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El humor en Lezama Lima: apuntes

Para entrar en el mundo literario de José Lezama Lima hay que aprender sus códigos de señales y símbolos, como dijo su hermana Eloísa Lezama Lima: ``Para hablar de mi hermano hay que ser poeta y traducirlo del barroco al barroco''. Este estilo de Lezama que se considera oscuro, como dijo Mario Vargas Llosa, es el arte de concentrar o ensamblar todos los esfuerzos dentro de las artes, una vocación de integrarlo todo: lo pictórico, lo musical, la teoría geométrica del espacio, lo teatral y lo narrativo en un solo espacio.

Aún de niña, el poeta le decía a Eloisa: ``Yo creator, tú magistra''. Ella aceptó ser maestra y él creador. En Cartas a Eloísa y otra correspondencia, en Editorial Verbum, 1998) se pueden leer explicaciones sencillas y certeras en las cartas del poeta a sus amigos, y a Eloísa --cuyos originales ella cedió a la Colección de la Herencia Cubana de la Biblioteca de la Universidad de Miami (http://www.library. miami.edu/chc/ collections/finding_aids/ chc5047_find.html). Pero cuando escribía sus poemas, su novela Paradiso, sus ensayos estéticos, como por ejemplo, las Eras imaginarias, creaba un espacio superpuesto, imaginado especialmente por él. Era su paraíso mental, textos de un mundo construido con ``jeroglíficos y signos''. No era el cotidiano de las cartas, sino el de sus lucubraciones, que basó en estratos filosóficos de los antiguos griegos y de los modernos, de Kant a Hegel y a Heidegger; en los poetas del barroco, como Luis de Góngora, Francisco de Quevedo y William Shakespeare, todo mezclado en una salsa muy sutil de humor criollo.

Lezama se quejaba de que el ``cotorro'' cubano le había levantado quejas al publicar su novela del puro lenguaje, Paradiso (en carta a Carlos M. Luis). Pero agradeció al argentino Julio Cortázar y al mexicano Octavio Paz que lo hubieran comprendido y alabado, en la medida de haber creado de modo consciente un lenguaje literario cubano, al estilo de lo que habían hecho Sor Juana Inés de la Cruz y Leopoldo Lugones, y yo diría además José Martí con el lenguaje latinoamericano. Vargas Llosa propuso que Lezama le confirió a la imagen y la metáfora un valor sobrenatural, con herramientas para comprender la historia, entender la naturaleza, vencer la muerte y alcanzar la resurrección.

En Lezama,la lucha con el lenguaje es el material de la narrativa. No importa lo que se narra, sino cómo se narra. Y al contrario de la novela Rayuela de Cortázar, Paradiso es una concentración hacia dentro de la isla, que es lo que representa su vida. Con matices de su propia voz hizo un collage de la erudición occidental en cubano. Pero los de afuera no comprenden a veces su humor criollo. El era un serio poeta, pero también un insular ``choteador''. ``Mi hermano era un monje y un reidor. Era un sabio y era un niño'', testimonió Eloísa. ``Era un monje reidor y un sabio niño. Era un hombre lleno de humor y un melancólico. La exuberancia de sus escritos son el espejo de las polaridades barrocas que llevaba entre pecho y espalda''.

Para darse uno cuenta --por diferencias generacionales y de temperamento-- Lezama se puede contrastar con Guillermo Cabrera Infante, quien andaba armando otro collage, pero de las voces populares habaneras antes de la Revolución. Ambos captaron el humor criollo de distinta manera, Cabrera Infante con el retruécano y el erotismo habanero; Lezama con su extremo barroco y su erotismo erudito. Especialmente en el capítulo VIII de Paradiso, sobre el que le responde irónicamente en carta a Juan Goytisolo que su inspiración venía de recuerdos de niño, de haber leído Las Leyes del Manu, el Kamasutra --en el capítulo dedicado al Opoparika o unión bucal-- y en algunos libros pornográficos.

Otros textos humorísticos lidian con la cocina, como el del personaje Juan Izquierdo, en Paradiso, (Biblioteca Era, ilustraciones de Portocarrero, ed. 1973, pág. 17): ``Sentado en un cajón, José Cemí oía los monólogos shakesperianos del mulato Juan Izquierdo, lanzando paletadas de empella sobre la sartén: --Que un cocinero de mi estirpe, que maneja el estilo de comer de cinco países, sea un soldado en comisión en casa del Jefe Bueno, después de todo es un Jefe que según los técnicos militares de West Point, es el único cubano que puede mandar cien mil hombres. Pero también yo puedo tratar el carnero estofado de cinco maneras más que Campos, cocinero que fue de María Cristina''. Es un pasaje que parece sacado de una casa de la antigua Calzada de Jesús del Monte en La Habana. De puro humor criollo. Sus constantes comentarios a la comida en este libro recuerdan los mitos culinarios que estudió Claude Levi Strauss en Lo crudo y lo cocido, una parte de sus Mythologiques I-IV. Es porque Paradiso se construyó a partir de un principio mítico, que ofrece un sistema de referencias para la narrativa dentro de la historia. Comida y humor son parte también del mito de la cultura cubana que tratamos de reconstruir en Miami.   olconnor@bellsouth.net

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