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Boxeador cubano se lanzó al mar en busca de amor y un título mundial

A los 18 años, y sobre una confusión de tablas de madera y cauchos que apenas lo mantuvo a flote, Angelo Santana abandonó Cuba por amor.

En su mente estaba Anay, la novia de toda la vida, así como la posibilidad de consumar la fantasía que se forjó a los nueve años cuando de un solo golpe logró el primer nocaut de su vida: ganar un título mundial de boxeo.

A un año y cuatro meses después de su arribo a Miami, Santana lleva la mitad de sus objetivos cumplidos. Anay está a su lado y ahora se encamina hacia su segunda meta.

El panorama para ello luce promisorio.

Su primer combate como profesional lo ganó y lo más importante no sólo fue por el hecho de haberlo hecho con un nocaut en el primer round, sino que fue en el estadio más famoso de Estados Unidos, el Madison Square Garden.

"¡Quién lo iba a pensar!'', sostuvo Santana.

Desde entonces, el joven cubano de 20 años lleva cuatro triunfos y se prepara para su quinta pelea, el próximo 14 de febrero en el BankAtlantic Center de Sunrise.

"La intención es hacer varias carteleras este año para seguir sumando experiencia en el ámbito profesional", adelantó Santana, quien en Cuba dejó balance de 180-3 y fue dos veces campeón nacional juvenil en el peso ligero.

Pese al dominio que mostró en la isla, Santana nunca recibió el permiso para representar a su país en competencias internacionales.

"Nunca me lo dieron porque sabían que yo tenía muchos miembros de mi familia viviendo ya acá en Estados Unidos", acotó.

Quizás por ello su nombre no resuena como el de algunos de sus compatriotas como Yuriokis Gamboa o Erislandy Lara.

"En este momento no me conocen mucho, pero sé que pronto lo harán", dijo Santana, a quien lo apodan La Cobra.

Nativo de San Cristóbal, Santana, cuyo padre jugó béisbol en Pinar del Río, se define como un boxeador agresivo y que busca rápidamente anestesiar a sus contrarios.

"Es el estilo que me gusta, la agresividad. Busco el nocaut. Soy un fajador. Sé pelear en todas las distancias. Me considero un boxeador bastante completo", consideró.

Santana aún está aprendiendo los secretos del profesionalismo. "El boxeador amateur es casi que un espadachín. Aqui es aprender más bien a asimilar los golpes porque sabes que te van a dar", analizó.

Pero hasta ahora lo que ha visto le ha gustado.

"Me siento cómodo y sé que voy a cumplir mi sueño de ser campeón mundial y así poder traerme a mis padres de allá de Cuba", enfatizó.

Y esta advertencia de Santana, quien no titubeó en lanzarse en el oceáno Atlántico para estar junto a lo que llama el amor de su vida, no puede tomarse a la ligera.

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