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Niños al borde de la hambruna en Guatemala

José Manuel López, de 3 años, está malnutrido como casi todos los niños en su casa en Jalapa, Guatemala.
José Manuel López, de 3 años, está malnutrido como casi todos los niños en su casa en Jalapa, Guatemala. CARL JUSTE/THE MIAMI HERALD

Victoria López arrulla a su nieta Jennifer, de dos años, cuyas inflamadas mejillas y piernas y poca estatura hacen para parezca mucho más pequeña que otros niños de su edad.

"Simplemente se sienta y se queda ahí sin moverse, dice López, de 39 años, meciendo a la niña en los brazos. "Tiene dos años y todavía no camina''.

El estado de Jennifer no es único entre los niños del llamado "corredor seco'' de las colinas de Guatemala junto al Pacífico. La peor sequía del país en 30 años ha destruido 80 por ciento de las cosechas de la región y ha causado la muerte a más de una docena de niños en lo que va de este año.

El presidente Alvaro Colom declaró el problema como una "calamidad pública'' y pidió asistencia de alimentos a la ONU. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) y otras entidades han enviado suministros a Guatemala, pero advierten que la ayuda terminará para fines de septiembre si no se aporta más dinero.

Aunque no están tan demacrados como los niños en una hambruna, el problema es serio. La desnutrición es un problema en todo el país, específicamente en las zonas rurales, donde la mayor parte de la población es pobre y analfabeta.

Casi la mitad de los niños menores de cinco años en Guatemala padecen de desnutrición crónica, una de las tasas más elevadas del mundo, según la UNICEF, la entidad de la ONU especializada en el bienestar y el desarrollo infantil.

Los trabajadores de asistencia, expertos en nutrición y funcionarios de gobierno dicen que la sequía amenaza con exacerbar el problema porque comenzó durante condiciones de severa erosión del suelo, enfermedades, el aumento de los precios de los alimentos y una reducción en las remesas que recibe el país del extranjero debido a la crisis económica mundial.

"El problema de la desnutrición no ocurre sólo en el corredor seco, sino en todo el país'', dice Luis Enrique Monterroso, prominente experto guatemalteco en nutrición. "Hay señales de que el próximo año será peor''.

Desde principios de la temporada de lluvias en mayo, el corredor seco sólo ha recibido precipitaciones esporádicas debido a El Niño, el fenómeno meteorológico que calienta las aguas del Pacífico y que provoca fuertes sequías en ciertas partes del mundo e inundaciones en otras.

Las autoridades guatemaltecas calculan que 410,000 familias han experimentados severos daños en sus cosechas debido a la sequía y corren el riesgo de hambre. Hay familias que han perdido hasta el 80 por ciento de la producción de maíz y frijoles, que según los funcionarios pueden ascender hasta $10 millones.

"Las plantas crecieron aproximadamente el 30 por ciento de su tamaño normal, pero el grano no se desarrolló'', dice María del Carmen Fuentes, portavoz del Ministerio de Agricultura. "Las mazorcas de maíz parecían podridas porque necesitan 90 días de lluvia en las partes más calurosas del país. Este año recibieron escasamente 10 días de lluvia''.

La lluvia ha puesto nuevamente la desnutrición en el mapa de la atención en Guatemala, especialmente después de agosto, cuando el diario Prensa Libre reportó que la sequía provocó lo que inicialmente se informó era una pérdida de cosechas de maíz del 40 por ciento.

Al día siguiente, el periódico reportó que el hospital gubernamental en Jalapa había documentado 17 muertes por desnutrición entre enero y julio.

Unos 130 niños en Jalapa están en riesgo de desnutrición, según la entidad Catholic Relief Services (CRS).

Como respuesta a los informes, las entidades de gobierno y de asistencia enviaron suministros de emergencia y alimentos para más de 300,000 familias de todo el país. Y Venezuela, Ecuador, Chile y otros países han enviado maíz, frijoles y otros alimentos básicos.

Hasta la estrella Christina Aguilera han visitado el país para exhortar a donantes a enviar ayuda alimentaria.

Los efectos de la sequía son muy evidentes en el hospital público Nicolasa Cruz de Jalapa, donde Monterroso documentó las muertes de 14 niños en julio. El hospital respondió abriendo dos alas dedicadas a pacientes desnutridos. El gobierno envió cunas para reemplazar las viejas.

En lo que va de septiembre han ingresado 15 niños con diagnóstico de desnutrición aguda, menos que los 26 de julio y 29 de agosto, según la dirección del hospital.

En la sala del hospital donde los médicos atienden a los niños más desnutridos está Brando, uno de ocho hermanos.

Nacido dos meses antes de tiempo, el niño, que ahora tiene 11 meses, tiene la cabeza más grande de lo normal y sus brazos muy cortos. Le es difícil hasta arrastrarse por el piso y pesa sólo 9 libras.

"Se ha enfermado varias veces'', dice Mónica Rodríguez, nutricionista de CRS.

Ese y otros grupos de asistencia afirman que el gobierno necesita actuar con más energía y mejorar la coordinación entre sus entidades. También se están esforzando por educar a los agricultores en la conservación del suelo, protección de recursos acuíferos y reforestación.

El gobierno ha desarrollado variedades de maíz más resistentes a las sequías y a las plagas para distribuirlas entre los agricultores, y afirma que el combate de la desnutrición está en el primer lugar de su agenda nacional.

"Es la prioridad y eso demuestra que estamos tomando el problema en serio'', dice Lily Caravantes, secretaria del programa de seguridad alimentaria y nutricional del gobierno.

También elogia una campaña gubernamental con el fin de educar a los padres en la planificación familiar.

"Hay muchos desnutridos en la comunidad, de modo que esto es normal para ellos'', dice Rodríguez.

López, la abuela del pueblo de Devisadero, dice que la familia comenzó a tener problemas este año cuando la sequía echó a perder sus cosechas. Lo mismo que sus vecinos, los cosecheros todavía podrán recoger algún maíz --pequeñas mazorcas de la mitad del tamaño normal-- pero nada de frijoles.

"Germinaron, pero después se murieron'' dijo López en el portal de su casa de adobe, donde ha vivido con su familia durante 22 años.

La corresponsal especial Sarah Grainger, en Ciudad de Guatemala, contribuyó a este reportaje.

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