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Universidad pide apoyo para mantener archivos Pedro Pan

LA HERMANA Dorothy Jehle y Eloísa Echazábal revisan algunos de los documentos que forman parte de 
los archivos de la operación Pedro Pan, que mantiene la Universidad Barry.
LA HERMANA Dorothy Jehle y Eloísa Echazábal revisan algunos de los documentos que forman parte de los archivos de la operación Pedro Pan, que mantiene la Universidad Barry. El Nuevo Herald

Cuando Eloísa Echazábal revisó hace unos meses los archivos que administra la Universidad Barry sobre la Operación Pedro Pan, sus ojos se llenaron de lágrimas.

A casi medio siglo de aquel episodio que trajo a Estados Unidos a más de 14,000 niños cubanos sin sus padres, la mujer había encontrado una hoja de vida con los detalles de su llegada a Miami bajo el paraguas de la histórica movilización.

La ficha es parte de una voluminosa base de datos, que constituye el registro más completo sobre el único éxodo infantil político en este hemisferio. El archivo, propiedad de la Arquidiócesis de Miami, requiere ahora la ayuda económica de la comunidad y el sector privado con el objeto de reunir $150,000 que se necesitan para catalogar los documentos, escanearlos, y procesar electrónicamente la información.

"En términos de riqueza cultural, queremos maximizar el potencial de los archivos y hacer que sean de gran utilidad para la gente que vino con este programa, sus familias y las generaciones futuras'', dijo Thomas Paul Severino, vicepresidente asociado de la Universidad Barry.

Severino explicó que desde mediados de 1990 la universidad ha logrado avances meritorios en el proceso de clasificar e implementar soluciones prácticas en la documentación de los archivos, que consisten en 7,618 fichas personales de los menores de edad que volaron desde La Habana a Miami en aviones, entre el 26 de diciembre de 1960 y el 21 de octubre de 1962.

Los archivos también atesoran miles de planillones con los registros de entrada al país, contabilizados a partir del 26 de mayo de 1961 y hasta el 21 de octubre de 1962, cuando irrumpió en la escena pública la llamada Crisis de los Misiles, que obligó a la cancelación de los viajes.

Los planillones fueron una idea de George Guarch, quien fue contratado por los servicios católicos en aquel entonces para facilitar el traslado de los niños a casas particulares o albergues compartidos, como el histórico campamento de Matacumbe, al oeste de Kendall, que fue el hogar transitorio de al menos 4,000 niños cubanos durante la operación Pedro Pan.

Asimismo, el archivo incluye anotaciones y comentarios analíticos de monseñor Bryan Walsh, infatigable protector de los refugiados y artífice del programa, que falleció a los 71 años de edad a fines del 2001, así como de las listas de los menores reubicados en cada uno de los albergues transitorios existentes a escala nacional.

En octubre de 1962, unos 4,300 niños cubanos permanecían en guarderías o bajo el cuidado de tutores asignados, mientras otros miles estaban viviendo con familiares o amigos, en espera de sus padres.

Los archivos también almacenan documentos con los montos de dinero pagados por el gobierno federal y las entidades de asistencia humanitaria para la manutención de los niños cubanos de entre seis y 18 años de edad, fotografías inéditas, recortes periodísticos y hasta un documental sobre la operación en curso titulado "La manzana perdida'' (The Lost Apple) del realizador David Susskind, que fue hecho a petición del gobierno de Estados Unidos.

Echazábal, quien viajó a Miami junto a su hermana cuando tenía 13 años y actualmente colabora una vez al mes como voluntaria en el departamento de archivos de Barry, comentó que la cruzada para recaudar fondos no debe ser vista como una acción que interesa únicamente al exilio del sur de la Florida, debido a que su valor e importancia trasciende más alla de la comunidad cubanoamericana.

"Debe ser un esfuerzo conjunto porque Pedro Pan no es sólo un capítulo en la historia de la comunidad local, sino de toda la nación'' precisó Echazábal, quien vivió con una familia sustituta durante más de ocho meses en la ciudad de Buffalo, Nueva York.

Las familias enviaron a sus hijos a Estados Unidos por varias razones: el rumor de la Ley de la Patria Potestad, según la cual los niños se convertirían en propiedad de la revolución castrista, el temor al adoctrinamiento comunista, el cierre de las escuelas católicas y la deportación de sacerdotes.

La hermana Dorothy Jehle, quien ha supervisado los archivos del éxodo infantil en Barry desde 1995, indicó que el legado de los niños de Pedro Pan y sus logros son ejemplos que deben servir como modelos de superación y perseverancia para quienes recién comienzan.

"Pienso que la influencia de toda esa gente en Miami y las ganas de seguir adelante con sus vidas son hechos que han contribuido a la historia y el éxito de esta ciudad'', enfatizó. "Eso es suficiente razón para mantener viva la memoria''.

jcchavez@elnuevoherald.com

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