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Interioridades de Valle Grande I

La situación de las cárceles en Cuba hace imposible distinguir de qué lado es mayor el nivel de delincuencia, si en el de los reclusos, o en el de los guardias, que deben garantizar el orden. El gobierno, por su parte, opta por negarse a toda supervisión de las organizaciones internacionales especializadas en el tema de prisiones.

En el caso de la prisión Valle Grande, uno de los oficiales más temidos por la población penal es el capitán Tamayo, jefe de orden interior. El entretenimiento de este hombre consiste en ofender a los reclusos y aplicarles severos castigos por cualquier motivo.

El médico Darsi Ferrer días antes de ser encarcelado fue golpeado por la policía política del régimen castrista.

En el 2007, el capitán Tamayo, siendo jefe del control penal en la Prisión de Mujeres de Occidente, fue sancionado por mantener relaciones sexuales con algunas reclusas. Incluso se comenta que llegó a embarazar a una de ellas. A pesar de que lo trasladaron para Valle Grande, no se rehabilitó, y actualmente su amante es la hermana de Yulieski Hurtado Toledo, uno de los presos confinados en dicho centro. Este hecho lo conocen oficiales y reclusos.

Entre los incidentes lamentables ocurridos este año sobresale el suicidio de un joven de 21 años, quien tuvo la mala suerte de ser descubierto en el cordón de seguridad mientras intentaba fugarse.

Los militares le echaron los perros para que lo atacaran. No conforme con esto, el teniente Elián, conocido como el Colorado, mandó a que lo golpearan. Luego lo arrastraron por los pasillos ante la vista de los presos que, indignados, gritaban desde sus compañías. Después lo lanzaron, sin conocimiento, en uno de los calabozos de castigo. Al día siguiente el muchacho amaneció muerto en la celda. Supuestamente encontró fuerzas para ahorcarse, y nada sucedió al respecto.

Por su parte, el jefe de víveres de la cárcel, suboficial Eduardo Carbonell, alardea delante de los presos de ser propietario de una cochiquera valorada en 5 mil CUC, y de tener una residencia que es la mejor del barrio donde vive. Tanto la cochiquera como la casa han sido adquiridas con lo que se roba de la cocina de la prisión, mientras mantiene a los reclusos pasando hambre.

El suboficial vive actualmente en lo que fuera hasta hace poco una construcción destartalada, y que él convirtió en una hermosa residencia, en la finca La Viviana, cerca de Valle Grande. En el patio, de 40 metros de largo por 6 de ancho, mantiene una cría de 40 cerdos, que vende cada 5 meses y -- según expresa abiertamente -- le reportan miles de pesos de ganancia neta.

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