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Pánico en los mercados

En vez de mejorar la confianza en la economía, el rescate de $700,000 millones del gobierno pareció activar una alarma mundial.

Desde Asia hasta Europa, pasando por Wall Street, ayer hubo una venta desenfrenada y temerosa de activos mientras las autoridades federales trabajan en un plan que los inversionistas temen que no sea suficiente, y llegue demasiado tarde, para evitar una recesión mundial.

Aunque los mercados de todo el mundo cayeron en baja en medio de una ansiedad cada vez más extendida, las autoridades en Washington trabajaban con ahínco para implementar el nuevo plan financiero e inyectar más dinero al sistema bancario.

El Departamento del Tesoro nombró a Neel Kashari, ex ejecutivo de Goldman Sachs, y ahora subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales, a cargo del nuevo programa e informó que aumentaría la venta de bonos del Tesoro para ayudar a pagar el enorme rescate financiero.

Tratando de hacer su parte, la Reserva Federal amplió a $900,000 millones un programa de préstamos a corto plazo y anunció que comenzará a pagar interés sobre las reservas que los bancos tienen en la institución.

Bush trató de calmar los atribulados mercados. "Restaurar la confianza en el sistema financiero demorará un poco. Pero si de algo el público puede estar seguro es que la ley que firmé es un gran paso para solucionar el problema'', dijo Bush en San Antonio, Texas.

Pero nadie pareció recuperar la confianza y el caos en el sistema financiero parecía crecer por minuto.

El Promedio Industrial Dow Jones bajó de los 10,000 puntos por primera vez en cuatro años y en un momento llegó a perder 800 puntos, antes de recuperarse para cerrar con una pérdida de 370 enteros. Todos los sectores, no solo el financiero, estaban en una baja pronunciada.

"La gente está asustada de sus bancos van a quebrar. La gente ha perdido mucha confianza en el sistema financiero y en estas grandes instituciones'', dijo Anil Kashyap, profesor de Economía y Finanzas de la Facultad de Posgrado de Negocios de la Universidad de Chicago. Sugirió que la crisis ha evolucionado de prácticamente la ausencia de dinero para prestar a una nueva y más peligrosa fase en que las firmas financieras y de otros sectores enfrentan mayores probabilidades de insolvencia.

Ese temor se fortaleció con los nuevos problemas en los bancos europeos y preocupaciones en Asia sobre una recesión global que afectaría la capacidad de exportación.

Europa se ha movido ahora al centro de la crisis de crédito, en la que los políticos europeos hasta ahora se han mostrado poco dispuestos a plantear un programa colectivo de rescate. El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, dijo ayer en Luxemburgo que piensa que los mercados financieros están exagerando los riesgos.

Todo comenzó con el auge del sector inmobiliario en Estados Unidos, ayudado por bajas tasas de interés y el aliento del gobierno a que la población comprara más viviendas. Esto hizo que se emitieran demasiadas hipotecas a personas que no podían pagarlas. Los bancos y otras entidades financieras que emitieron esos préstamos entonces los vendieron. Muchos fueron convertidos en valores y vendidos a inversionistas, ante una normativa débil del proceso.

Todo funcionó mientras el precio de la vivienda subía. Pero cuando comenzó a bajar hace varios años, la situación comenzó a debilitarse. Muchas personas se vieron debiendo más de lo que valían sus propiedades. El alza de los intereses dificultó la cobertura de los pagos mensuales de hipotecas de interés variable que comenzaban a aumentar. Crecieron las ejecuciones hipotecarias y la infección se extendió cuando se secó el mercado de hipotecas y valores respaldados por éstas.

Ahora muchos bancos e instituciones financieras no tienen fondos suficientes para cubrir sus obligaciones como resultado del desplome del valor de estos valores en sus libros. Muchos sencillamente han decidido quedarse con el efectivo que tienen. Y eso es lo que debe solucionar el rescate financiero, en el que el gobierno compra estos valores abrumados e intentar revenderlos con la esperanza de que los bancos puedan emitir préstamos nuevamente.

Pero la confianza en los bancos es ahora escasa en un campo de batalla lleno de instituciones financieras muertas, moribundas o mal heridas: Bear Stearns y Lehman Brothers.

Mientras tanto, la escasez de crédito se ha extendido de Wall Street a todas partes, afectando la disponibilidad de crédito para comprar viviendas y automóviles, préstamos para estudiantes, tarjetas de crédito e incluso préstamos a corto plazo para que las empresas paguen la nómina o crezcan. Una oscura nube de recesión se extiende sobre todo el país, donde dos terceras partes de la economía se derivan del gasto del consumidor y donde ya se cuentan nueve meses consecutivos de pérdida de empleos.

Algunos economistas destacados parecían incapaces de ofrecer alguna solución a esta espiral a la baja.

"Creo que lo que hace falta es una reducción global de los intereses. Pero creo que incluso eso no solucionaría el problema básico, que es que todos temen prestar dinero'', dijo David Wyss, jefe de economistas de Standard and Poor's en Nueva York.

La presión aumenta sobre Fed y otros bancos centrales importantes para que se alíen y anuncien una reducción global de los intereses.

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