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Hallan astillero para submarinos de los narcos

Oficiales de la Armada Nacional de Colombia y de los servicios de inteligencia de ese país (DAS), desmantelaron en las últimas horas un astillero de semisumergibles para el envío de drogas a México y Centroamérica.

La operación fue calificada como uno de los mayores golpes a la principal amenaza que se cierne sobre la guerra contra las drogas en el Pacífico.

Las autoridades navales hallaron dos semisumergibles, uno de ellos a punto de ser terminado y otro que estaba en proceso de recubrimiento con fibra de vidrio, informó ayer la Armada Nacional.

Con dimensiones de 17 metros de largo por cinco de ancho, las naves fueron halladas en un remoto paraje del parque natural de Sanquianga, en el departamento de Nariño, al sur del país. El parque está situado frente a las costas del Pacífico colombiano.

"Esta es la mayor amenaza a la lucha contra el narcotráfico en esta zona porque estos aparatos tienen una gran capacidad de carga y un perfil que los hace muy poco detectables, es un concepto revolucionario'', explicó a El Nuevo Herald el capitán Germán Borrero, comandante del servicio guardacostas del Pacífico de la Armada Nacional.

Aunque en los últimos meses la Armada ha interceptado en el alta mar varios de estos artefactos y ha hallado abandonados otros en terrenos costeros, ésta es la primera vez que se descubre un taller dedicado a su fabricación.

En el sitio se encontró "una estructura campamentaria para cuarenta personas, bodegas, maquinaria, herramientas y equipos utilizados en la fabricación de estos artefactos'', informó la Armada.

Los "narcosubmarinos'' tienen una capacidad para transportar entre ocho y 10 toneladas de cocaína. La droga es almacenada en la proa de la embarcación.

Borrero calcula que la construcción de la nave puede llegar a costar $1 millón considerando el valor de los materiales transportados a un lugar tan remoto y agreste como en el que fueron hallados y la contratación de obreros a quienes ‘‘además del trabajo se les paga el silencio y la complicidad'', explicó el oficial.

En una entrevista con El Nuevo Herald, Borrero explicó las características de esta industria clandestina que se suman al ingenio criminal de otros métodos utilizados por los narcotráficantes para burlar los controles de las autoridades.

Los fabricantes del sumergible construyen el esqueleto con madera que luego recubren con fibra de vidrio y aunque no cuentan con cámaras de inmerssión, están diseñados para que el peso de la droga y otros elementos de la estructura, faciliten su desplazamiento a ras de mar.

A las naves de 15 a 18 metros de eslora se les instala un motor de combustión diésel de unos 250 caballos de fuerza que les permite avanzar a una velocidad de 14 nudos, equivalente a la de un buque mercante mediano.

Una mínima parte de la estructura del aparato avanza por fuera de la superificie del mar lo que hace casi imposible su localización en los radares de las lanchas guardacostas.

Usualmente en el interior del aparato viaja una tripulación integrada por el capitán que avisora de pie a través de dos ventanillas, un maquinista, un marinero y un representante del propietario de la droga.

"Las condiciones adentro son terribles, no hay ninguna comodidad, no hay baños y los tripulantes hacen turnos durmiento en colchonetas que ponen sobre los tanques de gasolina'', agregó Borrero.

En la pequeña cabina de mando son instalados radios UHF o de comunicación satelital a través de los cuales la tripulación se comunica con sus supervisores y reporta su ubicación en lenguaje cifrado.

Entre Colombia y México las rutas más comunes no son directas, indicó Borrero, sino que muestran desvíos irregulares que les permiten a los narcotraficantes navegar un buen trayecto en zonas relativamente sin vigilancia como es el caso de Ecuador, país que no tiene ningúna acuerdo de interdicción con Estados Unidos.

Una de esa rutas va desde el Pacífico sur de Colombia hasta los extremos sur o norte de Isla Galápagos, Ecuador, y de allí remonta hacia el Golfo de Tehuantepec, México, el preferido de los narcotraficantes, según Borrero.

En julio la Armada de México interceptó en esta zona --a 250 kilómetros del puerto de Salina Cruz-- un minisubmarino con un cargamento de cocaína y cuatro tripulantes colombianos a bordo que habían salido del puerto colombiano de Buenaventura.

Los transportadores entregan la cocaína a embarcaciones que salen a su encuentro a unas 80 a 100 millas de las costas. La travesía puede tardar entre siete a 15 días.

Borrero considera que en la cadena de diseño, fabricación y operación de los sumergibles hay personas expertas con algún grado de estudio de ingeniería naval, pues de otra manera no se explicaría el acucioso diseño de los cascos de los artefactos para permitir un mayor rendimiento del combustible.

A esto se agrega, explicó el oficial, que la mayoría de los pobladores de la zona es gente con una gran experiencia en navegación.

De forma paralela a la operación se realizaron cuatro capturas en diferentes lugares de Colombia, que están directamente relacionadas con la banda que construía y distribuía narcóticos a través de este tipo de artefactos, informó la Armada.

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