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La isla de los contrabandistas

El bahamés Lambert Kemp dice que transportó personas de Nassau a Bimini, y de ahí a la Florida, 
hasta el año pasado. En su último viaje tenía 13 haitianos en una lancha de 14 pies de eslora 
cuando el viento se intensificó y el mar empezó a picarse.
El bahamés Lambert Kemp dice que transportó personas de Nassau a Bimini, y de ahí a la Florida, hasta el año pasado. En su último viaje tenía 13 haitianos en una lancha de 14 pies de eslora cuando el viento se intensificó y el mar empezó a picarse.

Con un vaso de ron ligero Barton como desayuno, Eric Hinzey está sentado en un muro cerca de la playa de Bimini, guiñando el ojo que le queda, y hace un gesto hacia las 50 millas de agua que separan esa isla de Miami.

"La gente viene de Haití, de Cuba y de muchos otros lugares, y nosotros tratamos de llevarlos a su destino'', dice Hinzey, de 49 años, encogiéndose de hombros. "No estamos haciendo nada malo, simplemente tratamos de salvarles la vida''.

Hinzey es uno de muchos ex contrabandistas de Bimini que se han aprovechado de la proximidad de ese archipiélago a Estados Unidos.

A pesar del letrero en la marina que se describe a Bimini como "la puerta de las Bahamas'', para generaciones emigrantes del Caribe, Latinoamérica y hasta China estas islas arenosas han sido la puerta ilegal de entrada a Estados Unidos a través del sur de la Florida.

Desde 1920, cuando los contrabandistas de ron usaban chinos para llevar su mercancía a Estados Unidos por la Florida, muchos consideran a Bimini como la última escala en el viaje a una vida nueva en Estados Unidos.

Para muchos los habitantes, la proximidad de Estados Unidos ha sido una empresa familiar, que se nutre de la cantidad de personas que quieren viajar ilegalmente a Estados Unidos, junto al sector turístico.

"Si vives en esta isla, tienes algún pariente contrabandista. Está en nuestra sangre'', dice el historiador local Ashley Saunders.

Con el declive económico en Estados Unidos y la pérdida de empleos, los dos giros sectores se han afectado y se ha creado un repentino auge de ex contrabandistas. Pero aunque que el transporte de inmigrantes indocumentados ha disminuido, los biminitas dicen que muchos siguen arriesgando la vida en el peligroso viaje por mar.

"Ya los grupos no son tan grandes como antes, pero . . . los que quieren hacer dinero todavía tienen oportunidad'', dice Jeff Dubel, funcionario de Asuntos Exteriores de la embajada de Estados Unidos en Nassau, refiriéndose al contrabando humano desde las Bahamas. "Ese contrabando provoca muchas pérdidas de vidas en el mar''.

Detrás de la fachada turística, grupos de inmigrantes periódicamente se albergan en muchas casas en las colinas del norte de la isla en espera del aviso de que su barco está listo y que el tiempo es favorable para el último trecho de la travesía.

Aunque el viaje por mar puede demorar sólo una hora en una lancha rápida, ha resultado ser engañosamente traicionero para cientos de personas que han muerto en el mar.

Cada año se confirman por lo menos 50 muertes en esos viajes ilegales desde Bahamas, Haití y República Dominicana, pero el Servicio Guardacostas calcula que la cifra real es el doble. La semana pasada dos dominicanos fueron rescatados con vida después de estar a la deriva casi un mes. Se cree que los 49 que los acompañaban, informó ayer la Marina dominicana, murieron.

Se cree que en septiembre y noviembre murieron 120 personas en esa zona, entre ellos 33 que desaparecieron de un bote encontrado en las Bahamas el mes pasado, informó el capitán Peter Brown.

Esos casos "son trágicos, pero lamentablemente son comunes'', dijo Brown, jefe de funciones policiales del Séptimo Distrito del Servicio Guardacostas, que incluye la Florida y las Bahamas.

Los contrabandistas y su carga humana cruzan el mar en naves que lo mismo pueden ser las llamadas "cigarretas'' que botecitos donde sólo caben tres personas. A los radares del Servicio Guardacostas les es más difícil detectar las embarcaciones pequeñas, según los traficantes.

El bahamés Lambert Kemp dice que transportó personas de Nassau a Bimini, y de ahí a la Florida, hasta el año pasado. En su último viaje tenía 13 haitianos en una lancha de 14 pies de eslora cuando el viento se intensificó y el mar empezó a picarse.

"Tuve que regresar'', dice Kemp, de 54 años. "A veces ahora la gente me dice que lo vuelva a intentar y les digo que no, que el mar es cosa seria''.

El gran número de muertes relacionadas con el tráfico humano, frecuentemente porque los capitanes sobrecargan las embarcaciones u obligan a los emigrantes a saltar al mar antes de llegar a la orilla, ha hecho que muchos en Bimini se opongan al contrabando.

"Ese es mi temor, que mueran tantos porque los ponen en botes muy frágiles'', dice el reverendo Stanley Pinder, de 73 años, de la iglesia bautista Mt. Zion Missionary. "Si los contrabandistas siguen por ese camino peligroso, sólo podrán ir a parar a dos lugares: al cementerio o la cárcel''.

Muchos de los traficantes dicen que han gestionado complicados acuerdos con colaboradores en otros países que traen los inmigrantes a Bimini.

"Yo sólo trabajaba con Colombia. Iba una vez al mes o algo así'', dice Hutch, un biminita que sólo quiso dar su apodo porque teme que se revelen sus actividades ilícitas. "Lo hice durante años''.

A razón de $1,800 por persona, Hutch los llevaba a un albergue y después, de 15 en 15, los trasladaba en una embarcación de 30 pies de eslora. Una noche hace cuatro años hizo ocho viajes.

"El negocio ha decaído'', dice Hutch, de 70 años, quien dijo después que dejó el contrabando humano hace dos años. "Están atrapando a la gente''. Pero admite que el negocio sigue.

"Toda esa gente dice que lo han dejado, pero que cuando les ofrezcan viajes lucrativos no lo van a pensar dos veces'', aseveró.

Antes, tener que pasar algún tiempo en el Centro de Detención Krome en el sur de la Florida, a donde frecuentemente van a parar los indocumentados, se consideraba un precio aceptable para los ingresos derivados del contrabando. Muchos traficantes, entre ellos Hinzey y Hutch, dicen que han tenido que pasar meses detenidos en Krome.

Pero ahora se ha intensificado la vigilancia de Servicio Guardacostas y las Fuerzas de Defensa de las Bahamas y las sentencias de cárcel han arruinado el apetito de muchos por el negocio. Los fiscales federales han procesado en los últimos 12 meses más encausamientos (32) contra 67 hombres acusados de contrabando humano, solamente en el año reciente.

"Todas mis amistades están presas por cosas que yo acostumbraba a hacer'', dijo Kemp. No tiene sentido ahora crearse problemas con los guardacostas por los ahogados''.

cwoods@MiamiHerald.com

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