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¿Quién se acuerda del Yo-Yo Místico?

Muchas veces, de algún tiempo a esta parte, y viniera o no a cuento el tema del humor en la historia de la televisión cubana, me he hecho esta pregunta; pues sí, a mí mismo que estuve involucrado en el asunto, aunque también se la haya hecho a más de un prójimo, en uno y otro casos con resultados que trataré de resumir a continuación.

Entre los demás, la respuesta casi siempre ha sido otra pregunta igual o similar a ésta: ¿Y eso qué cosa es? Y en consecuencia me veía obligado a hacerles "la historia del tabaco'', o sea, del Yo-Yo místico, que si ustedes no se oponen les haré también dentro de un rato y en tan pocas palabras como me sea posible.

Y muy curiosamente, igual ha sucedido cuando he interrogado a mi propia persona, sobre todo después de saber cuántos me manifestaban su sincera ignorancia al respecto. Quiero decir que asimismo me hacía otra pregunta, modificando un poco la original: ¿Acaso alguien se acordará del Yo-Yo místico? (Y véase el matiz de dolorosa duda que aporta esta modificación.)

Conclusión inevitable luego de renunciar a un ejercicio inquisitivo tan infructuoso y a la par frustrante: lo más probable es que fuéramos muy pocos quienes lo recordáramos y supiéramos, por tanto, que así se llamó un programa de humor satírico estrenado en octubre de 1967 en la TV cubana y desaparecido apenas tres meses después, quizás la causa principal de esa ignorancia de muchos y ese olvido de otros tantos [...]. Y que han llovido nada menos que 40 años y algo más desde su último suspiro.

Había llegado el Yo-Yo [...] sobre una ola de acontecimientos que hicieron época como es bien conocido. Sólo pensando en los referidos a Cuba, y específicamente en los del ámbito cultural, recordemos que hubo varias polémicas públicas --porque aún había algún espacio para ello-- entre defensores de una amplia libertad de pensamiento y expresión y ciertos "ideólogos'' del poder aferrados al control del arte y la cultura y la imposición de una línea única, la del llamado realismo socialista, que al fin triunfante condujo a aquel "quinquenio gris'' de mucho más de cinco años.

En esta coyuntura, es nombrado director general del Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR) --que luego fue de Radio y TV, ICRT-- el ex fiscal y aún comandante Jorge Serguera Rivery, quien bajo la apariencia de un tumultuoso iconoclasta se propuso en verdad utilizar aquellos medios poderosos --la radio y la TV ya estatizadas-- para entronizar en ellos la más absurda y fundamentalista "estética'' imaginable, resumida después en su definición del ‘‘intelectual revolucionario'' como el que conoce bien "la diferencia que hay entre una gramínea y una leguminosa''.

Sin embargo, su lado más "amable'' de bromista empedernido lo llevó a promover la aparición de un espacio de humor que se apartase del costumbrismo y los manidos recursos para hacer reír de los programas tradicionales [...] aunque pensando en manipularlo a su conveniencia, como enseguida se vio cuando propuso el tema inicial: los falsos intelectuales o "intelectualoides'' --o para remedarlo en su alocada "metáfora'': los que confundían el trigo con los chícharos.

Un Yo-Yo para hablar de Tú a Tú

Un programa así pedía a gritos, claro está, talento fresco e incontaminado de rutina para su realización. Entonces uno de los brillantes asesores de Serguera --todos profesores de Filosofía-- propuso que de dirigirlo se ocupara Manolo Rifat, hacedor exclusivo de musicales pero con desbordantes imaginación y creatividad, y rescató del anonimato a dos jóvenes escritores inéditos, un polígloto genial llamado Arturo Jacinto, y este servidor de ustedes, quienes con la ayuda del maestro Rifat y la lectura referencial de algunos viejos guiones tuvimos listo el primer libreto en dos semanas.

Como intérprete principal emergió el talentoso actor de teatro Carlos Ruiz de la Tejera, debutante en la TV al igual que el mexicano Federico Eternod, llegado a Cuba junto a Alfonso Arau y Sergio Corona y enraizado luego en la isla hasta su muerte. A ellos se unieron actores establecidos como Carlos Moctezuma, Salvador Wood, Luis Lloró, Coqui García, Miriam del Valle y otros que aportaron experiencia y se adaptaron muy bien a un estilo de humor enteramente nuevo para la mayoría de ellos. A sugerencia de Rifat, de los 57 minutos de programa --de 10:30 p.m. a 11:27 p.m. cada sábado--, unos 15 serían de números musicales a cargo de sus estrellas favoritas, pero insertados en el guión como parte de las situaciones humorísticas.

Ese primer libreto sobre los "intelectualoides'' se realizó en circuito cerrado y se grabó en kinescopio --el video tape no había aún llegado a la TV cubana--, y salió al aire unos días después, con ciertos "retoques'' de anónimos censores. Para decirlo bien y pronto, el tiro le salió desviado al comandante experto en mono y dicotiledóneas. La crítica a un personaje ‘‘filósofo'' charlatán como Talentino Sabediez (De la Tejera), un seudo poeta surrealista llamado Genaro Genial (Moctezuma) o un "criticólogo'' de arte afeminado hecho por Luis Lloró, quedó diluida en sus propios diálogos ingeniosos y actitudes absurdas, que provocaron más simpatía que rechazo.

Entretanto, el dardo más afilado lo lanzamos contra la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en una escena donde se hablaba de la "Unión de Poetas Unidos'', definida por el personaje de Genaro como la de "un poeta amigo mío que se unió con otros amigos'' [...] Ni que decir que esta escena fue objeto del principal "retoque'' que se le hizo al programa finalmente visto por el público.

Todavía hubo varios programas más, cada uno con mayor carga satírica que el anterior, y que iban saliendo con crecientes e inexplicables retrasos, hasta que un día nos llamó --al equipo de realización-- el propio Serguera para anunciarnos el "ya no va más'', con diversos pretextos pero sin poder ocultar que lo habían presionado "desde arriba'', ni disimular su personal decisión de suspenderlo [...] Y deslizando la posibilidad de tranzarnos por un sustituto menos mordaz e irreverente.

Nosotros, obviamente, optamos por no ponerle al Yo-Yo místico esa otra cuerda, tal vez más duradera pero con la cual no iba a seguir bailando a nuestro son.

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