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Huracanes agravan la miseria en Cuba

Tras las inundaciones que hicieron que el agua llegara al pecho con los recientes huracanes, los humildes vecinos de este desolado poblado pesquero en la costa sur de La Habana han encontrado una pequeña causa de regocijo: helado casero.

En un destartalado artefacto metálico, Marlen Vargas López, una figura sonriente con el pelo cortado bajito, batía una nueva mezcla y halaba una palanca para llenar cono tras cono con el sabor del día: chocolate.

"Es refrescante'', comentó un joven parado frente a la tienda bajo el despiadado sol del mediodía. "Por lo menos alivia el calor''.

Helados era prácticamente lo único que había en El Recreo, una de las pocas tiendas abiertas en Surgidero de Batabanó. Clara Balladares Gomes, otra empleada de la tienda, dijo que no había agua embotellada ni refrescos.

Aunque las inundaciones de Gustav y Ike ya quedaron atrás, una tarde reciente todavía había enormes y apestosos charcos de agua sucia frente a las pobres casas de madera.

Las casuchas eran malamente habitables antes que toda la región occidental de Cuba --desde el Golfo de Batabanó hasta Pinar del Río-- fue azotada por dos huracanes en ocho días a partir del 30 de agosto. Ahora las casas están mohosas y muchos techos gotean cuando llueve.

Al identificar a visitantes en la calle, una mujer de mediana edad en unos shorts muy usados los seguía ofreciéndoles albergue y comida en una casa particular. Ahora más que nunca le haría falta el dinero.

Es probable que los dos huracanes hayan sido el peor desastre natural en la historia de la isla. Los cálculos preliminares de daños indican unos $5,000 millones. Según información publicada en el periódico Opciones, más de 444,000 casas fueron afectadas y unas 63,249 totalmente destruidas. La red eléctrica está seriamente afectada. Gustav echó a perder más de 800 toneladas de tabaco.

Muchas otras cosechas ha sufrido terribles daños. La semana pasada, a lo largo de la Carretera Central en Pinar del Río, un pequeño grupo de trabajadores, arrodillados en un campo inundado, arrancaba las plantas de raíz. Un fatigado obrero levantó la cabeza y explicó que gran parte de la cosecha está dañada.

Las masivas evacuaciones y los preparativos antes de la llegada de los huracanes ayudaron a minimizar las pérdidas humanas. Hasta las habitaciones de hotel tienen información detallada sobre qué hacer en caso de ciclón. Varios lugareños dijeron que estaban acostumbrados a los huracanes y que los seguían atentamente para saber si tenían que prepararse.

A pesar de la devastación en Surgidero de Batabanó, los niños --los hijos de los pescadores-- jugaban en la calle, chapoteando alegremente en los charcos de agua sucia.

El gobierno parece estar trabajando duro en la recuperación. La semana pasada en Viñales muchos trabajadores del gobierno se sumaron a la limpieza y los obreros de la empresa eléctrica trabajaban intensamente para reactivar el servicio, levantando nuevos postes y poniendo líneas.

Las autoridades, por su parte, culpan de todos los problemas al embargo de Estados Unidos. En el periódico Granma, una artículo planteó que medio siglo de guerra económica contra la isla dificultaba la reconstrucción porque Cuba es un país pequeño con recursos financieros limitados.

Pero el gobierno no ha informado mucho sobre las ofertas de ayuda de Estados Unidos, que ha rechazado.

En Surgidero de Batabanó hubo en estos días una pequeña señal de ayuda gubernamental: la llegada de dos grandes camiones cargados de bloques de cemento. Incluso así, los vecinos se cuentan entre los relativamente dichosos en comparación con otros.

El pueblo, unas 30 millas al sur de La Habana, sirve de base al servicio transporte por mar a la Isla de la Juventud, un popular destino turístico devastado por los dos ciclones que sigue sin servicio eléctrico. La mayor parte de las casas que albergaban huéspedes han sido destruidas, por lo que ya no tienen acceso a dólares. Según los partes de la prensa cubana, 80 por ciento de la producción de pollos de la isla ha sido gravemente afectada.

Nadie sabe cuanto demorará la isla en reconstruir la infraestructura para reactivar el turismo. Pero, por ahora, las autoridades no permiten la entrada de visitantes.

La semana pasada, en el Aeropuerto de La Habana, una agente de Cubana de Aviación llamaba a no visitar la Isla de la Juventud. "¿Para qué ir a allí?", preguntaba. "Está totalmente destruida''.

El corresponsal no se identifica porque no tiene la visa que exige el gobierno cubano para reportar desde la isla.

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