un equipo de médicos e investigadores del Instituto Pasteur (París, Francia), dirigido por el profesor Luc Montagnier, describe un nuevo tipo de virus, diferente a los conocidos y sospechoso de ser el responsable del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).

Aislado a partir de un paciente seropositivo, este virus es bautizado LAV por virus asociado a la linfadenopatía, en alusión a la hinchazón de los ganglios (adenopatía), un signo precursor de la enfermedad.

"Hubiera preferido (celebrar) el aniversario del fin de la epidemia antes que el de la publicación'' del artículo, declaró a la AFP el profesor Montagnier.

Los trabajos franceses aportaron los primeros argumentos sobre la responsabilidad del virus en la enfermedad. Al año siguiente, el equipo estadounidense del profesor Robert Gallo contribuyó a dilucidar la causa del sida, reafirmando el papel de este agente letal.

Este descubrimiento permitió preparar "una prueba de detección del virus en la sangre, implantar y desarrollar políticas sanitarias de prevención correctas y obtener los inhibidores (del virus) que permiten tratar a los pacientes, pero no sanarlos'', resume Montagnier.

Nunca la ciencia y la medicina fueran tan rápidas en el descubrimiento de una enfermedad, en la identificación de su origen y en proponer las bases del tratamiento del "cáncer gay'', término de la prensa anglosajona para aludir a los pacientes norteamericanos homosexuales que permitieron revelar al mundo el mal.

Había razones para el optimismo. ¿Acaso no se habían vencido, por la higiene, los antibióticos y las vacunas, numerosas enfermedades infecciosas?

Lamentablemente, no se contaba con que el virus, ahora llamado VIH, presentaría una extraordinaria capacidad para desafiar los esquemas conocidos y burlar todas las defensas del cuerpo.

En abril de 1984, Margaret Heckler, subsecretaria de Sanidad norteamericana anunciaba triunfalmente el ‘‘descubrimiento'' del virus del sida por el equipo del profesor Gallo. "Esperamos tener una vacuna lista para ser ensayada en más o menos dos años'', exclamó.

Promesas parecidas de vacunas han sido lanzadas año a año, pero los científicos se han vuelto más prudentes, teniendo en cuenta la extrema complejidad del virus. La investigación científica no ha decaído, pero el mundo sigue sin una vacuna preventiva antisida.

Una guerra por las patentes de los tests y por los derechos animaron la rivalidad Gallo-Montagnier, con una denuncia ante la justicia norteamericana del Instituto Pasteur, una queja que llevó a un acuerdo en 1987.

La revista científica Nature publicó entonces una ‘‘cronología de la investigación sobre el sida'', surgida de la negociación y redactada por los dos ex rivales.

En la actualidad, unos 33 millones de personas están infectadas y se estima que la epidemia ha segado la vida de 25 millones de personas.

Los poderosos cócteles antiretrovirales que aparecieron a mediados de los años 90 han transformado el diagnóstico de sentencia de muerte en una forma de enfermedad crónica, incluso si las malicias del virus obligan a renovar las combinaciones terapéuticas y a hallar otras moléculas.

Como en el caso de las vacunas, los intentos de hallar microbicidas, geles vaginales protectores, no han fructificado. En pleno siglo XXI, la protección en las relaciones sexuales sigue basándose en el preservativo.

Mientras tanto, el virus sigue propagándose aprovechándose de la ignorancia, los prejuicios y todavía hoy de la falta de compromiso de los mandatarios políticos.

El acceso a los medicamentos se mantiene restringido. "En Africa, apenas el 10% de las personas necesitadas recibe tratamiento'', deplora Olivier Schwartz, investigador del Instituto Pasteur.

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