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Papa enfrenta su pasado alemán en visita a Israel

En el primer día de su visita a Israel y los territorios palestinos, el papa Benedicto XVI enfrentó la polémica historia de su Alemania natal al estrechar las manos de seis sobrevivientes del Holocausto y decir que las víctimas de ese genocidio "perdieron sus vidas pero nunca perderán sus nombres''.

Pero los gestos del pontífice para tratar de reparar las relaciones con los judíos parecen haber tenido un éxito apenas parcial, tras su decisión reciente de revocar la excomunión de un obispo que negó que el Holocausto haya ocurrido.

Los dos funcionarios máximos del monumento nacional en memoria de las víctimas del genocidio criticaron al Papa por no pedir disculpas en forma directa ni usar las palabras "asesinato'' ni ‘‘nazis'' en el discurso que dio allí.

Benedicto XVI tampoco parece haber progresado en la vieja disputa entre el Vaticano e Israel sobre si el papa Pío XII hizo lo suficiente para defender a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

El Papa, de todas maneras, se mostró emocionado como en pocas ocasiones cuando el lunes depositó una ofrenda floral y avivó la llama eterna del monumento al Holocausto Yad Vashem, en Jerusalén.

Con voz y manos temblorosas, el pontífice de 82 años habló con elocuencia de aquellos que murieron.

"Apenas puedo imaginar la expectativa gozosa de sus padres cuando esperaban ansiosos el nacimiento de estos hijos. ¿Qué nombre le daremos a este niño? ¿Qué será de él o de ella? Quién podría imaginar que serían condenados a un destino tan lamentable'', dijo. "Mientras estamos aquí en silencio, su lamento todavía resuena en nuestros corazones''.

La segunda visita oficial de un Papa a Israel probablemente no reviva el drama intenso de la primera, hace nueve años. El predecesor de Benedicto XVI, Juan Pablo II, dejó una nota escrita a mano en el Muro de los Lamentos, el principal lugar sagrado del judaísmo, en la que pedía perdón por el antisemitismo entre los cristianos.

Sin embargo, Benedicto XVI tuvo una bienvenida inusualmente cálida, con alfombra y claveles rojos, un coro y niños ondeando banderas. El presidente de Israel y Premio Nobel de la Paz, Shimon Peres, le obsequió una nueva variedad de trigo bautizada en su honor.

"En ti, vemos a un promotor de la paz, un gran líder espiritual'', dijo Peres, quien también le regaló al Papa una pequeña partícula de silicio donde, gracias a la nanotecnología, estaban inscriptas las 300,000 palabras hebreas de la Torah.

"No creo que tenga una de éstas en el Vaticano'', bromeó Peres.

Aunque el pontífice arriba a Israel con la clara intención de mejorar las relaciones con los judíos, apenas llegado a Tel Aviv se pronunció en favor del establecimiento de un estado palestino independiente, lo que amenazaba con colocarle en desacuerdo con sus anfitriones.

En sus primeros comentarios públicos tras su arribo, Benedicto XVI exhortó a israelíes y palestinos a "explorar toda forma posible'' para resolver sus diferencias. "Las esperanzas de numerosos hombres, mujeres y niños para un futuro más seguro y estable dependen del resultado de las negociaciones de paz'', dijo el Papa.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu estaba en la audiencia, pero no habló en la ceremonia. Funcionarios israelíes luego restaron importancia a los comentarios del Papa, diciendo que su visita no es para tratar asuntos políticos.

El canciller israelí Yigal Palmor dijo que Benedicto XVI estaba expresando una posición defendida desde hace tiempo por Estados Unidos y Europa.

La política regional de todas formas logró entrometerse en una agenda planeada con cuidado. Poco después de la llegada del Papa, el clérigo palestino Taysir Tamimi arrebató el micrófono en un encuentro ecuménico y dio un discurso imprevisto, en el que criticó la reciente guerra israelí en la Franja de Gaza y la ocupación de Cisjordania.

Tamimi, jefe de las cortes islámicas en Gaza y Cisjordania, ignoró los intentos de un clérigo cristiano de convencerlo de que dejara el escenario. Algunas personas del público lo aplaudieron, mientras que otras se mostraron incómodas.

El Papa no mostró reacción alguna y el Vaticano condenó el incidente más tarde en un comunicado.

En su viaje a Tierra Santa, Benedicto XVI pretende extender una mano tanto a judíos como a musulmanes. Pasó tres días en Jordania antes de viajar a Israel.

La visita ha generado una gran controversia en Israel porque cuando fue adolescente, el ahora máximo jerarca de la Iglesia católica pasó algún tiempo en los campos de la Juventud Hitleriana. Benedicto XVI ha dicho que fue obligado a hacerlo.

El lunes, Benedicto XVI se abstuvo de visitar una parte del museo de Yad Vashem donde una pieza de la exhibición dice que Pío XII no protestó contra el genocidio de judíos por parte de la Alemania nazi y se mantuvo neutral en la Segunda Guerra Mundial.

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