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Embate y caída de la censura en China

GOOGLE SE vio obligada a mudar sus operaciones a Hong Kong a fin de vitar la censura.
GOOGLE SE vio obligada a mudar sus operaciones a Hong Kong a fin de vitar la censura.

Si usted escribe los caracteres chinos para decir "zanahoria'' en el motor de búsqueda de Google en el territorio continental de China, será recompensado no con una lista de vínculos de Internet, sino con una pantalla en blanco.

Pero, no culpen a Google. La responsabilidad recae en los censores de China, quienes se convierten cada vez más en un modelo para países alrededor del mundo que desean controlar una Red irrestricta.

Desde finales de marzo, cuando Google mudó sus operaciones de búsqueda fuera del territorio continental, a Hong Kong, cada respuesta ante alguna búsqueda de un ciudadano chino ha sido recibida en la frontera por computadores del gobierno, programadas para censurar cualquier información prohibida que Google pudiera generar.

"Zanahoria'' --que en mandarín se dice huluobo-- pudiera pacer bastante inocuo. Sin embargo, contiene el mismo caracter chino que el apellido del Presidente Hu Hintao. Y las computadoras, programadas hace largo tiempo atrás para interceptar búsquedas en el idioma chino sobre los dirigentes del país, sustituyen un mensaje de error por el resultado de la búsqueda antes que pueda colarse hasta una computadora en el territorio continental.

Esta es la maquinaria de censura china, parte George Orwell, parte Rube Goldberg: un tamiz de extraordinario alcance y precisión, pero lleno de huecos; administrado por bancos de avanzadas computadoras, pero también por miles de esclavos del Partido Comunista; altamente sofisticado en algunas formas, notablemente burdo en otras.

La única constante es su creciente importancia. La censura solía ser el somnoliento dominio del departamento central de propaganda del Partido Comunista, cuya principal tarea radicaba en decirles a editores qué podían y no podían imprimir o transmitir al aire. En la nueva China entrelazada en una red, la censura es una prominente industria en crecimiento, supervisada --y disputada-- por no menos de 14 ministerios gubernamentales.

"El control de prensa realmente ha pasado al centro de la agenda'', afirmó David Bandurski, analista del Proyecto de Medios Chinos de la Universidad de Hong Kong. ‘‘Internet es el factor decisivo ahí. Es el medio que está cambiando el juego en el control de la prensa, y los líderes del partido lo saben''.

China censura todo actualmente, desde la tradicional prensa impresa hasta los sitios nacionales y extranjeros de Internet; desde mensajes de texto a través de celulares hasta servicios de redes sociales; desde sitios de conversación en línea hasta bitácoras, filmes y correo electrónico; incluso censura juegos en línea.

Eso no es todo. No conforme con meramente bloquear opiniones disonantes, el gobierno emplea cada vez más personas a fin de que promuevan sus opiniones en línea, a guisa de bitacoristas imparciales y usuarios frecuentes de sitios de conversación en línea. Aunado a lo anterior, está respaldando a clones amigables con el Estado en Twitter, Facebook y YouTube, todos sitios occidentales que han estado bloqueados aquí durante casi un año.

Con 384 millones de usuarios en China al último conteo de enero --y 181 bitácoras en línea--, Internet presenta verdaderamente una situación difícil para los censores. Entidades foráneas que operan fuera de China son el problema menor de los censores. La razón es de tipo logístico: el acceso a Internet en China desde el mundo exterior es limitada, y todo el tráfico debe pasar a través de uno de los tres grandes centros informáticos en Beijing, Shanghái y Guangzhou.

En dichos centros, computadoras del gobierno --el denominado Gran Muro de Fuego-- interceptan datos entrantes y los comparan con una lista que cambia constantemente de palabras clave y direcciones de Internet prohibidas.

Cuando se da una coincidencia, las computadoras pueden bloquear los datos entrantes de varias formas, desde rechazarlos de plano a hacer cortes más matizados. Por ejemplo, los ciudadanos chinos que buscan en Google usando términos susceptibles como ‘‘Tienanmén'' pudieran recibir sumarios enteros de sitios relevantes en Internet. Pero si los sitios en la Red están prohibidos, es imposible establecer un vínculo con ellos.

Pero, dentro de China, los datos no pueden ser sofocados en un puñado de portales, así que el gobierno emplea una serie de herramientas para el control, incluidas persuasión, cooptación y fuerza, para mantener en línea a Internet. La autocensura es la primera línea de filtrado y una obligación de todos los operadores de redes y sitios en China.

Los grandes sitios nacionales de China, como Baidu, Sina.com y Sohu, que dan empleo a multitudes de los mal llamados administradores de la Red para revisar sus motores de búsqueda, sitios de conversación en línea, bitácoras y otro contenido en busca de material que viole las directrices propagandísticas. Durante cuatro años, Google siguió el ejemplo con su motor de búsqueda en China, Google.cn.

Los empleados de las empresas de Internet adivinan constantemente qué se permite y qué motivará un telefonema de censores gubernamentales. Una táctica radica en censurar estrictamente contenido riesgoso en las primeras etapas, para luego expandir gradualmente el acceso a éste semana con semana, con la esperanza de no tropezar con el sensor de la censura.

Los vigilantes están al frente de un vasto y creciente aparato de estado que se extiende hasta el poblado más remoto de China. "Existe una unidad de supervisión y vigilancia de Internet en cada ciudad, dondequiera que haya una conexión a Internet'', destacó Xiao Qiang, analista del sistema de censura en China, en la Universidad de California en Berkeley. "A través de ese sistema, ellos llegan a cada sitio que tenga contenido de importancia en la Red''.

Bajo una regulación del Consejo de Estado en el 2005, se considera que las bitácoras personales, salas de boletines informáticos e incluso mensajes de texto por celular forman parte de los medios de comunicación noticiosa, por lo cual son sometidos a extensas restricciones sobre su contenido.

En la práctica, muchas de esas restricciones se aplican de manera irregular. Sin embargo, los recordatorios de que alguien está observando son agudos y ocurren con regularidad.

Una publicación inoportuna en un foro de conversación en línea pudiera generar un mensaje de rechazo reprendiendo al autor por "contenido inapropiado'', y el vínculo con dicha publicación pudiera ser eliminado. Los mensajes de texto prohibidos pudieran ser entregados en teléfono celulares como pantallas en blanco.

Incluso así, las revisiones de actividades electrónicas de cientos de millones de personas terminan siendo una tarea casi imposible. Lo que es más, los usuarios están recurriendo con frecuencia cada vez mayor a maniobras tecnológicas como las redes privadas virtuales y servidores proxy para evadir el bloqueo de los censores sobre sitios en Internet prohibidos por completo. Con base en algunos informes, un millón de personas salta actualmente el Gran Muro de Fuego a través de este tipo de mecanismos, número que sigue representando una diminuta fracción de todos los usuarios, pero que ha crecido marcadamente en el último año.

Consideremos lo siguiente: una nueva y escalofriante regulación limita a quienes pueden operar un sitio en el dominio de China.cn a negocios registrados, amén de que les exige a sus operadores que presenten una identificación china. "En caso de que necesiten cerrar tus operaciones por algún contenido de tipo subversivo, necesitan saber cómo localizarte'', explicó un ejecutivo perteneciente a una empresa de Pekín que alberga sitios de Internet.

Ciudades importantes como Pekín --que el año pasado emitió anuncios en busca de 10,000 voluntarios para supervisar Internet-- están tomando cada vez más la censura en sus propias manos.

Opuestos totalmente a lo anterior están quienes argumentan que las cadenas gubernamentales sobre Internet no pueden tener éxito. Blogueros en línea como Zhang argumentan que el aumento de las restricciones sobre la expresión en Internet solamente inflaman a los usuarios comunes, y que poco a poco "la gente está logrando que el muro retroceda''.

O cuando menos lo están intentando. En una reunión efectuada hace poco de líderes chinos de Internet en la ciudad sureña de Shenzhen, Ding Jian, quien dirige la empresa de Internet AsiaInfo, propuso que Shenzhen fuera convertida en una zona exenta de censura como un experimento para determinar si China puede soportar el caos de un Internet irrestricto. Si se sofoca la libre expresión, es probable que también se sofoque la innovación.

El portal de Internet NetEase publicó un informe de dicha reunión. Sin embargo, rápidamente fue borrado.

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