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Nuevos aires soplan en Irak

Estados Unidos está ganando una guerra que hace dos años parecía perdida.

Es probable que duros combates y periódicos ataques terroristas sigan ocurriendo en Irak, posiblemente durante años. Pero los gobiernos de Irak y Estados Unidos ahora pueden desplazar el centro de su atención del campo de batalla a crear la paz, una transición que hace un año muchos consideraban impensable.

Pese a los ocasionales estallidos de violencia, Irak ha llegado al punto en que los insurgentes, que en un momento controlaban ciudades completas, ya no tienen el poder de amenazar la viabilidad del gobierno central.

Eso no significa que la guerra haya terminado o que los soldados estadounidenses no tengan un papel en Irak. Significa que finalmente la fase del combate está por terminar, años después que el presidente Bush anunciara el fin de las operaciones militares. La nueva fase se concentra en la capacitación del ejército y la policía iraquíes, la restricción del flujo de armas ilícitas desde Irán, el apoyo a vínculos más estrechos entre Bagdad y los gobiernos locales, el impulso a la integración de los antiguos insurgentes en legítimos empleos gubernamentales y la ayuda a la reconstrucción de la economía.

Todavía hay escaramuzas militares, especialmente contra los reductos de Al Qaida al norte de Bagdad. Pero la resistencia organizada, con las constantes bombas, secuestros, asesinatos y emboscadas que en otra época estremecían diariamente a la capital, prácticamente ha cesado.

Esto representa algo más que una pausa en la violencia. Refleja un sustancial desplazamiento en la perspectiva de la minoría sunita, que estaba en el poder con Saddam Hussein y que lanzó la insurgencia hace cinco años. Ahora están marginados o han cambiado de bando y cooperan con los estadounidenses a cambio de dinero y apoyo político.

El general David Petraeus, jefe de las fuerzas de Estados Unidos en Irak, declaró la semana pasada a The Associated Press que hay señales de que altos dirigentes de Al Qaida pudieran estar pensando en cambiar el foco de sus actividades de Irak a Afganistán.

Ryan Crocker, embajador de Estados Unidos en Irak, declaró el jueves a la AP que la insurgencia ha bajado al punto en que ya no era una amenaza para el futuro de Irak.

"Está claro que la insurgencia no puede derrocar al gobierno y, en realidad, ni siquiera desafiarlo'', dijo Crocker. "Prácticamente no está en posición de enfrentársele. En gran medida, lo que queda de la insurgencia apenas trata de sobrevivir''.

Las milicias chiitas, especialmente el Ejército Mahdi de Muqtada al Sadr, ha perdido sus bases de poder en Bagdad, Basora y otras grandes ciudades. Un paso importante fue la derrota de los extremistas chiitas está primavera en los barrios bajos de Ciudad Sadr en el este de Bagdad, ahora un distrito tranquilo aunque no completamente seguro.

Al Sadr y sus principales lugartenientes están en Irán. Todavía hablan de regresar pero enfrentan grandes obstáculos, como la pérdida de apoyo entre la población chiita cansada de la guerra y ya no tan aterrorizada por los extremistas sunitas como hace un par de años.

La prematura declaración de misión cumplida del presidente tras el derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein en mayo del 2003 ha convencido a los jefes militares de que la mejor política de relaciones públicas es prometer poco y agregar a todas las buenas noticias la salvedad de que "la seguridad es frágil'' y que las mejoras, aunque alentadoras, "no son irreversibles''.

Irak todavía enfrenta una montaña de problemas: rivalidades sectarias, luchas intestinas en las comunidades sunita y chiita, las tensiones entre kurdos y árabes y la corrupción. Y cualquiera de pudiera provocar nuevos combates.

Pero la subyacente dinámica de la sociedad iraquí --que frustró las esperanzas de Estados Unidos de una retirada poco después de la caída de Bagdad-- ha cambiado de manera importante en los últimos meses.

Los sistemáticos asesinatos sectarios prácticamente han terminado en la capital, en gran medida debido a una estricta seguridad y a una estrategia de amurallar los barrios purgados de minorías en el 2006.

Esto ha ayudado a establecer un sentido de normalidad en las calles de la capital. La gente expresa una nueva confianza en sus propias fuerzas de seguridad, las que a su vez muestran nuevos bríos en el combate de la insurgencia, mayormente en retirada.

Las estadísticas muestran que la violencia está en su punto más bajo en cuatro años. La cifra mensual de estadounidenses muertos está en su nivel más bajo de la guerra, cuatro muertos en acción en lo que va del mes, en comparación con 66 en julio del año pasado. De un promedio diario de 160 ataques insurgentes en julio del 2007, el promedio ha bajado a par de docenas en lo que va de mes. El miércoles pasado, el total en todo el país fue de 13.

Pero más allá, hay algo nuevo en el aire de Irak este verano.

En Bagdad todos los fines de semana los parques se están llenando de familias que meriendan y juegan con sus hijos. Esto era impensable hace un año, cuando aparecieron las primeras señales de un viraje.

Ahora ha llegado el momento en que los iraquíes traten de convertir estas señales positivas en una estabilidad perdurable.

Las interrogantes que enfrentan tanto lo estadounidenses como iraquíes son: ¿qué tipo de ayuda necesitará el país de las fuerzas norteamericanas y durante cuánto tiempo? Esto tomará una mayor importancia en lo que se acercan las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en las que un candidato promete una retirada y el otro insiste en la necesidad de quedarse.

Las autoridades iraquíes se han vuelto dependientes del Ejército de Estados Unidos tras más de cinco años de guerra. Aunque aspiran a una plena soberanía y a no tener tropas extranjeras en su territorio, no quieren apresurar las cosas. De igual forma, los estadounidenses temen que después de perder más de 4,100 soldados, el sacrificio sea en vano.

Los comandantes estadounidenses dicen que hace falta una presencia sustancial más allá del 2009. Pero a juzgar por los avances en materia de seguridad en la primera mitad de este año --el Pentágono retiró cinco brigadas de refuerzo enviadas en el 2007-- el resto de los efectivos pudieran asumir el papel de mantener la paz en vez de combatir.

El coronel Tom James, jefe de una brigada en su tercera rotación en Irak, explica así la nueva calma. "Hemos apagado el incendio en el bosque. Ahora estamos lidiando con algunos fuegos aislados''.

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