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El Nuevo Herald por 4 libras de grasa

El periódico El Nuevo Herald acaba de engrosar el catálogo de "monedas de cambio'' en el mercado subterráneo de Cuba. Un ejemplar de este periódico se cambia hoy, en casa de Joaquinito, arrendador clandestino de películas de Jaimanitas, por cuatro discos.

Walter, vendedor de carne de puerco, también clandestino, da cuatro libras de grasa sólo por la sección deportiva del diario. Walter es fanático de los peloteros cubanos que juegan profesionalmente. Como es de la misma provincia que el lanzador Aroldys Chapman, exiliado recientemente, el día que le llevé El Nuevo Herald que anunciaba que el pitcher ya estaba en los Estados Unidos, me dio la mitad de una costilla de cerdo.

"Los que vienen a comprar carne me preguntan sobre los cubanos que están jugando en las Grandes Ligas. Yo soy el que les digo lo que está pasando allá afuera'', dice Walter.

Joaquinito me ha propuesto un negocio tentador: tendré un show variado de seis horas con programas de Miami, y además dos películas de terror, diarias, por El Nuevo Herald que me corresponde en mi turno de internet en la Oficina de Intereses de EEUU.

Mientras Joaquinito y Walter se disputan las deportivas, las otras 14 hojas del periódico se negocian en trances simples. Por ejemplo, cuando Barack Obama asumió la presidencia y su foto salió en primera plana, sonriente, el papá de Willy dijo que esa foto era suya, y por la página me dio cuatro huevos de gallina criolla. Recuerdo la única vez que mencionaron en El Nuevo Herald a un viejo amigo de lucha de Willy. Aunque la alusión era breve, dentro de un cúmulo de informaciones importantes, guarda ese periódico como la realización plena de su vida.

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