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Huracanes dan nuevos bríos a la propaganda política en Cuba

El reparto harto conocido de personalidades de la prolífica guerra de propaganda de Cuba --Fidel Castro, Che Guevara y Camilo Cienfuegos-- ha crecido recientemente con la adición de Gustav, Ike y Paloma.

Luego de 50 años de proclamar el éxito de la revolución cubana en murales callejeros, manifestaciones públicas y los medios de prensa estatales, los tres ciclones que azotaron la isla este año se han convertido en una nueva plataforma para la campaña de propaganda del gobierno.

La destrucción causada por las tormentas en el curso de tres meses, que se calcula en 10,000 millones de dólares, ha alimentado anuncios y noticieros de televisión que enfatizan el papel del gobierno en proteger a la gente antes y después de las tormentas.

La televisión muestra imágenes de familias rescatadas por personal del gobierno en zonas inundadas con mensajes como: "Este es el momento de mostrar nuestra unidad''.

Los noticieros nocturnos después de las tormentas recuerdan a los televidentes que las evacuaciones protegieron a la población y se evitaron los cientos de muertes que hubo en otros países afectados por los huracanes. En Cuba se reportaron siete muertes relacionadas con las tormentas, en comparación con casi 400 en Haití.

Los huracanes también le causaron a Raúl Castro su primera crisis importante desde que asumió el poder de manos de su hermano Fidel Castro en el 2006.

Antes no era tan visible como su hermano. Incluso después que los dos primeros huracanes azotaron la isla, Raúl Castro se mantuvo en los laterales y otras autoridades de gobierno hacían comentarios en televisión. Esto es un fuerte contraste con Fidel Castro, quien típicamente hubiera sido la voz principal en las ondas radiales y televisivas después de un ciclón. Su presencia se sintió de nuevo después de los huracanes en forma de artículos publicados en la prensa.

Pero cuando el huracán Paloma desgarró la costa sur de la provincia central de Camagüey en noviembre, Raúl Castro aprovechó la oportunidad para dejarse ver. Su comparecencia ante más de 900 familias albergadas en la Universidad de Camagüey fue televisada a todo el país y analizada durante varios días en los medios.

Sus órdenes de que las viviendas costeras destruidas por el ciclón se reconstruyeran a mayor distancia del mar fueron alabadas por los comentaristas y los vecinos entrevistados.

"Fidel siempre ha tranquilizado nuestras preocupaciones y Raúl ha hecho lo mismo'', dijo Renier, de 42 años, conductor de un bicitaxi de La Habana.

Aunque los mensajes de la revolución cubana pueden tener eco en algunas personas, los expertos alegan que los gritos de batalla de "Viva la Revolución'' siguen perdiendo fuerza mientras miles de cubanos abandonan la isla todos los años.

"No han podido capturar una nueva generación'', dijo Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami (UM).

"La generación más joven no quiere escuchar la propaganda'', dijo Suchlicki. "Quieren más libertad, más oportunidades. Les gustaría tener acceso a la internet; allí hay una enorme curiosidad por saber cómo es la vida fuera de la isla''.

A medida que la población batalla con la falta de alimentos y de abastecimientos, perduran los efectos de los huracanes. Los anuncios de televisión muestran hombres que arreglan techos, mujeres que sacan el agua de casas inundadas y empleados del gobierno que descargan camiones de alimentos. Una voz grave acompaña a las imágenes diciendo: "Unido el país puede recuperarse de cualquier adversidad''.

"Estos mensajes tienen por fin darle al pueblo esperanza en estos tiempos difíciles'', dijo Rafael José, vecino de La Habana que se gana la vida como guía de turismo en la histórica zona de La Habana Vieja. "La gente se entristece si sólo ve destrucción y nadie le dice que un día todo va a mejorar''.

Sin embargo, algunos cubanos se han dado cuenta que para reparar las casas dañadas y producir alimentos después de los huracanes hace falta algo más que consignas y anuncios.

"El único mensaje que a la gente realmente le interesa es saber si habrá suficiente comida y cuánto tiempo tendrá que esperar por una casa'', dijo Francisco, un vendedor callejero, frente al edificio del Capitolio.

Richard R. Cole, profesor de Periodismo de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, ha viajado a Cuba 16 veces para estudiar la influencia de los medios de prensa estatales. Cole dijo que los funcionarios cubanos no han actuado con suficiente rapidez para adaptar su mensaje a los que no son lo suficientemente viejos para recordar la llegada de Fidel Castro al poder.

"Los mensajes de hoy no tienen un efecto duradero, sobre todo cuando los cubanos tienen pocas cosas en el refrigerador y saben que tampoco encontrarán mucho en las tiendas'', dijo Cole, autor de Communications in Latin America, que explora el problema de la propaganda cubana. "La propaganda fue efectiva cuando Castro llegó al poder, pero ya todo está desapareciendo''.

"Si el mensaje llegara a la población no habría miles de personas arriesgando la vida para irse del país'', dijo Cole. "El gobierno cubano funciona con el viejo modelo soviético-comunista de la prensa controlada por el partido, pero ese modelo ya no encaja en el mundo moderno''.

The Miami Herald no revela el nombre de su corresponsal ni los nombres de los entrevistados porque el periodista no tiene autorización del gobierno para reportar desde la isla.

cuba@MiamiHerald.com

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