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Bud Selig tiene un enorme problema entre sus manos

Mark McGwire en sus tiempos de gloria junto a Sammy Sosa.
Mark McGwire en sus tiempos de gloria junto a Sammy Sosa.

La justicia debe ser para todos, de lo contrario no existe una verdadera justicia. El comisionado de Grandes Ligas, Bud Selig, debe llenarse de valor y actuar como corresponde a una persona que representa la máxima autoridad del béisbol.

El diario New York Times señaló que Sammy Sosa utilizó sustancias prohibidas en las pruebas que le fueron realizadas en el 2003, y forma parte de la lista de 104 peloteros que dieron positivos que sus nombres no han sido divulgados por la MLB. La noticia no me sorprende, más bien confirma mis sospechas.

El dominicano debutó en Grandes Ligas con los Rangers de Texas en 1989, y en dicha temporada conectó ocho jonrones y remolcó 26 carreras en 406 turnos al plato.

Con dichas estadísticas se mantuvo en los tres próximos años, hasta que en 1993 llegó con una musculatura asombrosa y pegó 33 jonrones con 93 impulsadas.

A partir de esa temporada de 1993, Sosa comenzó a batear jonrones de todas las dimensiones para convertirse en el ídolo de Chicago, en competencia con el astro del básquetbol Michael Jordan.

En 1998, tuvo una batalla histórica con el inicialista de los Cardenales de San Luis, Mark McGwire, que bateó 70 cuadrangulares mientras que Sosa sumó 66.

Todos recuerdan la noche en que Sosa se le partió el bate en un roletazo al campo corto y dentro de la madera había corcho, una sustancia que sirve para poner a viajar la bola a una mayor distancia.

El dominicano dejó de jugar en el 2007 y terminó su carrera con 609 jonrones. Hace sólo semanas anuncío de manera oficial su retiro como jugador, declarando que aspiraba a ser elegido al Salón de la Fama y que estaba listo para enfrentar cualquier acusación en su contra relacionada al dopaje.

Pero la confirmación que dio positivo en el 2003, pudiera traer consecuencias que pueden ir más allá de la elección o no al Salón de la Fama.

En el 2005, Sosa declaró bajo juramento ante una audiencia del Congreso que investigaba el uso de sustancias prohibidas, que nunca había consumido fármacos que lo ayudara a mejorar su rendimiento, y lo hizo, según se conoce en estos momentos, dos años después de su positivo en el 2003.

En términos legales, esto se llama perjurio y le pudiera llevar una sanción de cinco años de prisión, si es que le abren cargos en su contra.

Más allá del caso de Sosa, Bud Selig debería sacar a la luz pública la lista completa de los jugadores que dieron positivo en el 2003.

No puedo entender porqué sacar los nombres de Alex Rodríguez y ahora el de Sosa, dejando los restantes nombres en el congelador de su casa o en el de su oficina.

Hace mucho tiempo, allá por el lejano año 1919, cuando el béisbol sufrió una crisis de graves proporciones donde ocho jugadores de los Medias Blancas de Chicago se entregaron a los apostadores por dinero en la Serie Mundial ante los Rojos de Cincinnati, este deporte necesitó la pluma firme y enérgica del juez Kenesaw Mountain Landis, y con Landis el béisbol recuperó el orden y la fuerza que necesitaba en ese momento.

Es cierto que la decisión de dar esa lista completa pudiera afectar la reputación de muchos jugadores, pero en definitiva todos los que dieron positivo impusieron sus marcas a través de la trampa, y los tramposos no merecen tanto respeto en los deportes.

Si se dio a conocer los nombres de Rodríguez y Sosa, es justo que se mencione la lista completa de todos los peloteros que dieron positivo en el 2003.

Si Selig se llena de valor y lo hace, podría representar un nuevo punto de partida para enderezar el béisbol, que bien lo necesita.

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