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El renacer de Rusia: Dios, Putin y petróleo

EL PRIMER ministro Vladimir Putin (foto de despliegue) en la ceremonia de consagración del Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kirill, en la Iglesia del Cristo Salvador, en Moscú. A partir de la riqueza petrolera, Putin se ha propuesto el renacimiento cultural y económico de Rusia.
EL PRIMER ministro Vladimir Putin (foto de despliegue) en la ceremonia de consagración del Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kirill, en la Iglesia del Cristo Salvador, en Moscú. A partir de la riqueza petrolera, Putin se ha propuesto el renacimiento cultural y económico de Rusia.

Los titanes de la industria de la energía en Rusia se reunieron alrededor de un enorme mapa que mostraba la ruta de un nuevo gasoducto que se está proponiendo en Liberia.

Costaría miles de millones de dólares y había estado en planificación por años. Después de escuchar su presentación, el presidente Vladimir V. Putin frunció el ceño, se levantó de su silla, sacó un marcador y trazó de nuevo el mapa justo ante los ojos de los avergonzados ejecutivos, quienes rápidamente aceptaron que él estaba en lo correcto.

Esta presentación, que fue transmitida por la televisión estatal en el 2006, obviamente fue orquestada, pero no había nada de artificial con respecto a su punto. Era el típico desempeño de un líder que ha demostrado un dominio casi sobrenatural de la economía, la política e incluso los detalles técnicos del negocio de la energía. Un desempeño que va mucho más allá de lo esperado para un político que muestra interés en una importante industria nacional.

"Yo lo describiría mayormente como su proyecto personal'', dijo Clifford Gaddy, importante miembro de la Brookings Institution en Washington, y experto en la política energética de Rusia. "Es el corazón de lo que él ha hecho desde el comienzo''.

De hecho, desde sus primeros días en el poder en el 2000, Putin, quien dejó la presidencia en el 2008 y tomó el puesto de primer ministro, decidió que las exportaciones de recursos naturales y energía en particular no solamente financiarían el renacimiento económico del país, sino que también contribuirían a restablecer la grandeza perdida de Rusia tras el colapso de la Unión Soviética.

Apenas este mes, la profunda inmersión de Putin en el tema estuvo plenamente de manifiesto cuando ordenó el cierre del gas natural que era enviado a Ucrania, cortando en el proceso el suministro a Europa. Esto fue presentado por el Kremlin como una prolongada discusión comercial con Ucrania.

No obstante, cientos de miles de clientes de gas en los Balcanes y Europa oriental, tiritando, enviaron un inconfundible mensaje acerca de la dependencia del Viejo Continente a los suministros rusos; así como de la voluntad de Putin para esgrimir la energía como un arma política.

Cuando se habla acerca de energía, el primer ministro ruso a menudo cita una profusión de oscuras estadísticas que, con frecuencia, no se escuchan fuera de un consejo directivo en Houston, como la producción diaria promedio de campos y la capacidad de producción de ductos.

Putin "sabe claramente tanto del negocio de Bristish Petroleum (BP) en Rusia como sé yo mismo'', notó Anthony B. Hayward, director ejecutivo de BP, enuna ocasión después de haber sostenido una reunión con Putin.

De hecho, el tenso enfrentamiento con Ucrania fue tan sólo un elemento de un guión mucho mayor de Rusia con respecto a la política del gas natural bajo Putin. A lo largo del año pasado, Rusia ha formado un grupo similar a un cartel integrado por naciones del Medio Oriente con el objetivo de echar por tierra la competencia mundial del gas natural, monopolizando recursos de abasto en el centro de Asia y el norte de Africa a través de contratos a largo plazo con miras a frustrar a los competidores, amén de que usó a sus fuerzas armadas para ocupar la ruta de un importante gasoducto en Georgia.

Además, esta lucha más amplia se extiende a lo largo de una decena de países, desde Azerbaiyán hasta Austria. En su extensión y lento paso, a menudo es comparada con la lucha del siglo XIX en busca de la posesión del centro de Asia, conocida como el Gran Juego. En la variante moderna, Putin, estratega magistral, ha demostrado que es más eficaz que sus contrapartes europeas.

"Putin ha estado pensando desde hace ya cierto tiempo atrás: ‘¿Cuáles son los medios y las herramientas a disposición de Rusia, para devolverle la grandeza a Rusia?' '', dijo Lilia Shevtsova, investigadora del centro Carnegie de Moscú. En el mundo posterior a los soviéticos, dijo, Putin llegó a la conclusión de que "el poder militar ya no bastaría''.

Un portavoz de Putin, Dimitri S. Peskov, en comentarios sobre el mercado de energía, dijo que "era, es y seguirá siendo una esfera estratégica para Rusia'' y que los dirigentes gubernamentales en Moscú deberían estar versados en el tema.

Peskov negó que el Kremlin hubiera usado las exportaciones con fines políticos. Al referirse al profundo conocimiento personal que Putin tenía del negocio, dijo que el primer ministro ruso también mostraba una atención similar al detalle en otras cuestiones.

En este concurso, el máximo objetivo de Rusia consiste en impedir que Occidente rompa un monopolio sobre gasoductos que se extienden desde Asia hasta Europa. Boris E. Nemstov, ex viceprimer ministro ruso que actualmente pertenece a la oposición, dijo: "Es la clásica conducta del monopolista. El monopolista le teme a la competencia''.

Funcionarios europeos, como hicieron hace dos años tras una interrupción similar en el abasto, han prometido a la luz de las consecuencias del altercado con Ucrania que tomarán medidas para diversificar las fuentes de gas del Continente para dejar de depender de Rusia, que suministra casi 30 por ciento del total. Se pronostica que la dependencia europea crezca, a medida que yacimientos de gas en el Mar del Norte se vayan agotando.

En una conferencia efectuada en Budapest el martes, el primer ministro de la República Checa, Mirek Topolanek, se pronunció por un nuevo esfuerzo enfocado a la reconstrucción del muy demorado gasoducto Nabucco, el cual llevaría gas desde el centro de Asia hasta Europa sin pasar por territorio ruso.

Sin embargo, hay una razón por la cual el proyecto nunca despegó: la determinación que muestra Europa por acabar con su dependencia al gas ruso es igualada por el grado de inflexibilidad de Putin para extenderla.

El ducto de Nabucco fue propuesto en el 2002 por ejecutivos de empresas europeas de energía con la intención expresa de socavar el monopolio ruso sobre el gas. Pasaría a través de Turquía y Georgia, llegando hasta el Mar Caspio.

Bajo las mejores circunstancias, la construcción de un ducto internacional es un proceso intrincado y arduo, tanto técnica como financiera y políticamente. No obstante, los planeadores de Nabucco descubrieron rápidamente que su mayor obstáculo no era una sierra montañosa o un corrupto político local sino el mismo presidente ruso.

Cuando OMV, la empresa austriaca del ramo de energía, creó formalmente un consorcio para Nabucco en el 2005, Putin respondió con una idea competititva: un ducto conocido como el Arroyo del Sur que terminaría en el mismo sitio de almacenaje de gas en Austria, pero se originaría en Rusia y pasaría de largo Ucrania viajando por debajo del Mar Negro.

En un concurso que a menudo se compara con el ajedrez, esta contramaniobra rusa, como todos los buenos movimientos de ajedrez, fue tanto ofensiva como defensiva.

Con miras a cubrir los enormes costos iniciales de la construcción, un gasoducto necesita tanto una fuente garantizada de abasto como un mercado para el gas que transporta. El gasoducto del Arroyo Sur inundaría el mercado del gas en el sureste de Europa, captando a los clientes con los cuales los banqueros de Nabucco estaban contando para que financiaran el proyecto.

Al mismo tiempo, eso socavaría el dominio ucraniano sobre las líneas de gas con rumbo al oeste, uno de los mayores obstáculos para el dominio ruso del mercado del gas en Europa.

Sin embargo, Putin no se detuvo ahí. Sin dejar nada al azar, el primer ministro ruso también aplicó medidas para sofocar a potenciales fuentes de reservas de gas río arriba, en las profundidades de Asia Central.

La carrera por asegurar estas ricas fuentes de gas natural se aceleraron inesperadamente en el 2006 con la muerte del excéntrico y aislacionista dictador de Turkmenistán, Saparmurat Niyazov.

Mientras ejecutivos del ramo energético de todo el mundo se apresuraban a viajar hasta Ashgabat, la capital turcomana, para recibir al nuevo líder, el ex dentista Gurbanguli Berdimukhamedov, Putin fue el primero en cerrar un importante trato.

Sonriendo y sosteniendo palas en una ceremonia televisada -- para marcar el comienzo de la nueva construcción -- Putin y Berdimukhamedov accedieron en el 2007 a construir un nuevo gasoducto en el norte, hacia Rusia, privando a Nabucco de un abasto potencial. No fue sino hasta el año en curso que funcionarios de la Unión Europea finalmente llegaron a Ashgabat con un memorando de entendimiento para un gasoducto a través del Mar Caspio que podría unirse con Nabucco. Aún no se hace nada al respecto.

Si bien sus antecedentes son muy firmes, Putin no es infalible. Este verano cometió un insólito error al asegurar contratos de gas de Asia Central a largo plazo casi en la cúspide del mercado: $340 por 1,000 metros cúbicos en el 2009.

Si bien Putin alcanzó su objetivo de privar a Nabucco de más fuentes potenciales de abasto, Rusia actualmente vende ese gas en Ucrania, en un mercado deprimido, a menos de $240 por cada 1,000 metros cúbicos, en promedio; lo cual es una posible razón, han notado expertos del ramo de energía, de que Putin haya intentado obligar a Ucrania a pagar más por el gas en este invierno.

A pesar de sus mejores intencione, es probable que Europa siga dependiendo de los suministros de energía rusos en el futuro previsible y, quizá, de manera indefinida si Putin se sale con la suya. Y esto refleja sus añejas creencias.

Desde 1997, mientras servía como vicealcalde de San Petersburgo, Putin obtuvo un titulo de Economía, escribiendo su tesis sobre la economía de los recursos naturales.

Más tarde, cuando académicos en Brookings Institution analizaron el texto, encontraron que 16 páginas habían sido copiadas sin atribuirlas a un libro de texto estadounidense de una facultad de negocios, de 1978, titulado Plantación y Política Estratégica, escrito por David I. Cleland y William R. King, de la Universidad de Pittsburg. Putin se ha negado a ofrecer comentarios relacionados con este alegato.

Un aspecto revelador es que los pasajes que ellos afirman que fueron plagiados se relacionan con el papel indispensable de un director ejecutivo en la planificacióndentro de una corporación: la necesidad de que un hombre tenga visión y control estratégicos.

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