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En aumento las patentes de Cuba en Estados Unidos

Fue una nota breve en un boletín informativo que se ocupa de las actividades del gobierno de Estados Unidos: la Patente de EEUU No. 7,556,726 se entregó el 7 de julio al Centro Nacional de Investigaciones Científicas en La Habana.

Sí, La Habana, Cuba.

De hecho, durante 50 años de hostilidad entre ambos lados del Estrecho de la Florida, La Habana ha estado obteniendo patentes del gobierno de Estados Unidos, con regularidad, discretamente, y sin la acrimonia que ha caracterizado las batallas a causa de marcas registradas como Havana Club y Cohíba.

Los archivos de la Oficina de Patentes y Marcas Registradas de Estados Unios (PTO) muestran que, desde 1975, fecha en que los archivos de la PTO se hicieron digitales y se pudo buscar en ellos por país de origen, los cubanos han recibido 74 patentes, que van desde máquinas cosechadoras hasta fármacos y procedimientos médicos.

El número es bajo en comparación con otros países, "una pizca por debajo de Corea del Norte'', bromeó Werner Stemer, abogado principal de patentes de la firma Lerner Greenberg Stemer, radicada en Hollywood. Pero las solicitudes de Cuba se encuentran en una "curva creciente'' desde el 2000 a medida que se desarrolla su industria biotécnica.

Stemer dijo que Cuba solicita patentes en Washington por una razón sencilla: las patentes sólo protegen a los inventores en el país donde se presenta. De modo que Cuba trata sabiamente de proteger sus inversiones --y sus ganancias potenciales-- en el mayor mercado del mundo.

No hay modo de averiguar si alguna de las patentes ha producido ganancias en realidad, afirman varios expertos en la materia.

En estos momentos, sin embargo, se están llevando a cabo pruebas clínicas de nimotuzumab, un fármaco desarrollado en Cuba y concebido para tratar únicamente las células cancerosas. Otras compañías estadounidenses han recibido anteriormente permiso para probar medicamentos cubanos, pero esta es la primera vez desde la revolución cubana que se han llevado a cabo pruebas en Estados Unidos.

Aunque las patentes cubanas dan crédito a los inventores individuales que trabajaron en su creación, en la práctica los derechos de las patentes se asignan casi invariablemente a entidades gubernamentales. La patente 7,556,726 se asignó al Centro Nacional de Investigaciones Científicas, una agencia del Ministerio de Educación Superior.

La Habana ha conservado el derecho de solicitar patentes y marcas registradas en Estados Unidos porque el presidente John F. Kennedy eximió a la propiedad intelectual cuando reforzó el embargo comercial contra Cuba en 1962. Es probable que lo hizo porque la misma y sus derechos están protegidos por tratados internacionales, opinó Marvin Feldman, especialista en patentes y socio de la firma legal Lackenbach Siegel en Scarsdale, Nueva York, que se ha ocupado de varios casos cubanos.

La exención permite además a Cuba pagar a las firmas legales estadounidenses que se ocupan de las solicitudes, a menudo complicadas, de $4,000 a $5,000 por productos sencillos, de $8,000 a $12,000 por productos o procedimientos científicos más complejos, según cuatro abogados de patentes que fueron contactados por El Nuevo Herald.

Los archivos de la PTO muestran que la firma de Hoffmann & Baron en Syosset, de Nueva York, se ha ocupado de un gran número de los casos cubanos. La firma no respondió una llamada telefónica en busca de comentarios sobre el tema.

Las patentes de Cuba cubren un vasto rango de productos y procedimientos, desde mejoras a los motores de rotación hasta un nuevo proceso para voltear la cabeza del feto durante el parto, una máquina cosechadora de caña de azúcar, prótesis quirúrgicas, un nuevo procedimiento para destruir cálculos renales, así como diversas vacunas e inventos de tipo biotécnico.

Muchas de las patentes de las décadas de 1970 y 1980 cubrían mejoras para la agricultura, pero la mayoría de las más recientes son para fármacos, procedimientos médicos y descubrimientos de biotecnología. La patente 7,556,726 cubría "equipos usados en electroforesis'', lo cual se define como "migración de sustancias por la acción de un campo eléctrico espacialmente uniforme''.

Los archivos de la PTO de 1790 a 1975 están disponibles en internet como imágenes digitales que se pueden buscar solamente por fecha de emisión, número de patente y clasificación, no por país de origen.

Los intereses de La Habana y Washington han entrado en fuerte conflicto muchas veces, a menudo a propósito de marcas registradas, especialmente en el caso de productos bien conocidos como el ron Havana Club y los tabacos Cohíba, producidos por empresas rivales en Cuba y en este país.

Compañías estadounidenses han registrado unas 7,000 marcas en la Oficina Cubana de Propiedad Industrial en La Habana, según el abogado de Washington, D.C., Robert Muse, experto en las leyes sobre el embargo a Cuba. La lista de los productos registrados incluye a Aunt Jemima, Velveeta y Goya, la firma de productos comestibles hispanos, con fechas que se remontan a 1918. Se cree que Cuba ha registrado muchas menos marcas con la PTO en Washington.

Pero la entrega de patentes se ha mantenido libre de controversias con una notable excepción: cuando Fidel Castro se jactó públicamente en el 2001 de que Cuba se había unido a Brasil en la producción de sus propias versiones de fármacos anti-VIH/sida, que ya estaban patentados en Estados Unidos.

En respuesta, según dos abogados expertos en patentes, algunas compañías norteamericanas de farmacéuticos han estado tratando de obtener patentes para algunos de sus productos, para poder argumentar legalmente que al menos trataron de proteger sus propiedades intelectuales. El presidente Bill Clinton cambio las reglas del embargo en 1995 permitir a compañías estadounidenses, por la primera vez desde 1962, pagar en Cuba por el costo de registrar sus patentes y marcas en La Habana.

Una revisión de la página de internet de la Oficina Cubana de Propiedad Industrial mostró varias menciones de "solicitudes de certificaciones de patentes'' por parte de compañías de Estados Unidos tales como Pfizer y Wyeth. Varias llamadas de El Nuevo Herald a dicha oficina en busca de detalles no fueron respondidas.

En sus declaraciones en el 2001, Castro acusó a los fabricantes estadounidenses de tratar de sacar demasiadas ganancias a sus fármacos, mientras que miles de personas morían de sida en países pobres como Sudáfrica, y añadió que el uso de los fármacos por parte de Cuba era una respuesta a la supuesta violación de las marcas registradas cubanas por compañías de Estados Unidos.

"Nuestro país está produciendo el famoso cóctel'', afirmó Castro, según un reporte de Reuters. "A mí me gustaría escuchar una sola protesta, para poder reírme de oreja a oreja de esos que nos han robado la patente (sic) del Havana Club, que es cubano''.

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