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Hilda Molina dice que Castro sentía "una inclinación'' hacia ella

La neuróloga cubana Hilda Molina, durante una rueda de prensa a su llegada a Buenos Aires (Argentina).
La neuróloga cubana Hilda Molina, durante una rueda de prensa a su llegada a Buenos Aires (Argentina). EFE

La médica cubana Hilda Molina opinó que Fidel Castro "sigue gobernando'' en Cuba, en una entrevista que concedió al sitio electrónico del diario argentino Perfil y en la que confesó que el líder de la Revolución sentía "una inclinación muy marcada'' hacia ella.

La neurocirujana, que llegó en junio del año pasado a Argentina para reencontrarse con su familia tras 15 años de separación por la negativa del Gobierno cubano a autorizar su salida de la isla, describió a Castro como un "mito viviente'' y un hombre de una "inteligencia superior, aunque sin alma''.

''Fidel nunca ha dejado de gobernar en la isla'', sentenció Molina antes de indicar que los únicos cambios que ha habido en Cuba bajo la presidencia de su hermano, Raúl Castro, es "que ahora se venden teléfonos celulares y ordenadores''.

''Cuando Raúl llegó a la presidencia hizo promesas, pero nada cambió. Hay una represión grandísima y están sufriendo muchísimo las personas que se oponen pacíficamente al Gobierno'', analizó Molina, de 66 años.

Recordó que conoció a Fidel Castro cuando ella estudiaba medicina en la década de 1970.

''Durante esos años ya venía decepcionada, aunque confiaba en la Revolución. Me pareció ególatra. El segundo encuentro ya para tener un nexo estable fue en 1987. Me pareció de una inteligencia superior. Pero si lo hubiera conocido en 1959 no habría seguido nunca su Revolución'', consideró.

''Sus ojos son los de un cuerpo e inteligencia sin alma. Y una inteligencia sin alma, es una inteligencia temible'', destacó.

Molina, quien lanzará "Mi verdad'', un libro sobre su vida, confesó que Castro era "extremadamente cariñoso'' con ella y siempre se dedicaba a alabarla.

Contó que el ex mandatario cubano siempre le enviaba flores y que incluso una vez le ofreció un auto.

''Ante sus amistades internacionales él me presentaba como una posesión privada, como un amuleto, una mascota. Pero resulta ser que esa persona dice 'hasta aquí' y no se va en una balsa sino que renuncia y le dice 'no trabajo más para un sistema que discrimina a los enfermos cubanos''', recordó.

Según Molina, "eso para un dictador es una rebelión pacífica, callada, delicada, pero rebelión al fin''.

''Yo creo que no lo aceptó nunca. Tal vez no aceptó, y esto es una especulación, que yo no le diera la entrada que él esperaba en el orden personal (...). No se requiere mucha inteligencia para darse cuenta de que él sentía una inclinación marcada hacia mi persona'', apuntó.

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