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Dudosa ganancia en levantar sanciones a Cuba

Un viajero muestra su pasaporte cubano antes de abordar el vuelo ABC Charter hacia Cuba, en el aeropuerto internacional de Miami el 7 de abril del 2009. Se espera que esta semana Obama levante las restricciones restantes sobre los viajes familiares y las remesas a la isla.
Un viajero muestra su pasaporte cubano antes de abordar el vuelo ABC Charter hacia Cuba, en el aeropuerto internacional de Miami el 7 de abril del 2009. Se espera que esta semana Obama levante las restricciones restantes sobre los viajes familiares y las remesas a la isla.

Si el gobierno de Obama levanta esta semana las restricciones a los viajes de los cubanoamericanos, para permitir que puedan viajar libremente a la isla, será la mayor apertura que haya hecho un presidente norteamericano al régimen cubano en décadas.

Las ventajas para los cubanomericanos ansiosos por visitar con más frecuencia a sus familiares en la isla son obvias. También lo son para un gobierno cubano desprovisto de recursos.

Representaría cientos de millones anuales en ingresos adicionales de exiliados visitando a sus familiares y gastando dinero en viajes, hospedajes comidas y regalos para sus parientes.

Pero la ganancia para el gobierno --y para la promesa de campaña de Obama de traer libertad a los cubanos de la isla-- pudiera demorarse, en caso de que llegue, como sugieren los críticos a que disminuyan las restricciones. Como han descubierto otros 10 presidentes americanos, el régimen castrista no está interesado en relajar su férreo control del gobierno.

Los expertos en las relaciones Cuba-EEUU dicen que la presión de los países latinoamericanos y europeos por acabar el aislamiento a La Habana, sumado a los esfuerzos del Congreso por relajar las sanciones a la isla, a lo que se suma el historial de resistencia de Cuba frente a Washington, pudieran llebar al gobierno de Raúl Castro a verse a sí mismo en una posición ventajosa.

Sin embargo, Obama representa un potencial desafío para un gobierno cubano de septuagenarios blancos. La mayoría de la población cubana es negra o mestiza y Obama es popular entre los cubanos. Estos pudieran empujar al gobierno a un mínimo gesto de reciprocidad.

"Hay preocupación de que no responder de alguna forma a la apertura de Obama va a ser visto como un desaire'', dijo Jaime Suchliki, director de Instituto para Estudios Cubanos y Cubano Americanos (ICCAS) de la Universidad de Miami. "El Presidente está hablando de conversar con todo el mundo así que no puede ser considerado una persona totalmente recalcitrante. La dirección cubana va a tener que maniobrar un poco''.

Con todo, Suchliki y otros observadores estiman que es poco probable que La Habana responda con alguna medida significativa, más allá de soltar algunos presos políticos o relajar algunas de las medidas burocráticas que abruman alos cubanoamericanos que viajan a la isla. Cambiar el sistema económico o político de Cuba es sencillamente impensable.

"Así que la cuestión es si EEUU se va a dar por satisfecho con algunos gestos o si va a querer más'', dijo Suchliki. "Estamos tratando con una dictadura petrificada. No van a cambiar por Obama''.

Obama fue criticado durante la campaña por haber sugerido que estaría dispuesto a reunirse con Raúl Castro sin condiciones previas y en un discurso en Miami afirmó que su política cubana se concentraría en la libertad.

"El camino de la libertad para todos los cubanos tiene que empezar con justicia para los presos políticos, el derecho a la libertad de palabra, una prensa libre y libertad de reunión. Y tiene que llevar a elecciones libres y justas'', dijo por aquel entonces. "Ese es mi compromiso''.

Se espera que esta semana Obama levante las restricciones restantes sobre los viajes familiares y las remesas a la isla. Cuando se le preguntó que esperaba la Casa Blanca a cambio, un portavoz del Departamento de Estado dijo que el gobierno "espera ver pruebas de que el gobierno de Cuba se ha comprometido a abordar las disparidades entre sus ciudadanos en el disfrute de los derechos humanos y las oportunidades económicas''.

Un factor impredecible pudiera ser la reaparición de Fidel Castro, dijo Brian Latell, miembro del ICCAS. El viejo líder se reunió esta semana con una delegación de representantes demócratas negros y se proclamó interesado en ayudar a Obama.

"Fidel está nuevamente activo y ciertamente que juega un papel'', dijo Latell, un antiguo analista de la CIA sobre Cuba. "En temas de historia que son importantes para él, va a seguir interfiriendo con la política''.

Y, según Latell, "pobablemente sea ingenuo decir que le gustaría pasar a la historia con una relación resuelta con EEUU''.

Pero las ventajas de una cooperación para Cuba serían considerables: desde levantar la prohibición que le impide a los americanos viajar libremente a la isla hasta poner fin al embargo comercial.

Maurio Claver-Carone, un destacado cabildero en mantener el embargo como un incentivo para el cambio, dijo que la reacción del régimen a las medidas de Obama dependerá de la forma en que el gobierno americano presente los cambios.

"Si la Casa Blanca quiere "cambiar política sólo por cambiar política, el régimen se va envalentonar y va a creer que podrá seguir reprimiendo a su pueblo'', dijo. "El presidente Obama ha dicho que su política va a estar guiada por la libertad. Eso es la prueba fundamental. Si ignora a los disidentes, si ignora el movimiento pro-democracia, habrá fallado la prueba y la dictadura se sentirá triunfadora''.

Algunos observadores que están a favor de un mayor contacto con Cuba, como la Fundación Nacional Cubano Americana, están llamando a Obama a hacer más, a proveer ayuda directa a los disidente en la isla y a entrar en esfuerzos diplomáticos "dirigidos'', incluyendo reasumir las conversaciones sobre migración que el gobierno de Bush suspendió en el 2004.

"En esta etapa debemos de aprovechar lo que yo llamo el "Factor Obama''', el hecho de que el pueblo cubano siente tremenda empatía con Obama'', dijo el presidente de la fundación Francismo "Pepe'' Hernández. "Estamos convencidos de que el cambio no va a venir de la cima, pero no podemos sentarnos y esperar a que Raúl Castro se muera o cambie de opinión''.

Los dos países tienen un terreno común para discutir sobre inmigración, narcotráfico y objetivos antiterroristas, dijo Rober Pastor, un profesor norteamericano que sirvió como especialista en América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter.

"Pero ir más allá es más difícil'', dijo. "Si empezamos hablando de derechos humanos y de democracia, si empezamos haciéndolos condiciones de los cambios internos en Cuba eso llevaría a un callejón sin salida''.

Sugirió que permitir que los cubanoamericanos viajen a la isla probablemente "será percibido en Cuba como medidas relacionadas con los americanos, no con los cubanos, y no creo que vayamos a ver mucha reacción de su parte''.

Pero él y otros sugieren que la relajación de las restricciones pudieran reducir las tensiones en una relación que Pastor dice se ha caracterizado desde hace tiempo "por gritarse mutuamente''.

El último presidente en tratar de hacer un gran gesto hacia Cuba fue Carter, que eliminó las restricciones de los viajes a la isla a fines de los años 70 y trató de reanudar las conversaciones con La Habana. Sus esfuerzos terminaron mal.

Pero William LeoGrande, decano de la Escuela de Asuntos Públicos de la American University, sugirió que Obama pudiera beneficiarse de un mundo cambiante.

"En los años 70, Cuba era un socio militar y un aliado de la Unión Soviética. Era el apogeo de la guerra fría y Cuba estaba en Africa en formas que nosotros considerábamos como una amenaza a nuestra seguridad nacional'', dijo LeoGrande. "Eso ya no existe. Hoy no es más que una isla caribeña''.

lclark@MiamiHerald.com

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