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Revive el espectro de niños desaparecidos en el franquismo

IÑAKI DOMINGO / The New York Times
ANTONIO PRADA Girón muestra el documento oficial de los miembros de su familia, donde no 
aparece su hermano Jesús, que el gobierno se robó, junto a otros cientos de menores, 
porque sus padres eran republicanos.
IÑAKI DOMINGO / The New York Times ANTONIO PRADA Girón muestra el documento oficial de los miembros de su familia, donde no aparece su hermano Jesús, que el gobierno se robó, junto a otros cientos de menores, porque sus padres eran republicanos.

La verdad, si algún día sale a la luz pública, habrá llegado tarde para Emilia Girón.

Durante 65 años, Girón, madre de siete hijos, trató de averiguar qué había sido de su hijo Jesús. Nacido a principio de los años 40, durante los primeros años de la dictadura de Francisco Franco --que duró 36 años-- se lo arrebataron para bautizarlo poco después de haber nacido. Más nunca lo volvió a ver.

"Hasta sus últimos momentos, mi madre sufrió la angustia de no haber sabido lo que le había ocurrido a Jesús'', dijo Antonio Prada Girón, de 69 años, primogénito de Emilia Girón, quien falleció en el 2007 a los 95 años.

Prada hurgó en documentos y fotografías familiares en la casita con techo de pizarra donde su madre había vivido una vez y concluyó que sus padres fueron perseguidos por la policía después que Franco tomó el poder. Las autoridades buscaban a su tío, un fugitivo de los insurrectos. Los padres de Prada, que trabajaban en las vides en los cerros que rodeaban el poblado del noroeste en que vivían, fueron encarcelados cuando él tenía 2 años. Su madre dio a luz a Jesús poco después.

La historia es parte del oscuro y dilatado capítulo de décadas de represión del régimen franquista que ha vuelto a atraer la atención pública desde noviembre, cuando el juez Baltasar Garzón ordenó a los jueces provinciales que investigaran la ‘‘desaparición'' de niños que arrebataron a las familias de izquierda como parte de un esfuerzo por eliminar la influencia marxista en el país.

Historiadores y asociaciones que representan a las víctimas de Franco aseguran que cientos de niños fueron arrebatados a las familias que apoyaron a los rivales republicanos de Franco durante la Guerra Civil, de 1936 a 1939, o que eran sospechosas de tener vínculos con los grupos de izquierda. Los niños fueron adoptados o enviados a escuelas religiosas o a albergues del estado.

Algunos fueron bautizados con otros nombres y los registros de su nacimiento fueron ocultados o destruidos, dijeron. Durante la guerra, los republicanos enviaron otros niños al exilio y Franco los trajo de vuelta y les dio identidades nuevas.

"En un sentido, éste es el delito más simbólico de la era franquista'', dijo Emilio Silva, director de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, una organización que ha exhumado los restos de cientos de personas de tumbas de la era franquista. "Franco ordenó robar niños y despojarlos de sus identidades''.

En una orden de 152 páginas a las cortes, Garzón escribió: "Existió una desaparición ‘legalizada' de menores que perdieron su identidad y de cuyos restos nada sabemos''. Sugirió que podrían haber miles de "niños perdidos'', aunque los historiadores consideran que la cifra es exagerada.

"Sin lugar a dudas ocurrieron secuestros de niños y abusos en las prisiones. Pero en realidad no sabemos cuántos'', dijo Angela Cenarro Lagunas, profesora de Historia Moderna en la Universidad de Zaragoza y autora de un libro sobre las mujeres prisioneras de aquella época. Cenarro explicó que los documentos y los testimonios indican que cientos de niños perdieron su identidad cuando fueron separados de sus madres encarceladas.

El caso tiene algunas resonancias de la guerra sucia de los años 70 y 80 en Argentina, cuando el gobierno se robó en secreto los hijos de los dirigentes asesinados y en muchos casos fueron adoptados por familias militares. Ricard Vinyes, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona, dijo que Franco fue explícito sobre su proyecto de reeducar a los hijos de sus enemigos.

El principal sicólogo militar de Franco, Antonio Vallejo Nágera, llegó a afirmar que España podía salvarse del marxismo aislando a los hijos de los padres republicanos. Un decreto de 1940 permitía que el Estado tomara bajo su custodia a niños si su "formación moral'' estaba en peligro.

Las escuelas católicas y el sistema de seguridad social, la Ayuda Social, se convirtieron en una maquinaria de reorientación política. Los niños de Ayuda Social vivieron una vida de doctrina fascista, disciplina rígida y ritual católico, dijo Cenarro.

Según Vinyes, unos 31,000 niños pasaron a custodia estatal durante el período de 1945 a 1954, en su mayoría de familias republicanas. En muchos casos eran hijos de padres encarcelados o ejecutados; en otros sencillamente porque su familia no podía mantenerlos.

Uxenu Ablana, de 79 años, dijo que sufrió tormentos en las casa católicas y de Ayuda Social donde vivió de los 6 a los 18 años debido a sus antecedentes izquierdistas. Ablana, vendedor de maquinarias ya jubilado, creció en el norte, en el pueblo asturiano de Pravia, y quedó bajo custodia del Estado después que la policía mató a su madre y encarceló a su padre por colaborar con los republicanos.

Dijo que en las casas lo llamaban Eugenio lvarez, la versión española de su nombre asturiano.

"Me llamaban hijo de un rojo, comunista, demonio'', dijo Ablana por teléfono. Recordó cómo lo obligaron a limpiar 80 pares de zapatos. "Es como si mi vida hubiese terminado el día que fui a la Ayuda Social''.

Ahora que Garzón ordenó la investigación sobre los niños perdido, las asociaciones que representan a las víctimas de Franco afirman que podrían localizar a algunos. En enero, el juez instruyó a las cortes provinciales que obtuvieran muestras del ADN de españoles de edad o enfermos que han estado buscando a familiares.

Fernando Megan, abogado de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, señaló que los jueces podrían abrir los registros de adopción y las listas de niños de las casas de Ayuda Social y las escuelas religiosas.

Prada, que se estableció en Francia en 1958 pero regresa todos los inviernos a Lombillo, dijo que encontrar a su hermano ayudaría a cerrar las heridas.

Su desaparición "ha dejado un vacío en mi vida, tengo un hermano que no sé dónde está ni si fue criado por personas buenas'', dijo, señalando hacia el amarillento libro de familia donde se asientan los nombres de la familia Girón.

Jesús no aparece.

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