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Norcoreanos sacan informacion de contrabando

Una soldado norcoreana vigila la zona fronteriza de Hekou, al noreste de China.
Una soldado norcoreana vigila la zona fronteriza de Hekou, al noreste de China. AP

Las redes son la creación de un puñado de desertores norcoreanos y activistas por los derechos humanos sudcoreanos que usan teléfonos celulares para atravesar la casi total falta de noticias en Corea del Norte. Para construir las redes, los reclutas entran con sigilo en China para atraer a los pocos norcoreanos a los que se les permite viajar allí, les proporcionan teléfonos para meterlos de contrabando al cruzar la frontera, y después suben a un sitio en la Red los reportes proporcionados por los informantes por teléfono o con mensajes de texto.

El trabajo es arriesgado. Los reclutadores pasan meses identificando y convenciendo a los informantes potenciales, evadiendo todo el tiempo a agentes del Norte y de la policía china, inclinados a detener su trabajo. Los norcoreanos enfrentan un peligro aun mayor; quedar expuestos podría llevarlos a la cárcel, o la muerte.

El resultado ha sido una batalla campal de noticias, un revoltijo de informes a veces confirmados, pero a menudo contradictorios. Algunos han sido importantes; los sitios en la Red fueron los primeros en informar de la indignación entre los norcoreanos por una drástica devaluación de la moneda a finales del año pasado. Otros artículos han sido más prosaicos, sobre temas como si los norcoreanos tienen mascotas y sus quejas por el precio del arroz.

Que tales noticias siquiera se filtren hacia afuera es una especie de revolución en un Estado tipo gulag, brutalmente eficiente, que ha enclaustrado a la fuerza a su pueblo durante décadas, mientras otras sociedades cerradas aceptaban con renuencia al menos algunas intrusiones de un mundo más conectado.

"En un vacío informativo como Corea del Norte, cualquier chisme extra --incluso en el pantano de los rumores-- es útil'', comentó Nicholas Eberstadt, un académico del American Enterprise Institute que ha reseñado los males económicos y poblacionales del país durante décadas.

"No se solía poder obtener ese tipo de información'', observó sobre los informes de la crisis monetaria. "Fue fascinante ver cómo los niveles inferiores (de la sociedad norcoreana) hacían retroceder''.

En conjunto, la filtración constante de noticias "se oyó en Corea'' se está introduciendo en los debates de inteligencia siempre girando velozmente sobre si hay una posibilidad de un colapso del Gobierno, algo que ha deseado cada presidente estadounidense desde Harry S. Truman.

No es probable que las noticias que los informantes sacan como por arte de magia responda las preguntas sobre el programa nuclear o la sucesión en la dirigencia del Norte que le importan más a EEUU. No hay evidencia hasta ahora de que estas nuevas fuentes tengan algún acceso, o conocimiento particular, a la dirigencia o la élite militar norcoreana.

Los propios informantes siguen siendo de uso limitado para los jefes de espías estadounidenses y sudcoreanos, en parte porque el Norte no tiene una amplia red de telefonía celular, lo que facilita a las autoridades escuchar secretamente las llamadas, y dificulta a los cuidadores dirigir a los espías en tiempo real.

Como lo expresó un alto funcionario de inteligencia estadounidense: "No vas a encontrar el proyecto de uranio norcoreano con estos tipos''. Así que los métodos tradicionales de recopilación de inteligencia --imágenes satelitales, intercepciones telefónicas y de computadoras, e informantes y agentes del servicio de inteligencia de Corea del Sur-- siguen siendo las fuentes claves de información.

No obstante, los sitios en la Red parecen haber infligido daño. Los organismos de espionaje norcoreanos, que casi nunca admiten debilidades, advirtieron recientemente que ‘‘el plan (de Corea del Sur) para derribar a nuestro sistema, empleando todas las formas y los medios de espionaje, se está propagando desde la periferia de nuestra territorio y adentrándose profundamente''.

Juraron represalias, especialmente contra "la basura humana'' en referencia aparente a los norcoreanos que han traicionado el código de silencio de la dirigencia por principios o paga para complementar sus, por lo general, magros salarios.

Las redes de informan tes son parte de cambios más amplios en la recopilación de inteligencia originados en las debilidades del Norte. El primer gran avance ocurrió en los 1990, cuando se avivó la hambruna por una interrupción en el sistema socialista de racionamiento, que impulsó a los desertores a salir del país e ir a los brazos de los organismos de inteligencia sudcoreanos y estadounidenses. La hambruna también llevó a Corea del Norte a permitir que comerciantes cruzaran la frontera hacia China para traer alimentos con lo que quedaron vulnerables a los agentes extranjeros, los medios informativos y, más recientemente, los desertores y activistas tienen el propósito de imponer un cambio en el Norte.

El primero de sus sitios en la Red inició hace cinco años; ahora son cinco.

Al menos tres de ellos reciben algo de financiamiento del Congreso estadounidense por medio de la Fundación Nacional para la Democracia.

Los informes en la Red han sido especialmente reveladores para los sudcoreanos al proporcionar un vistazo raro al bien llamado Reino Ermitaño sin la contaminación de los prejuicios de su propio Gobierno, ya se trate de los anticomunistas que presentan al Norte bajo la peor luz o los liberales que pasan por alto las malas noticias por temor a hacer peligrar las posibilidades de la distensión.

"Me enorgullece mi trabajo'', comentó Mun Seong-hwi, un desertor convertido en periodista de la Red que trabaja con informantes y usa un alias para proteger a familiares que se quedaron. "Ayudo al mundo exterior a ver a Corea del Norte tal como es''.

Incluso en la época de la cortina de hierro, Corea del Norte era una de las sociedades más cerradas del mundo. Había pocas embajadas occidentales donde los espías pudieran pasar por diplomáticos. Y, con los ciudadanos autorizados para observarse unos a otros para detectar actividades sospechosas, los extraños no podían escaparse por mucho tiempo de ser detectados.

De los 8,400 agentes sudcoreanos enviados al otro lado de la frontera entre el final de la guerra de Corea en 1953 y 1994, sólo regresaron 2,200, o cerca de uno de cada cuatro. Algunos desertaron, según un ex agente, pero mataron a muchos.

Hace muy poco, en el 2008, cuando, según se dice, Kim Jong Il, el líder del Norte, tuvo una apoplejía, fue el trabajo detectivesco a larga distancia más que el espionaje en el terreno lo que permitió obtener la información. Agentes sudcoreanos interceptaron un correo electrónico gubernamental con encefalogramas, según la revista Monthly Chosun.

Los sitios en la Red no han revelado noticias tan delicadas, aunque las implicaciones de sus informes sobre la crisis monetaria, después confirmados por funcionarios del Gobierno sudcoreano, tuvieron gran alcance. Decían que el Norte exigía que la gente cambiara billetes viejos por nuevos en proporción de 100 a uno, así como que limitaba la cantidad de dinero viejo que se podía intercambiar. Eso sugería que funcionarios en el Norte aplicaban medidas enérgicas contra unos cuantos rayos de empresa privada que habían tolerado, haciendo añicos las esperanzas de que siguiera los pasos de China y al menos abriera su economía en cualquier momento.

No obstante, los sitios en la Red están plagados de retos. Los celulares funcionan con las redes chinas, así que lo hacen sólo a varias millas a la redonda de la frontera. Debido a que los norcoreanos no pueden viajar libremente en su país, los sitios están obligados a depender mayormente en la gente que vive cerca de China.

Más allá de eso, Ha Tae-keung, quien opera uno de los sitios en la Red, dice que algunas fuentes son propensas a exagerar, posiblemente con la esperanza de ganarse los bonos que ofrece por primicias. El y otros operadores de sitios contrataron más desertores que renunciaron a empleos gubernamentales y siguieron en contacto con ex colegas, a menudo por teléfono celular.

"Estos funcionarios proporcionan noticias porque no se sienten seguros en cuanto al futuro de su régimen y quieren tener un vínculo con el mundo exterior'', afirmó, "o por su amistad con los desertores que trabajan para nosotros, o por el dinero''.

Aunque dichos contactos habrían sido inimaginables hace 20 años, hay algo que no cambia: el peligro.

Mun, del sitio Daily NK, explica que sus informantes juegan constantemente al gato y el ratón con las autoridades. El Gobierno norcoreano puede monitorear las llamadas de teléfonos celulares, pero rastrearlas es más difícil, así que la policía vaga por el campo en jeeps equipados con aparatos de rastreo.

Los informantes lo llaman una vez a la semana; nunca dan sus nombres, y ocultan los teléfonos lejos de sus casas.

A pesar de esas precauciones, los atrapan en ocasiones. A principios de marzo, el sitio de Ha informó que a un obrero de una fábrica de armas le encontraron un celular y confesó dar información a Corea del Sur. Una fuente dijo que después lo ejecutaron en público con un pelotón de fusilamiento.

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